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Los japoneses no lo catan

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Los japoneses no lo catan

Lo llaman 'sekkusu shinai shokogun' o 'síndrome del celibato'. El 45% de las niponas desprecian el acto sexual y uno de cada tres solteros no ha salido nunca con una chica

24.10.13 - 00:57 -
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Los japoneses no lo catan

Saben cómo se dice orgasmo en japonés? «¡¡¡Yatááá!!!». Pero de no cambiar mucho las cosas, el chiste va camino de desaparecer del repertorio humorístico occidental. Los japoneses, señores, no lo catan. Hasta el extremo de que ha saltado la alerta por la proliferación del llamado ‘síndrome del celibato’ entre los jóvenes.

Las estadísticas son abrumadoras. El 40% de las universitarias niponas son vírgenes. Y nada menos que el 53,2% de las chicas no han mantenido relaciones sexuales en los últimos cinco años; un lustro a pan y agua, que se dice pronto.

Entre los chicos, como es evidente en estos temas que son siempre asunto de dos, las cosas no andan mucho mejor. Uno de cada tres hombres solteros no ha salido jamás con una mujer. Y, al parecer, tampoco están por la tarea.

Cifras cantan: el 61% de los solteros y el 49% de las solteras no mantienen ningún tipo de relación, según el Instituto Nacional de Población e Investigación de la Seguridad Social japonesa. Terrible. Como aceite y agua, sin mezclarse, sin apenas interés por formar una pareja y, menos aún, claro, por fundar una familia.

El Gobierno de Japón ha activado ya todas las alarmas porque, de seguir a ese paso, el país, que ha sido capaz de sobrevivir al terremoto de 1923, a las bombas atómicas de 1945, al tsunami y a la hecatombe de Fukushima en 2011, corre el riesgo de desaparecer de forma irremisible.

El Gobierno ha decidido ya incentivar la natalidad con ayudas económicas y con atención médica gratuita para las gestantes.

Pero esas son solo las consecuencias. De fondo, asoman las contradicciones de una sociedad única, poco comprensible para nuestros ojos occidentales, formada por ciudadanos nada dados al contacto físico (si exceptuamos, claro, las aglomeraciones del metro), que ha distinguido de siempre entre sexo y amor y donde los ritos de aproximación y galanteo aparecen pautados y regidos por tradiciones centenarias.

Aunque la normalidad sea siempre lo común, como es de suponer, las referencias que nos llegan sobre pornografía nipona (Japón es uno de los grandes productores mundiales) inciden en las prácticas más perversas, cercanas a la violencia o a las desigualdades más extremas. En ese escenario no es extraña la presencia de mujeres renuentes o pasivas, no interesadas por el sexo. ¿Casualidad o simple aprovechamiento de la realidad por parte de los guionistas?

Pero solo bajo esa óptica puede entenderse que el 45% de las mujeres japonesas entre los 16 y los 24 años no estén interesadas o desprecien el acto sexual. Un estado de rechazo que también afecta a uno de cada cuatro varones.

Devastadora soledad

En japonés se llama ‘sekkusu shinai shokogun’ o ‘síndrome del celibato’ o de la soltería, esa soledad extrema que aparece retratada en películas como ‘Lost in Translation’ de Sofia Coppola y que el periodista Joaquín Luna ha sabido narrar con mano maestra. Con Luna puede el ‘gaijin’ (extranjero) tratar de comprender algo de la vida en Japón y del sexo comercial, que en Tokio, dice «adopta las formas más insólitas»: una pornografía que censura siempre el vello púbico y en la que la mujer «parece confinada a la humillación o al uniforme de colegiala».

De sus años en Tokio, el escritor recuerda una escena que podría servirnos para enfocar el problema que acucia a Japón. Sucede en un club del barrio de Shinjuku, «meca del vicio en la capital». Tras bajar unas escaleras, donde unos carteles advierten a los extranjeros que no les está permitido participar en el espectáculo, «consistente en el deambular de dos o tres chicas desnudas sobre una tarima en forma de T, rodeada de tres filas de asientos ocupados por asalariados con sus camisas blancas y corbatas. De repente, alguno se animaba y subía a fornicar mientras la mayoría de los espectadores practicaba el onanismo. Lo más extraño, sin embargo, no era esto sino el silencio sepulcral», remarca Joaquín Luna. Demoledor.

En ese escenario cobran pleno sentido cifras como la siguiente: en Japón (recuerden, 126 millones de habitantes) nada menos que 13 millones de jóvenes adultos viven en casa de los padres: tres millones han cumplido ya los 35.

Aseguran que viven entregados al trabajo, que las viviendas son caras, y que quieren aprovechar el momento, conducir motos de gran cilindrada, viajar y adquirir vestuario de marca. En el otro extremo están los aislados, los ‘hikikomori’ (de apartarse, estar recluido), jóvenes que han decidido decir adiós a la vida social y que viven sin salir de casa. Son muchos miles. Aquí, Juan Carlos Onetti o Julio Camba fueron grandes ejemplos literarios de escritores ‘tumbados’, que no abandonaron su casa o la suite 383 del Palace. Otra cosa, claro.

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