Hace 14 años que un accidente de coche lo dejó para siempre en una silla de ruedas. Desde entonces la vida de José Tíscar, Pepe, como lo llama todo el mundo, dio un giro de 180 grados. El día a día de este ingeniero forestal de 44 años que vive en Cazorla cambió por completo y, aunque el hecho de residir en un piso bajo no se lo puso tan difícil como a otros en su misma situación, se dio cuenta entonces de las barreras a las que personas con discapacidad como él se enfrentaban todos los días.
Las arquitectónicas, las físicas, se van eliminando poco a poco y Pepe se congratula de que en los últimos años se hayan dado pasos muy en firme en este sentido, aunque, qué duda cabe, queda mucho aún por hacer. Por ejemplo, en lo que se refiere al transporte interurbano, y en algunos casos también al urbano. «No es de recibo que los autobuses no estén adaptados para las personas de movilidad reducida», lamenta este cazorleño que, sin embargo, sigue pensando que las otras barreras, las mentales, son, si cabe, aún más preocupantes.
«Por desgracia hay mucha gente que no tiene conciencia y sigue aparcando el coche en una rampa o ocupando una plaza reservada a minusválidos», lamenta Pepe Tíscar, que asegura que a veces siente que le miran «como a un bicho raro» y eso, dice, no tiene lógica «cuando de lo que se trata es de que seamos todos iguales».
En cualquier caso, insiste en que su situación no es tan mala como la de otros miembros del colectivo al que pertenece. «Yo vivo en un piso bajo y aunque tuve que hacer algunas reformas en casa, no fue demasiado aparatoso», explica Pepe, que dedica parte de su tiempo a colaborar como voluntario con la Federación Jienense de Personas con Discapacidad Física (Fejidif). Lo hace desde su propia casa, a través de su ordenador y, aunque él no lo considera un trabajo, es evidente que su aportación es importante.
Además, «como cualquier otro», recalca, también le gusta ir al cine y al teatro y salir de vez en cuando. «Para eso afortunadamente no encuentro dificultades, estos sitios son totalmente accesibles», afirma este cazorleño, que sueña con que llegue el momento en que la celebración del Día Internacional de las Personas con Discapacidad -efemérides que tuvo lugar ayer- desaparezca simplemente porque no haya ningún elemento diferenciador entre este colectivo y el resto del mundo.
Pero mientras ese deseo se cumple, habrá que seguir empleando días como el de ayer para seguir reivindicando mejoras. Es lo que hizo Alfonso Huertas, presidente de Fejidif, que, aunque reconoció que «los avances en los últimos años han sido importantes, quedan aún barreras por eliminar en el transporte interurbano, en las empresas, en la enseñanza y también en algunos edificios públicos cuya construcción es antigua, caso de Hacienda o de algunos juzgados», manifestó.