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Los campanilleros interpretaron cantes en la iglesia de San Miguel
26.12.08 -

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El aguinaldo llena de emotividad la Misa del Gallo de Vilches
CAMPANILLEROS. Misa del Gallo en Vilches. /J. A. G. M.
La misa de Nochebuena, que se celebró en la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel de Vilches, volvió a tener matices especiales. Los campanilleros quebraron el silencio con sus voces e interpretaron varios cantes o aguilandos en otros tantos momentos de la misa. La hondura del cantaor alimentó emociones en un templo que, cosa extraña, este año no estuvo repleto hasta el coro.
Justo a las doce de la noche, durante el ofertorio, sonó el acorde de un laúd que dio entrada al coro de bandurrias, almireces, cántaro, rejas de arado, guitarras y alpargata esparteña. Una voz densa entonó: «Bien pudo el Niño nacer / en un canasto de flores / y ha nacido en un pesebre / lleno de paja y granzones». Contestó el coro y llegó el silencio, que ofició de tránsito a la misa recia y clásica.
Sin tregua, ahora en la Adoración, de nuevo ataca el cantaor: «Una estrella los guió / tres reyes buscan a un rey / y una estrella los guió / a la puerta de la choza / donde la Virgen parió». Un tercer y último aguilando se acunó en la fase final de una misa: «Que el Niño quería mamar / cuando los pastores vieron / que el Niño quería mamar, / hasta la burra del hato / la querían ordeñar».
El epílogo tuvo lugar con la salida del templo. Un amplio grupo de personas se había congregado en la Plaza Mayor y en ella el canto del aguilando siguió proyectándose en noche con luna en cuarto menguante.
Por las calles
Desde los albores de diciembre los campanilleros recorren una a una las calles del pueblo para poner calor a las frías noches y anunciar la Navidad. Interpretan los aguilandos, cante inédito y original, jamás escrito en pentagrama, con claras raíces evocadoras de una música arábigo-andaluza. Los vecinos corresponden abriendo sus balcones y ofreciendo mantecados, polvorones, anís, coñac. Todo vale para aliviar el frío.
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