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ALMERÍA - JAÉN - GRANADA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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Los olivareros de Jaén 'pagarán el pato' de la alarmante falta de precipitaciones
La sequía hace muy difícil que se liberen los 600 m3/ hectárea del año pasado, una dotación que ya era tres veces inferior a la de una campaña normal

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Los olivareros de Jaén 'pagarán el pato' de la alarmante falta de precipitaciones
MALOS AUGURIOS. Tierra olivarera resqubrajada por la falta de precipitaciones. FRANCIS J. CANO
Cada día que pasa el panorama se complica un poquito más. El verano se acerca y la situación de los pantanos ha hecho saltar todas las alarmas. Jaén vive una sequía durísima y los platos rotos los pagará el olivar y, por extensión, la economía de la provincia. El director técnico de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), Juan Saura, aseguró el pasado domingo que el abastecimiento humano estaba garantizado. Lo del riego está más difícil. Los 192 litros caídos en Jaén desde octubre (un 50 por ciento por debajo de la media de los últimos quince años) apenas han subido el nivel de las presas de regulación general, las que evacuan para el campo, que se encuentran al 26,04 por ciento, cinco puntos menos que hace un año. La falta de precipitaciones es generalizada en todas las provincias andaluzas, pero se hace especialmente patente en el caso de Jaén que, para más inri, es la gran despensa de agua de Andalucía, al acaparar el 40 por ciento de la capacidad de almacenaje (2.652 hectómetros cúbicos sobre un total de 7.161).

Los olivareros tienen motivos más que sobrados para estar preocupados. En 2007, con los pantanos al 31,89 por ciento, la Comisión de Desembalses aprobó 600 metros cúbicos por hectárea, un 150 por ciento menos que los 1.500 de una campaña normal. En 2008, con los embalses al 26,04 por ciento, ¿cuánto se liberará? Es la pregunta del millón.

La gran incógnita

La incógnita no se despejará hasta mediados de mayo, bien entrada la primavera y contabilizada toda la lluvia que debería computarse en estos dos meses (la media histórica es de 83,9 litros). Entonces la CHG debe determinar si las 70.000 hectáreas de regadío de Jaén tendrán o no tendrán una aportación extra durante la época de mayor calor. En contra, que las reservas están bajo mínimos y que los oleicultores jienenses no tienen derechos de aprovechamiento para el estío. A favor, que hablamos de un sector estratégico para Jaén y que las necesidades hídricas son significativamente inferiores a las de otros cultivos. En cualquier caso, si la balanza se inclinara hacia esta segunda opción, sería un atrevimiento hablar otra vez de 600 metros cúbicos (voces autorizadas apuntan justamente a la mitad).

El gerente de Asaja-Jaén, Luis Carlos Valero, comenta que cerrar el grifo o reducir drásticamente la dotación tendría graves consecuencias. «El motor de los tractores ya está rugiendo en los garajes», advierte el dirigente agrario, en alusión a la manifestación de vehículos agrícolas que colapsó el centro de Jaén el pasado 20 de julio, en protesta por el establecimiento de una indemnización de 90 euros por hectárea para compensar a los cosecheros de la parte baja del Guadalquivir. «El Gobierno y la CHG -manifiesta Valero- son perfectamente conscientes de que la cuenca tiene un déficit de 500 hectómetros cúbicos, pese a lo cual no han hecho nada». «Han anunciado que no se van a construir más infraestructuras; tampoco se sabe nada de la exclusa salínica para evitar que el mar penetre en las marismas; existe una prohibición absoluta de aprovechar las escorrentías; el Plan Hidrológico Nacional fue rechazado; los trasvases también. ¿Qué nos queda?», se pregunta.

Valero considera que con 300 metros cúbicos por hectárea no se soluciona ningún problema, tan sólo se puede aspirar a que los árboles no se mueran, «de producción, nada de nada». Y agrega que para que las explotaciones se desarrollen de forma vigorosa se necesitan unos 560 litros, una cantidad muy alejada de los 192 litros actuales. «Hablamos de una cosecha cero tanto en el secano como en el regadío», concluye.
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