A primera hora de la mañana, Aitor, jienense de 28 años, hará cola en el centro de reclutamiento de Córdoba. Quiere ser militar. Del Ejército de Tierra, para más señas. A juicio del Ejército, hay un problema: su pene. Concretamente, la ausencia de él. Aitor es transexual, y fue considerado «no apto» en el proceso de selección de 2007 por «falta total de pene» o «pérdida, ausencia o atrofia de ambos testículos», que figura en el listado de enfermedades y causas generales de exclusión del cuadro médico del Ministerio de Defensa. Hoy vuelve a intentarlo: pruebas físicas, test psicológico, reconocimiento médico. Y se reafirma en las razones que expuso cuando lo rechazaron anteriormente. «El pene no me hace falta para nada, el trabajo en el Ejército lo puedo desempeñar perfectamente con o sin pene. Entiendo que si hubiera querido dedicarme a actor porno me lo exigieran como algo fundamental para ese trabajo, pero no para entrar en el Ejército».
Su caso despertó tal revuelo en 2007 que Defensa se comprometió a estudiar su caso. Nunca más se supo. Hoy vuelve «con las mismas esperanzas. Entiendo que lo que alegan no es causa para no dejarme entrar».
Ayer, la asociación de gays, lesbianas y transexuales Colega preguntó por su caso a la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, de visita en Jaén. «Nos ha dicho que está muy interesada en solucionarlo, pero que prefiere ser prudente porque no es de su competencia sino de la del Ministerio de Defensa», explicaba María Dolores, miembro del colectivo (o miembra, que diría la propia ministra) que interpeló a Aído en el Foro Jaén Debate. «Según fuentes del Ministerio de Defensa, el reglamento que regula las pruebas de acceso no ha sido aún modificado y por ello desde el colectivo Colega temen que Aitor pueda volver a ser declarado no apto», dice la organización en un comunicado.
«Desde niño»
Aitor asegura que quiere se militar «desde que era un niño». En su familia no hay tradición castrense, pero a él siempre le atrajo el mundo castrense. Con o sin pene, a efectos legales es un hombre. Así lo dice desde hace tres años su Documento Nacional de Identidad y desde hace algunos meses su partida de nacimiento, que se ha hecho nueva. Donde antes había un nombre de niña ahora se puede leer 'Aitor'. En esa batalla, ha dejado muchos años y muchas lágrimas. No es fácil cuando se vive en un pueblo pequeño de Jaén. «Es crudo. Muy crudo. he pasado por muchas cosas. De todo. Más malo que bueno. ¿Amigos? Pocos». Su consuelo, «la familia, que me apoya en todo».
Comenzó los tratamientos de cambio de sexo en 2001. Ha pasado por el quirófano ya en varias ocasiones. Se hizo una mastectomía. «Me quedan dos operaciones. Estoy en lista de espera para genitales». El problema es que no sabe «si será cuestión de días o de años».
En 2007 se decidió al fin a intentar cumplir su sueño: ser militar. Le pasaron un test (como el que hará hoy) y él dijo que era transexual. «Desde el momento en el que expliqué mi situación, la forma de tratarme cambió totalmente. La persona que me estaba examinando se fue a consultar a un superior y cuando volvió me dijo que no era apto por la ausencia total de pene o atrofia de testículos», ha explicado. Aitor no tiró la toalla y recurrió. Lo citaron en verano de 2008 en el hospital militar de San Fernando. «Un militar de alto rango directamente me dijo que me bajase los pantalones y le explicase por donde meaba». Excluido. Dos años después, Aitor recuerda esa experiencia como «humillante». Pero vuelve a la carga. A intentarlo de nuevo. Con un par.