Más de lo mismo en el Bernabéu. Juego discontinuo, lejos de la excelencia deseada, pero un Ronaldo descomunal que se sobra para destrozar con sus disparos, velocidad y potencia a cuantos adversarios le salen a su paso. Lo que se exige, en fin, a un astro de 94 millones de euros. Un partido flojo, anodino, pero tres goles en apenas cinco minutos que acaban con la resistencia del Marsella y disparan al Madrid en el liderato porque el Milan se estrelló ante el Zúrich. Y en todos participó Ronaldo. Marcó dos y provocó el penalti que transformó Kaká.
Pellegrini apostó fuerte. Por vez primera, se atrevió a dejar en el banquillo del Bernabéu a Raúl. Palabras mayores. Y prescindió de los cuatro delanteros para reforzar el centro del campo con tres hombres. Una idea que, según fuentes del club, tiene mucho que ver con su once ideal. Gago, cada vez menos querido en Chamartín, ejerció de Lass, ausente por una lesión en el hombro. Y, sobre la pizarra, Xabi Alonso tenía que organizar y Guti enganchar con los derriba. Pura teoría, ya que el Madrid apenas fabricó fútbol, sobre todo en la primera mitad.
Virtudes y errores
Todavía es pronto pero ya se ven virtudes y errores recurrentes en la 'galaxia II'. Es un equipo con una pegada sin parangón pero mal distribuido, con poca movilidad sin balón, una insistencia preocupante de pasar al pie y la tendencia de sus estrellas a transportar en exceso el balón. Todo lo contrario del 'toco y me voy' que caracteriza al Barça. Y una fórmula que, victorias y goleadas al margen, no agrada a la exigente grada de Chamartín.
En el Marsella, sorprendió la titularidad del veterano Morientes en lugar de Brandao, una 'bestia' brasileña crecida en el Shakhtar ucraniano. La experiencia del español, unida a su deseo de agradar en su antigua casa, suponían un valor añadido a juicio de Deschamps. Pero apenas se le vio al cacereño.
De todos modos, en la primera parte los franceses dieron sensación de ser un equipo más trabajado que el curso pasado ante el Atlético. Y peligrosos arriba, con el senegalés Niang como gran amenaza. Se tiró hacia la izquierda, aprovechó los huecos dejados por Ramos, quien jugó pese a sufrir una leve molestia muscular, pero menos mal que se estrelló con ese gigante que se apellida Casillas.
A falta de sutilezas, Ronaldo decidió coger su fusil y hacer la guerra por su cuenta. Él contra el mundo. Suficiente. Silbaba ya un público impaciente pero lanzó dos disparos que a duras penas desvió el portero Mandanda. Preludio de unos últimos minutos del primer tiempo en el que el Madrid creció y ya mereció adelantarse. Sobre todo en un gran pase de Guti y la posterior chilena de Benzema.
Más ritmo
Pellegrini debió advertir en el descanso a sus pupilos sobre la necesidad de aumentar el ritmo en la reanudación. Más chispa, más ímpetu, más gol, pero escasa continuidad. El partido se abrió en una jugada que toda la vida sirvió para desatascar. Pase largo del central (Pepe), carrera de Ronaldo, dudas de la defensa y disparo a placer, ya que el portero saltó y se quitó de en medio en lugar de aguantar por bajo. En la siguiente acción, el portugués se internó y sufrió la embestida de Diawara, quien se llevó balón y tobillo. Penalti, expulsión por doble amarilla y sentencia de Kaká.
Con el rival hundido, el Madrid se trenzó la mejor jugada del partido para que Cristiano marcase a puerta vacía. Aniquilado el rival, el astro se retiró a descansar, a ponerse hielo en el tobillo dañado y a pensar en el Sevilla.