
EL APUNTE
EL APUNTE
Fuentes del sector consultadas por este periódico afirman que estos datos, obtenidos a partir de una encuesta realizada al 21 por ciento de los operadores de banca de España, son perfectamente extrapolables a la realidad de Jaén. «El problema -comentan- es que son préstamos ajustados de tipo y los auténticos beneficios venían por la subrogación de diversos productos por parte de los compradores finales, como pueden ser las nóminas». «Ahora el riesgo es muy grande porque el negocio inmobiliario está paralizado y tan sólo se atienden las peticiones de constructores perfectamente conocidos y de total solvencia, que afronten la inversión aportando entre un 20 y un 30 por ciento de capital propio y presentando contratos de compra venta de los pisos», aseguran.
La batalla de la VPO
Las cosas han cambiado. Ahora la guerra del ladrillo se libra en otros frentes de batalla. El mercado libre no interesa, pero sí el de protección oficial. En este caso la demanda sí está garantizada (el valor de tasación del metro cuadrado no llega a los 1.000 euros) y detrás está el importante respaldo de la administración pública. Además, los solicitantes de este tipo de inmuebles tienen un perfil interesante para los que dan y captan euros: en la mayor parte de los casos se les exige que tengan sueldo, necesitan efectivo para comprarse coches, piensan en su futuro y suscriben planes de pensiones... En definitiva, clientes propicios para los bancos en estos tiempos de falta de liquidez e hipotecas 'suprime'. Todos quieren comerse una porción de ese pastel llamado Pacto por la Vivienda en Andalucía, que se traducirá en la ejecución de 21.872 VPO en la provincia en la próxima década, con la posibilidad de saltar hasta las 25.000 en función de de las necesidades demográficas.
Otro de los objetos del deseo por parte de los bancos son los polígonos industriales. Las empresas precisan suelo en el que poder ejercer su actividad. Pero la 'cosa' va más allá, ya que esas mismas sociedades que precisan de un lugar físico también requieren recursos para poner en marcha nuevos proyectos, ampliar instalaciones o expandir sus redes comerciales. Y por si todo esto fuera poco, los empresarios y sus empleados también pueden entrar dentro del mismo saco.








