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Cultura-Jaen

Sus influencias son José Menese y la Niña de los Peines, entre otras
15.02.09 -

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Mari Carmen Gensol constata su conocimiento en la Peña Flamenca
Mari Carmen Gensol deleitó a los asistentes con su saber hacer. /IDEAL
Los intérpretes aficionados jóvenes interesados por el flamenco demuestran día a día su conocimiento de esta música, de sus personalismos, y de un determinado enciclopedismo flamenco que les aboca a efectuar recitales de amplio espectro estilístico. Es decir, no se conforman con abordar tres o cuatros palos (soleares, alegrías, fandangos o bulerías), sino que procuran asemejarse a los ortodoxos y consagrados artífices del flamenco emotivo y sustancial del último tercio del siglo pasado.
En esta tesitura cantaora se encuentra la jienense Mari Carmen Gersol, la cual se formó bajo la tutela de su progenitor en la Cerdanyola catalana de los ochenta, bajo influencias de figuras consagradas como José Menese, Carmen Linares, Rafael Romero o la inigualable Niña de los Peines. Y de todo lo referido ofertó buena muestra en la Peña Flamenca de Jaén, dentro del ciclo 'El Cante de los Aficionados Jienenses'.
Comenzó su puesta en escena con peteneras y resonancias de 'El Gallina' a través de la impronta que del mismo recogió José Menese, para finalizar con el matiz 'pastorero' por la conocida como grande, una petenera en la que su tonalidad se establece por lo más alto del diapasón guitarrístico. Las malagueñas las encauzó por los conocidos ecos de la cartagenera Concha la Peñaranda, para derivar a la creatividad de La Trini y finalizar con jaberas, estructuras ambas con melodía y sentimiento flamenco. En cuanto a las cantiñas-alegrías denotó mínimas carencias rítmicas, circunstancias que fue resolviendo conforme avanzaba en el desarrollo del estilo.
Estilos serios
Mas su prestancia flamenca la ejerce con mayor soltura por los estilos serios. Así, en la liviana iniciadora de la serrana fue fomentando su seguridad para desarrollar con cocimiento el palo con estructura completa y rematar por siguiriya-cabal. Los cantes mineros los enfocó hacia el personalismo de Antonio Piñana, redondeándolos con cartagenera 'chaconiana'. Los matices que el jerezano Juan Mojama inculcó a Rafael Romero los recordó por tientos, con posterior derivación a los tangos, donde su mejor expresión la estableció por los aires extremeños.
Y cuadrando con su personalidad, la valentía, la entrega y el quejío los evidenció con siguiriyas de el porteño Tomás el Nitri, la recreada de Francisco la Perla por Joaquín Lacherna, y el dificultoso cambio del también jerezano Manuel Molina. Quiso mantener las improntas cantaoras referidas, y lo consiguió con cantes de fragua como la debla y el martinete. Finalizó con fandangos.
Al igual que en anteriores ocasiones, el también jienense Antonio Rueda volvió a constatar su simpleza artística en el acompañamiento, la que propicia el desarrollo de tonalidades y compases adecuados para establecer la comodidad del cantaor.
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