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Los vehículos de cartón piedra tomaron las calles de Vilches durante el VI Campeonato de Autos Locos, presenciado en las calles por 1.200 apasionados de la carrera más disparatada

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Una cabina telefónica, una nave espacial, la máquina que hace churros, un queso con ratoncillos dentro, fichas de dominó, cajetillas de tabaco, la cama del exorcista... Toda imaginación valía para participar en una competición que aterrizaba por sexta vez en El Condado y lo hacía ante unas 1.200 personas, cifra elevada a pesar de la hora temprana y de que muchos no se habían recuperado de la verbena de la noche anterior. Se trataba del VI Campeonato de Autos Locos, el rally más divertido de todos cuantos se celebran en la locomoción. Todos conducían un vehículo diseñado y construido por ellos mismos, inferior siempre a los 2,5 metros de ancho por 3,5 de largo, equipado con un sistema de frenado, un volante o similar para controlar la dirección, con un mínimo de tres ruedas y sin ningún medio de autopropulsión, ni motor, ni pedales. Había coches con señales acústicas, no faltaban los adornos con anuncios publicitarios, ni los que arrojaban caramelos o reclamaban la atención con mensajes publicitarios picantes. Los conductores llevaban cascos y protectores en piernas y brazos para evitar rozaduras, así como ropa al uso de una fiesta carnavalesca.
La gente lo contemplaba todo en las calles de Vilches, más concretamente en los 500 metros del tramo comprendido entre el Camino Real, a la altura del cine Avenida, y la Plaza de la Constitución. Se trataba de poner a prueba la habilidad de unos pilotos, que se lanzaban cuesta abajo impulsados por la propia pendiente del terreno.
A partir de ahí el tiempo empleado en recorrer este circuito de Vilches con un 5 por ciento de desnivel, la limpieza en la carrera, la originalidad del vehículo y la puesta en escena habrían de determinar los vencedores. No hubo trampas, pero sí mucho cartón y algún que otro batacazo. Los badenes y bandas sonoras colaboran para que esto último pudiera suceder, para delicia de los asistentes.
El primer premio, 400 euros, fue para 'Las Chumberas', que gustaron por su puesta en escena (reparto de higos chumbos incluido) y por entresacar uno de los símbolos de un pueblo con abundancia de cactus, algunos de los cuales llegan a alcanzar cuatro metros de altura.
El segundo, 300 euros, para un castillo proveniente de Torreperogil con los Reyes Católicos dentro. El tercero, 200, para el 'Apelo XIII', homenaje a la misión espacial que fracaso. Estos astronautas se llevaron también un premio adicional a la mejor puesta en escena. Los demás participantes, hasta alcanzar el número de 18, obtuvieron accésit de 50 euros cada uno.
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