Ideal

Dorantes y Marina Heredia conquistan las Ruinas de Santa María de Cazorla

David Dorantes y Marina Heredia durante la actuación en el festiva Cazorla Flamenca.
David Dorantes y Marina Heredia durante la actuación en el festiva Cazorla Flamenca.
  • La percusión de Javier Ruibal actuó como un complemento de lujo para un espectáculo que resultó memorable para los presentes

El joven festival 'Cazorla Flamenca', del que tan solo se han celebrado cuatro ediciones, está exprimiendo al máximo el renovado y espectacular aspecto de las Ruinas de Santa María de Cazorla. Cada año deja momentos inolvidables en el imaginario de los miles de espectadores que pasan por el histórico espacio escénico cazorleño. Esta edición será, sin duda, recordada gracias al espectáculo protagonizado por David Dorantes, Marina Heredia y Javier Ruibal, acompañados por los coros y las palmas de Jara Heredia y Toñi Jiménez. Y es que cuando tres figuras como estas se unen en un mismo proyecto y se suben al escenario nada se deja al azar, todo es perfecto, todo es brillante, lleno de color y calor. Desde el delicado 'Batir de Alas' del piano de Dorantes hasta el profundo y desgarrado 'Se nos rompió el amor' de Marina Heredia transcurrió casi una hora y media de emociones y sensaciones que el público no dejó de agradecer con sentidos aplausos. Al cante, Heredia abrió la noche poquito a poco con la 'Nana de los Luceros', una delicada caricia que abrió de par en par el corazón del público. Después, se unieron a ella todos los intérpretes sobre el escenario en un juego de alegrías y jaleo.

Ya en todo lo alto y arremangados, Dorantes y Ruibal al alimón sorprendieron con una composición multicultural y llena de matices, preñada de sonidos rescatados del mundo entero. El granadino demostró de lo que es capaz dando rienda suelta al fantástico caudal de ritmos y sones percutidos que atesora. Un regalo de ambos al flamenco para traerlo al mundo contemporáneo envuelto con fórmulas basadas en la calidad musical y el mestizaje.

Lugares mágicos

Heredia regresó al centro del escenario entre tangos de granada y por seguiriyas, pero llevándose de la mano al público a algún mágico lugar de su memoria cantando por derecho. Y como no podría ser de otro modo, en ese entorno imaginario y luminoso llegó el esperado 'Orobroy'. Una palabra que estará eternamente unida al piano de Dorantes y que significa 'Pensamiento' en romaní. Todos los protagonistas dejaron los mejor de ellos en esos cuatro minutos y medio que el espectador primerizo nunca olvida y quiere repetir cueste lo que cueste. Doscientos setenta segundos en los que arriba y bajo el escenario los cuerpos se elevan sobre el suelo para olvidar los asuntos terrenales y dejarse llevar por la música en el idioma de los gitanos.

Antes del bis final hubo lugar para el homenaje a los grandes del flamenco Lole y Manuel. La bulería 'Nuevo día' fue una montaña rusa de verdad flamenca, todo lo que merece esa irrepetible pareja del cante jondo. El aplauso final, con el respetable en pie, expresando su satisfacción a voz en grito, no es más que la lógica consecuencia de una velada memorable.