JAÉN

Después llegó el instituto y ahí las cosas no fueron tan fáciles. Sobre todo, porque empezaba a darse cuenta de lo complicado que sería adquirir una formación completa si nadie le ayudaba, si tenía que sobrevivir con apuntes que unas veces le dejaban y otras no y con profesores que en ocasiones se volcaban con él y en otras le prestaban la misma atención que al resto, cuando era evidente que necesitaba mucha más para poder enterarse y comprender las cosas.
Pero sorteó, no sin esfuerzo, todos los obstáculos de la vida. Y llegó a la Universidad. Se matriculó en la Licenciatura de Matemáticas en la Universidad de Granada y entonces sí que llegó a pensar que no podría, que era demasiado trabajo a realizar y muy poca ayuda la que recibía. «Los profesores eran muy fríos y a la mayoría les daba igual mi problema y entre los compañeros de clase había de todo, algunos sí que te cedían los apuntes amablamente, otros eran más reacios», asegura José Ramón, que se las veía y se las deseaba para poder tener unos apuntes en condiciones con los que poder presentarse a los exámenes.
Pero, lo que son las cosas, tantos inconvenientes sólo le hicieron perder dos años. Consiguió realizar una carrera de cinco años en siete, una hazaña que ya quisieran para sí muchos a los que el único inconveniente que se les presenta es la falta de ganas de estudiar y esforzarse. Su sueño, uno de ellos, estaba logrado, tenía una licenciatura en sus manos.
Pero faltaban muchos otros, el más importante quizás el de encontrar trabajo. Terminada la carrera, en el año 2000,regresó a su Jaén natal y acudió a Aprosoja para ver si tenían algún trabajo para él. Hubo suerte, necesitaban un técnico de empleo, alguien que ayudara a los compañeros como él a buscar trabajo. Y lo contrataron. Aunque primero tuvo que aprender la lengua de signos, una tarea a la que le dedicó los cinco primeros meses.
Pasó el tiempo y las cosas marchaban bien en la asociación. En el año 2002 se quedó vacante la presidencia y algunos compañeros le animaron a presentarse. Lo hizo y desde entonces emprendió un camino que le ha llevado a cosechar no pocos éxitos, el más importante para él, sin duda, el de la integración.
Y es que José Ramón recuerda como cuando él llegó a la asociación «las personas sordas únicamente se comunicaban con otros sordos, los fines de semana se los pasaban enteros en la sede de la asociación, no se relacionaban con otra gente, se estaban perdiendo muchas cosas», explica. Por eso, nada más ponerse al frente de Aprosoja, entendió que lo primero que había que hacer era abrirse a la sociedad, conseguir esa «integración» de la que hoy se le llena la boca hablando. «Se han conseguido muchas cosas en estos años, hemos empezado a recibir más subvenciones, más apoyos de todas partes, pero de lo que más orgulloso me siento es de que las personas sordas hayamos dejado de estar aisladas», asegura emocionado.
Y precisamente el próximo 15 de noviembre van a celebrar el Festival de la Lengua de Signos y han invitado a asistir a todos los jienenses que lo deseen. Bajo el lema 'Mis manos son mi voz', los asistentes podrán disfrutar de un espectáculo en el que no faltará la canción, la poesía, el humor y la comedia, todo ello, eso sí, en lengua de signos. También habrá conferencias y una cena de gala, así como sorteos de regalos entre los asistentes.
Intérpretes
Y aunque el favorecer las relaciones con el resto de la sociedad haya sido el mayor logro, no es el único. Hay muchos otros, «algunos gracias a la ayuda que de unos años para acá nos viene prestando la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social», indica José Ramón. Una ayuda que, por ejemplo, ha servido para tener un servicio de intérpretes de signos envidiable. Precisamente, en este aspecto se detiene e insiste en la importancia que ha supuesto para las personas sordas de Jaén que el Ayuntamiento cuente con dos intérpretes, «es algo increíble», asegura.
Y aunque hay logros, sigue habiendo objetivos, el principal «construir un centro que cubra todas las necesidades de las personas sordas de Jaén, que permita eliminar las barreras que todavía quedan». Sabe que es complicado, pero a estas alturas parece no haber cosas imposibles.





