Ideal

Fiebre del sábado noche

  • La Vestida acoge una gran diversidad de perfiles, todos ellos en busca de lo mismo: diversión

Fiebre del sábado noche. Del sábado, por decir un día, porque perfectamente podía ser domingo, martes o jueves. Es lo que tiene, estamos en feria. Da igual la lluvia, lo que marque el termómetro o lo que haya que madrugar la mañana siguiente: hoy se sale. Hoy y al otro, y al otro... y así sucesivamente. Siempre encontrarás ambiente en La Vestida.

Las noches de San Lucas son muy variopintas y todos tienen cabida. Están las familias, de dos tipos. Las que acuden 'de tranquis' con los niños a invertir tres euros por cabeza en que suban y una otra vez al Sapito Loco, mientras miran con interés -o envidia, según se mire- la parte de las casetas, en la que sus colegas solteros bailan 'La bicicleta' sin más preocupaciones que no derramar el cubalibre. Y luego están los atrevidos, que cumplen con la vuelta reglamentaria en los 'cacharritos' para estar, no más tarde de las 1:00 de la madrugada, cubata en mano. Sin niños o con niños. Porque no es raro ver familias en las que el rango de edad abarca de los ocho a los cincuenta y tantos cantando al unísono las típicas canciones de feria. Unos con ron, los más pequeños con Fanta, pero todos 'bajo el mismo sol'.

Diversidad

Las familias, la parte formal de La Vestida, dan paso a la más amplia diversidad de jóvenes -y no tan jóvenes- con el único fin de disfrutar de la feria solos, con amigos, pareja o buscando alguien con quien acabar la noche.

Está el grupo de amigas con coronas de colores luminosas, la que parece ser la última moda del octubre jienense, suplicando una foto para el periódico. Y es que todo sea dicho, la tarea del periodista en la feria de noche podría asimilarse a la gacela que intenta evitar ser devorada por el león. Por mucho que corra, al final siempre la pilla. «¡Una foto por aquí!», «déjame ver la que me has hecho a ver cómo salgo», «ni se te ocurra ponerla, que luego la ve mi madre», y un sinfín de peticiones más.

Inconfundible es también el grupo de amigos en el que rulan los cubatas en búsqueda de valentía, o aunque sea, menos vergüenza, con el claro objetivo de acercarse al grupito de chicas de la derecha. Habrá, por cierto, un 40 por ciento de posibilidades de que ellas lleven sobre sus cabezas las coronas de colores luminosas, inundando de originalidad el recinto.

Rosario Flores, Estopa, Daddy Yankee o Maluma suenan sin parar en las casetas en las que la media de edad roda los 20 años. En las de los treinta y tantos, Los Rodríguez, Los Secretos o M-Clan hacen a los feriantes recordar buenos tiempos de años atrás. Y en función de la noche a la que nos refiramos podemos parar de contar. Vamos, que cuando no han dado aún las 4:00 de la mañana, al día siguiente no es festivo o la lluvia hace que lo de 'peli y mantita' sea el mejor plan del mundo, el público se congrega en unos pocos locales. Como imanes, tres o cuatro atraen a la mayor parte de personas en busca de diversión, dejando a su paso buena parte de las casetas vacías.

Más diversificado está el panorama cuando bailan sabiendo que no madrugan el día después. En todas casetas acaba habiendo gente, la calle principal de La Vestida se llena de vida, las atracciones no dejan de funcionar.

El público baila sin prisas, sin preocupaciones, sin dinero después de perder la cuenta de las copas y sin pensar en si afuera llueve. A esas horas no las precipitaciones no importan. Porque, que yo sepa, en las casetas no entra el agua.