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Padres de emergencia

Cuarenta menores tutelados por la Junta viven en hogares de acogida con familias

25.01.10 - 03:02 -
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La primera vez que el pequeño balbuceó «mamá» miraba a Paqui a los ojos. Y cuando dijo «papá» lo tenía Juan en brazos. Aprendió a andar cogido a sus manos. Ellos lo consolaron cuando se caía. O cuando rabiaba porque le estaban saliendo los dientes. Le enseñaron el mar. Se hartaron de cambiarle pañales. Y de recompensarle con mimos su sonrisa perenne. Gracias a Juan y Paqui el pequeño salió del centro de menores donde la Junta lo tutelaba desde que nació. Conoció el calor de una familia. De unos padres de acogida, como ahora lo recibe de unos adoptivos. Otros distintos a Juan y Paqui, que asumen el papel de padres de emergencia, transitorios. Desde el primero momento sabían que su historia tenía fecha de caducidad. Son las reglas del juego.
«¿Quieres ser la familia de un niño o niña que lo necesite?» La pregunta la hace la Asociación para el Acogimiento Familiar (Apraf). Juan y Paqui contestaron que sí. «Nosotros ya teníamos satisfecha nuestra necesidad de ser padres. Tenemos tres niñas, preciosas y sanas, de 18, 14 y 7 años. Pero decidimos ayudar a niños que nos necesitaban», relatan hoy, dispuestos ya a embarcarse en su segunda aventura. Actualmente hay entre treinta y cuarenta familias jienenses en el mismo barco, unas con menores acogidos (uno o varios) y otras 'en bolsa'. «Siempre hacen falta más», comentan desde Apraf.
Juan y Paqui tardaron años en decidirse. «Nos costó dar el paso. Lo teníamos en mente, pero nos costó vencer nuestros miedos. Queríamos hacerlo, lo hablábamos, pero luego decíamos: 'con lo bien que estamos ahora'. Así estuvimos dos o tres años. Cuando nos decidimos buscamos a la asociación Apraf, tuvimos alguna entrevista y comenzamos con la formación. Después llegó el papeleo. Mucho papeleo: certificados médicos, de penales...Después entrevistas para establecer el perfil». Al tiempo sonó al fin el teléfono.
El 'parto'
«Nos llamaron y nos hablaron de él. Después fuimos a verlo a un centro. Dijimos que sí. A los dos días volvimos. Ya para recogerlo». Paqui recuerda todos los detalles de esos días, y del tiempo que el pequeño pasó con ellos, con precisión quirúrgica. «Salimos de casa a las cuatro y media de la tarde. Nos lo dieron con una bolsita con algunos pañales y poco más». Un niño de diez meses que había estado en un centro casi desde que nació. Su pequeño.
«Al principio es raro. Es un 'extraño' en casa. Aunque él ayudó mucho. Tiene un carácter muy alegre. En seguida se acopló a nosotros y nosotros a él», relatan Juan y Paqui. Su vida cambió. Casados desde 1990, con la hija mayor en la universidad y la menor con siete años, volvieron al mundo de los pañales, las noches en vela y las canciones infantiles. Fueron días de mucho trajín en casa, que han quedado en el recuerdo como días grandes. A Juan no le cabe la sonrisa en la boca cuando los recuerda. Y Paqui le chispean los ojos de ilusión.
«Compramos un parque-cuna porque el que teníamos estaba ya echa polvo. Cuna teníamos la de nuestras hijas. Y canasto. También alguna ropa, pero compramos ropita nueva porque tenía ilusión en que estrenase cosas. Lo hicimos con la ilusión de un hijo», relata Paqui. Juan se acuerda perfectamente de la cara que pusieron en el colegio de su hija menor cuando acudió a recogerla empujando un carrito de bebé. «Ésto es un pueblo pequeño y todos los conocemos. Todo el mundo me miraba. Todos me preguntaban. Teníamos que contar la historia mil veces».
El tiempo pasa
Después el tiempo voló. «Al principio recuerdo que hasta teníamos miedo. Nos preguntábamos si aguantaríamos en compromiso. Pero todo iba bien. Las niñas lo aceptaron muy bien. La locura».
El pequeño mantenía aún contacto con su familia biológica. «Lo llevábamos a la sede de la asociación una tarde cada quince días. Nosotros no los veíamos nunca».
Llegó el verano. Las vacaciones. El pequeño disfrutó en la playa. El niño comenzó a hablar. Y andaba. «Un punto de inflexión fuerte, En junio o julio decía ya cuatro cosillas y daba unos pasitos». Con el otoño, la vuelta al cole para las niñas. Y luego Navidad. Y el pequeño cada vez más entregado en la familia. Uno más. Aunque todos eran conscientes de que el idilio tenía fecha de caducidad.
La despedida
«Todas las familias tienen clarísimo que cuando les entregas a un menor en acogida es por un tiempo», dice la delegada de Igualdad y Bienestar Social, Carmen Álvarez. Juan y Paqui lo confirman. «Lo tienes que tener muy claro desde el primer momento. El acogimiento es algo temporal. Si no estás de acuerdo o quieres que sea para siempre puedes solicitar una adopción», explican.
Fue un 27 de abril. «Lloramos todos», dice Paqui. Los ojos le brillan de emoción. A Juan se le sube el color a la cara y la mirada se le vuelve huidiza. Eso que han pasado muchos meses desde que se separaron del pequeño y que estuvieron preparando ese momento durante una casi semana. «La familia adoptiva, entonces preadoptiva, vino a casa. El primer día estuvieron con él aquí una hora. Al día siguiente, algo más. Luego una tarde. Al cuarto o quinto día ya se lo llevaron». De ese día recuerdan «que estábamos muy nerviosos, esperando a que llegaran. Nerviosos y tristes»
Cuesta hablar de la emoción cuando se llega a ese punto de la historia. Al pequeño lo recuerdan «siempre sonriente». Van pasando hojas del álbum con las fotos de los meses que pasaron con él y en todas se ve la sonrisa del pequeño: en casa, tirado por los suelos con las niñas, encima de la moto del padre, en el campo, en la playa...Aún pueden seguir rellenando páginas: desde aquel 27 de abril no lo han vuelto a ver. No en persona. Pero mantienen contacto con la familia adoptiva, que les ha hecho llegar algunas fotos.
Juan y Paqui han necesitado algunos meses para pasar página. Saben que su pequeño está ya definitivamente con su familia de adopción. «Pero también lo sentimos como nuestro. Nos acordamos. Le echamos de menos». No lo olvidan pero miran ya hacia el futuro. Hacia su próxima aventura. Pendientes ya del teléfono, que en cualquier momento sonará para que alguien de Bienestar Social les diga que hay otro pequeño que necesita su ayuda. «Hemos tardado, pero ya hemos dado el sí», dice Paqui. Juan anima a «todo el que tenga tiempo y voluntad de ayudar a niños que realmente lo necesitan. Él nos ha dado a nosotros más que nosotros a él. Si hay alguien que se lo está pensando, que se anime».
Fuera de un centro
La delegada de Bienestar Social, por su parte, explica que actualmente la Junta de Andalucía tiene tutelados en estos momentos a 397 menores. De ellos, 141 están acogidos por lo que administrativamente se llama 'familia extensa': parientes no de primera línea de consanguinidad que aceptan hacerse cargo de ellos. Otros cuarenta menores están con familias ajenas a la suya, como la de Juan y Paqui, que aceptan tenerlos por un tiempo. Hasta que se den las condiciones para que vuelvan con sus familias biológicas o hasta que se formalice su adopción. El resto están en los centros que tiene la Junta en La Carolina, Jaén y Linares o con entidades conveniadas con la Junta de Andalucía.
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