De repente, sentí satisfacción por la noticia y pensé que las colas de las especialidades en la salud pública se verían reducidas, el desgaste de las urgencias y los pobres MIR en ellas también y puestos a darle alegría al asunto percibí como una aparición los puestos de pediatra en los pueblos donde nadie quiere ir aunque haya hospitales pequeños o ambulatorios, porque están muy lejos de las capitales, verdadero imán de las vocaciones médicas, como ya demostrara hace más de u siglo Pío Baroja, a su vez médico arrepentido.
Así de feliz me las pintaba cuando leo que hay gente cabreada. Por un lado parece que la rifa de la facultad tiene en el bombo a las capitales Huelva y Almería y la faceta selectiva de la administración decidirá quienes son las nominadas. Por lo tanto, el movimiento de unas es la desesperación de otras. Si alguien gana, alguien está abocado a perder aunque hablemos de servicios básicos; ya saben, la salud. Por otro lado, me encuentro con un grupo de estudiantes de medicina que se manifestará para que no se abran más facultades. Y la verdad, lo encuentro un desatino porque no hallo a los estudiantes de derecho pidiendo que no se abran más juzgados ni a los de magisterio poniendo coto a los colegios. En el siglo XXI la oferta y la demanda ya son, de momento, insustituibles.
Un bibliotecario estudia Biblioteconomía y luego tendrá que partirse los codos, las influencias, la preparación y los rosarios y novenas con quien ha estudiado lo mismo que esa persona, pero creo que no se le puede negar que estudie y luego allá el futuro con sus huecos. Un estudiante de medicina debe tener derecho a estudiar y además con la calidad necesaria. Recordemos una cifra significativa: unos cinco mil estudiantes eligieron la carrera de Medicina como primera opción, aunque sólo novecientos noventa pudieron acceder a tales estudios. La posterior preparación, sin duda con la exigencia de calidad, y el apoyo de las administraciones en plazas y sueldo deberán ser los motores para absorber los futuros y necesarios médicos, pero no una nota que a veces es triste distinción en lo centesimal.
En definitiva no sólo debería haber facultad de medicina en Jaén, sino también en Huelva o Almería. Sanidad, asistencia social, educación y añadiremos cultura son los pilares del estado de bienestar, ¿por qué habríamos de regatear en las posibilidades de ellos para ir a más? En su indudable beneficio para la sociedad estaría la mayor razón que apoya esta causa: cuantos más médicos, mejor, y a ser posible bien preparados, aunque sigamos sin entender su letra. Peor que la muerte es el dolor y para mitigarlo están ahí. Repito cuantos más, mejor y si no es mucho pedir, bien pagados como en Portugal o Inglaterra, donde suelen irse después de estudiar aquí.





