La detención de Juan T. C., en el interior del domicilio de Úbeda en el que ocurrieron los hechos, fue bastante tensa y conllevó cierto riesgo toda vez que seguía empuñando el arma de fuego dispuesta para disparar cuando entró la Policía. Aunque gracias a la certera intervención de dos agentes, uno de la Policía Local y otro de la Policía Nacional, se salvó el peligro y la joven agredida y tiroteada pudo ser trasladada rápidamente al área de Urgencias del hospital San Juan de la Cruz mientras se llevaba al detenido hasta dependencias de la comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de Úbeda.
«Los médicos nos dijeron que si llegamos a tardar un poco más su vida hubiera estado seriamente en peligro», manifestó a IDEAL Juan Almagro, el agente de la Policía Local que logró entrar al piso junto a un compañero de la Policía Nacional. Afortunadamente, y pese a los tres balazos (dos en el abdomen y uno en la pierna), actualmente evoluciona favorablemente.
Las fuentes la llamada de los vecinos fue crucial. Habían oído una fuerte discusión seguida de tres explosiones y un golpe seco contra el suelo. Personados en el lugar, Almagro y el otro agente subieron al segundo piso y llamaron a la puerta que indicaron los vecinos. El objetivo era entrar a toda costa para valorar la situación. «Ya va», «quién es», se oía desde el interior.
«Como entréis me pego un tiro», añadió el hombre cuando supo que se trataba de la policía. Y a través de la puerta, Almagro y su compañero intentaron que abriera, convenciéndole con buenas palabras. Al final lo hizo y los agentes tuvieron que actuar rápido. Juan T. C. tenía cogida a la mujer con la mano izquierda, arrastrándola por el pasillo, y con la derecha empuñaba la pistola. El Policía Nacional se encargó de arrebatársela en un movimiento rápido, mientras el Policía Local cogía a la mujer. Y aunque el detenido intentó ofrecer algo de resistencia al principio, segundos más tarde había cedido y no se mostró agresivo. «Lo suyo era una mezcla entre nervioso y arrepentido», declaró a IDEAL Juan Almagro.
> Con respecto a la chica, aunque eran conscientes de que había sido agredida por las manchas de sangre que presentaba, no supieron que tenía heridas de bala hasta que, al coger la pistola, comprobaron que estaba caliente, recién disparada, y con una bala en la recámara. Fue entonces cuando le vieron en el cuerpo los balazos, dos en el abdomen y uno en la pierna. Y uno de ellos no tenía orificio de salida. Ya que la situación era crítica y veían como poco a poco se desvanecía, decidieron no esperar a la ambulancia y llevarla al hospital en el coche patrulla.