Ideal

Magritte, el surrealista filósofo

Una mujer observa uno de los cuadros de la muestra.
Una mujer observa uno de los cuadros de la muestra. / Martin Bureau (Afp)
  • El Pompidou acoge una histórica retrospectiva de uno de los más originales y díscolos puntales del surrealismo

  • 'La traición de las imágenes' reivindica el poder de la pintura frente a las palabras mediante un centenar de obras maestras del pintor belga

 La histórica retrospectiva que el Centro Pompidou de París dedica a René Magritte (1898-1967) pone el foco en la dimensión filosófica del genial pintor belga. Uno de los puntales más originales y díscolos del surrealismo, presentado como "pintor figurativo del pensamiento abstracto", su poderosa influencia recorre todo el arte del sigo XX. "René Magritte intentó demostrar que los pintores no son idiotas y que la pintura es capaz de expresar las ideas o el pensamiento como pueden hacerlo las palabras", explica Didier Ottinger, comisario de la muestra 'Magritte, la traición de las imágenes' inaugurada este miércoles.

En cartel hasta el próximo 23 de enero. La propuesta de Ottinger quiere "sacar a Magritte del encierro en los límites del mundo surrealista donde todavía se encuentra en Francia", y demostrar como era "capaz de pensar con imágenes", una idea "a contrapelo de toda tradición filosófica que siempre ha relegado las imágenes a un nivel inferior las palabras", agrega el comisario. "El arte de pintar es un arte de pensar", afirmó el propio Magritte.

La exposición reúne un centenar de cuadros, dibujos y documentos muy diversos. Obras icónicas y otras menos conocidas, procedentes de museos y colecciones privadas muy diversas, algunas norteamericanas o australianas.

La curiosidad de Magritte por la filosofía se evidencia en su correspondencia con varios pensadores durante la Segunda Guerra Mundial. El más conocido de todos es Michel Foucault, de quien Magritte descubre en 1966 el libro 'Las palabras y las cosas', título que obviamente le llamó la atención.

Pensador y pintor mantuvieron una intensa correspondencia y Foucault publicó en 1973 una obra titulada 'Esto no es una pipa', título que tomó del cuadro más famoso del artista belga. Magritte también estuvo en contacto con Alphonse de Waelhens, primer traductor al francés de 'Ser y tiempo' de Martin Heidegger, y con Chaïm Perelman, profesor de la Universidad Libre de Bruselas.

Científico racional

Con tanta pasión por la filosofía, uno puede preguntarse si Magritte es verdaderamente un surrealista. Y lo es aunque dentro de la corriente belga fundada en 1926 por Paul Nougé, marxista y de formación científica.

Bajo su dirección, el movimiento adoptará una orientación mucho más materialista y racional que el surrealismo francés, fundado dos años antes y cuyo gurú, André Breton, fue un poeta marcado por el romanticismo y el simbolismo.

"Magritte denunció toda su vida la importancia otorgada por los surrealistas al inconsciente", recuerda Didier Ottinger. Destaca como los surrealistas franceses, nunca demostraron interés por las inquietudes de Magritte. "Los belgas planteaban demasiados problemas", dice el conservador y experto en el surrealismo.

Obsesiones

A lo largo de su obra Magritte recurrió a una veintena de motivos obsesivos. Didier Ottinger escogió cinco de ellos particularmente significativos: las palabras, las sombras, las llamas, las cortinas y los "cuerpos despedazados", y ha otorgado a cada uno de ellos una sala específica en la muestra.

Los últimos cuatro elementos responden a textos seminales: la Biblia, 'La República' de Platón, la 'Historia Natural' de Plinio el Viejo y el 'De Inventione' de Cicerón.

También puede disfrutarse de los cuadros independientemente del discurso, destaca Didier Ottinger, que ha querido evitar el peligro de las exposiciones temáticas que someten las obras a un discurso. A su juicio la especificidad de las buenas obras de arte es "ofrecer todos los accesos posibles" a la mirada de distintas generaciones.

Tras los surrealistas, "el pop art vio en Magritte un precursor, los conceptuales lo consideran como uno de los suyos e incluso los artistas del regreso a la pintura de los años 80 recibieron su influencia", recuerda el comisario.

"Magritte no es un pintor. Magritte es un gran pintor", dijo su amigo Louis Scutenaire, expresando con ello que su ambición iba mucho más allá de la pintura y que logró elevar la pintura al nivel de la poesía. "Fue el pintor figurativo del pensamiento abstracto", resume Bernard Blistène, director del Museo de Arte Moderno del Centro Pompidou.