Lo de ayer en Jaén fue un auténtico fiestón... pero sin final feliz. Desde que los primeros rayos despuntaban al alba hasta que el sol se perdió en el crepúsculo, toda la ciudad, de norte a sur y de este a oeste, fue un espectáculo de color y sonido. De color blanco y morado, los tonos de la camiseta del Real Jaén; y del sonido de los cláxones de los coches, que tampoco dejaron de bramar. La diana floreada corrió por cuenta y riesgo de los integrantes de la peña Las Batallas que, haciendo honor a su nombre, quedaron a las 10,00 horas en la plaza de las Batallas para anunciar que el día grande había llegado y que ahora más que nunca hacía falta el apoyo de todo Jaén. Así lo hicieron.
Resultaba ciertamente curioso observar cómo los que acudían a misa, vestidos con la corrección debida, se confundían en la cola de los churros con seguidores que se embutieron la camisola del Jaén nada más levantarse. También hubo más de uno que no se acostó y que 'amenizó' los despertarse de la concurrencia con alguna de las tonadas que se han escuchado una y mil veces desde que el Jaén inició su trepidante aventura en el play off. Un servidor tuvo la oportunidad de comprobarlo en sus propias carnes: «¡Vamos Real Jaén!, ¡vamos campeón!», clamaba la muchachada cuando el reloj apenas marcaba las 8,00 horas y el mercurio de los termómetros comenzaba a subir con una velocidad inusitada.
La sinfonía del claxon
Y conforme transcurría el domingo, más coches y motocicletas deambulando de un lado para otro con banderas del Real Jaén. El Paseo de la Estación, la Avenida de Madrid y el Gran Eje eran un continuo ir y venir de vehículos que no paraban de pitar.
A las 13,00 horas, cuando el lorenzo ya arreaba de lo lindo, las terrazas de los bares comenzaron a poblarse. La hora del partido, las 21,00 horas, todavía quedaba lejos, pero era fundamental 'calentar motores' para echar el resto en el Estadio de la Victoria. Familias completas y grupos de amigos, algunos de ellos con camisetas diseñadas para la ocasión, se reunían en torno a la barra y hacían cábalas sobre el resultado y sobre quién o quiénes iban a batir la puerta rival. Desgraciadamente, ninguno se llevó la porra: el Villarreal B se llevó el gato al agua.
Cerveza, cerveza y más cerveza. En las tascas del casco antiguo, en los bares del Bulevar, en la calle Federico Mendizábal, en la plaza Deán Mazas, en el Pósito... la marea blanca tomó Jaén y se hizo notar. «De aquí al campo», comentaba un chaval ataviado con zamarra blanca, bufanda al cuello, bandera en la mano izquierda y vaso de birra en la derecha. También hubo quien se lo montó en 'petit comité', al resguardo del aire acondicionado de los domicilios o al lado de la piscina.
Éxodo masivo
Y así hasta las 18,00 horas, cuando comenzó el éxodo masivo hacia La Victoria. Los que más se notaron fueron los jóvenes de Orgullo Lagarto, que a eso de las 19,00 horas bajaban por el mismo centro de la avenida de Granada. Mientras tanto, los buses urbanos llegaban medio vacíos al apeadero de Virgen de la Capilla y rápidamente se llenaban de aficionados que esperaban impacientes. Los autobuses salían completamente repletos. Como sardinillas en lata iban los viajeros. Agentes de la Policía Local (por cierto todo un detallazo lo de los coches patrulla con las enseñas del Jaén) intentaban ordenar el tráfico en Puerta Barrera.
A las 20,00 horas se hizo el silencio. Jaén se vació y La Victoria se llenó. El Paseo de la Estación presentaba un aspecto fantasmal. No había nadie, tan sólo algunas abuelas que hablaban de sus cosas y alguna que otra pareja entregada a la causa del amor y ajenos al frenesí balompédico de un Jaén totalmente entregado a un sueño que al final, lamentablemente, se convirtió en una pesadilla.
La euforia se transformó en desilusión.