
COINCIDIÓ CON EL ERE
«Mi profesión no es la de político sino la de metalúrgico. La política profesional no es mi estilo de vida ni mi forma de entender la política», declara al final de su primera jornada.
De ahí que Cabrero Palomares (Ibros, 1956) viva «con normalidad» su regreso a la empresa que lo forjó como sindicalista, a la que llegó en diciembre de 1975 y de la que salió el 10 de marzo de 1990. La incredulidad se la deja para sus adversarios políticos, que pusieron en duda su regreso a ese puesto de trabajo. Más que nada porque los pocos 'santaneros' que han regresado a la factoría después de su periplo político lo han hecho con alguna jefatura bajo el brazo.
«Para mí es una cosa que tenía muy prevista y asumida, por lo que no tengo sensación ni de extrañeza ni de tristeza; de hecho cuando salí nunca pensé que estaría tanto tiempo fuera», explica Cabrero cuando se le pregunta por las sensaciones del primer día en la cadena de montaje, concretamente en el túnel de lavado que comprueba que el agua no entra en el habitáculo de los vehículos y donde se hacen las reparaciones necesarias: «Un buen ambiente y un día de muchos saludos de los compañeros de trabajo y del sindicato», define su primer día.
Reconoce que un cambio así, aunque sea una vuelta a los orígenes, invita a hacer balance personal. «Todas las experiencias han sido positivas -comenta-, desde la actividad sindical a las distintas responsabilidades políticas. He aprendido mucho y, cuando trabajas y crees que has hecho un buen servicio, te queda tranquilidad de vida y de conciencia. Espero que los años que me quedan aquí también sean positivos».
En cuanto a su futuro, Cabrero dice que ahora mismo pasa por Santana. «Aquí estaré, hasta que me jubile», que espera que sea antes de los 65 años, edad que siempre ha considerado excesiva para ello. Y, mientras llega eso, «aquí como uno más», apostilla.








