Un montículo de cemento fresco marcaba ayer por la mañana el lugar en donde el jueves María Dolores cayó a un pozo de aguas fecales de diez metros de profundidad. El hueco estaba perfectamente sellado, y la zona estaba precintada por la Policía Local. Sin embargo, a pocos metros aún había decenas de bocas de alcantarillas, registros de luz y teléfono que estaban sin cubrir en mitad de acerados construidos entre solares y descampados. Auténticas trampas preparadas para que alguien sufra un accidente como el de María Dolores, que ayer se recuperaba en el hospital Neurotraumatológico de Jaén de una fractura en un pie y de daños en la espalda (se evalúa aún si hay alguna vértebra dañada) y contusiones por todo el cuerpo.
Fuentes municipales han indicado que la arqueta por donde se precipitó la mujer está en una franja donde se harán las obras del colector de distribución para el norte de la ciudad. Las obras han sido adjudicadas ya por la Junta a la empresa Aqualia. O sea que es una obra de Aqualia en suelo del colector norte que hace la Junta. Nada que ver con el Ayuntamiento, vienen a decir.
El organismo municipal, añaden las mismas fuentes, ha acordonado la zona de peligro y ha indicado a Aqualia que debe reponer todas las tapas que faltan en previsión de nuevos percances. Pero que hasta ahí llegan las competencias municipales. Todo el mundo es consciente de que hay querella esperando al que resulte responsable de que el pozo no estuviera protegido.
El concejal de Mantenimiento Urbano, Eduardo Castro, visitó la zona por la mañana. «Las tapas de metal las roban constantemente. Se han repuesto ya en varias ocasiones. Por eso vamos a dar instrucciones para que se cubran con cemento», manifestaba.
Límite de la ciudad
La zona del accidente está entre las últimas casas del Bulevar y el Polígono de Los Olivares, a la espalda de Cuétara. Por allí hay un incesante trasiego de gente que sale a andar, trabajadores del polígono y vecinos de la zona. Juan de la Casa pasaba por allí minutos después de marcharse Eduardo Castro. «Esta parte de la ciudad está muy mal, abandonada. La gente viene aquí a tirar escombros y basuras. Parece un barrio del tercer mundo. ¿Peligroso? Muy peligroso. Ya se ha visto con lo que le ha pasado a la mujer. Yo paso por aquí todos los días y hay que andar con mil ojos, mirando por donde se pisa».
De hecho, el pozo donde el jueves cayó la mujer estaba medio oculto por escombros y tierra. Faltaba la tapa y en su lugar habían puesto un cartón. Una trampa perfecta. Desde las últimas casas de Jaén hasta el lugar del siniestro el lugar está minado de huecos peligrosos sin ninguna protección. Y eso que aún se transita por zona parcialmente urbanizada. Justo donde ocurrió el percance desaparecen los restos de civilización hasta el polígono. «No es que sea un descampado. Es que faltan cincuenta metros de calle», ha indicado Pilar Garrido, presidenta de la Asociación de Vecinos de Expansión Norte. En la asociación indican que el estado de la zona donde ocurrió el accidente y los peligros que hay habían sido ya denunciados.