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Mike Oldfield: «Mi música favorita es el silencio»
El músico inglés ofrece hoy en el museo Guggenheim de Bilbao el estreno mundial de 'Music of the spheres'

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«Le he dicho a mi mujer que tengo que volver a ser durante media hora Mike Oldfield». A sus 54 años, el multinstrumentista de Reading parece cansado de su presunta condición de estrella y no le importa que se note. Está en las antípodas del glamour y el oropel del rock, una tradición cuyo lenguaje alteró al grabar en 1973 y con sólo 19 años el histórico 'Tubular bells', el álbum instrumental más vendido de la historia (más de 16 millones de copias), en cuyo éxito se cimentaría el emporio Virgin de Richard Branson.

Baja de la suite de su hotel y se presenta con un sobado forro polar, zapatos de saldo y calcetines desteñidos para, con la mirada huidiza y alguna laguna mental, desbrozar algunas claves de su autocomplaciente trayectoria multidireccional y de 'Music of the spheres', nuevo álbum que hoy estrena en el Guggenheim con la Sociedad Coral de Bilbao y la Sinfónica de Euskadi, dirigida por Enrique Ugarte.

-¿Cómo han ido sus ensayos?

-Muy bien, además ha sido muy agradable volver a San Sebastián. Estaba harto de trabajar con instrumentos electrónicos y aquí he encontrado el contexto ideal para este trabajo orquestal. Lo más difícil ha sido acostumbrarme a seguir la batuta del director; los músicos de la orquesta lo hacen con facilidad, aunque para mí es difícil. Pero es mi música y puedo perderme un poco. He disfrutado, espero poder decir lo mismo después del concierto.

-¿Por qué ha elegido Bilbao y el Guggenheim para presentar su disco?

-No fue una elección mía, sino de la oficina española de mi sello UCJ (Universal Classics & Jazz). Aunque, por otro lado, tengo una larga conexión con el País Vasco y también con el Guggenheim; me identifico con lo que representa. Me apasiona el surrealismo, fue la primera galería de arte que visité en Nueva York y conozco a Peggy Guggenheim, que me suele invitar a su casa cuando estoy en Venecia. Así que cuando me propusieron presentar el disco en Bilbao, dije '¿Por supuesto!'.

-Sus últimos trabajos han sido de corte electrónico y ambiental. ¿Por qué decidió hacer un disco acústico con orquesta sinfónica?

-Cuando, a finales de los setenta, comencé a trabajar con instrumentos electrónicos todo era muy excitante, pero a medida que la tecnología y los softwares de grabación han ido mejorando, la aportación de música es cada vez menos necesaria. El rock es cada vez más repetitivo y la electrónica es como un juguete que se ha vuelto aburrido; sigue siendo una herramienta, pero sentía la necesidad de volver a la música real. La música clásica ofrece más posibilidades porque está llena de matices y texturas.

-Por primera vez ha grabado sin tocar la guitarra eléctrica.

-Sí, cuando recibí las orquestaciones de Karl Jenkins, probé con ella, pero no la encontré apropiada para un disco totalmente acústico. Así que recurrí a mi guitarra española Ramírez, que tiene una sonoridad maravillosa. No ha supuesto ningún problema, me siento muy cómodo con cualquier instrumento de cuerda.

-¿Fue el concepto de 'música de esferas' previo o posterior a la composición?

-La música siempre es anterior, podía no haber tenido título, pero es necesario buscar un concepto que dé pistas y referencias al oyente. Así que busqué la conexión con la antigua teoría de una música planetaria con su propia armonía y una estructura que siempre me ha interesado.

Carga emocional

-Tras revisitar reiteradamente su obra más célebre dijo estar harto de 'Tubular bells'. Sin embargo, hay un guiño a su melodía al comienzo de su nuevo disco. ¿Es una broma?

-No. ¿Por qué? Yo no lo veo como una referencia a 'Tubular bells', toda mi vida he hecho secuencias repetitivas para piano, siempre rondan en mi cabeza, las oigo en televisión, en el cine... me parecen fascinantes. Como músico me he dado cuenta de lo importante que es la interpretación, y cada vez simplifico más, en algunos temas sólo toco dos o tres notas. Al final, mi música igual acaba siendo un largo silencio, pero cargado de emoción.

-La crítica le considera un músico previsible, con un sonido característico que está por encima del estilo que aborde.

-Se dicen toda clase de cosas sobre mí, unos dicen que mi música es arte y otros que es siempre la misma basura, pero si prestara atención habría dejado este mundillo hace mucho. Para este disco tampoco hay una categoría, no es un disco clásico al uso y tampoco es chill out, ni new age, ni rock, claro. Mi música surge de mi inspiración, que a veces viene de alguna parte, yo me veo como un vehículo, un médium... muchos músicos han dicho algo así antes.

-Siempre ha buscado referencias espirituales para sus composiciones.

-Es verdad, la inspiración puede surgir en cualquier lugar, pero para mí la música es algo que unas veces sale del alma, otras de los sueños y otras procede de un lugar más allá. A veces, cuando funciona muy bien, es una sensación muy especial. Es como si un ser divino se expresara a través del sonido.

-¿Sigue sin escuchar ninguna música ajena a la suya?

-Claro, no escucho música de ningún tipo, tan sólo la que da vueltas en mi cabeza a todas horas, incluso cuando duermo. Mi música favorita es el silencio.

-¿Es verdad que barajó la idea de retirarse?

-Sí lo he pensado. Después de 35 años y 24 discos he hecho mucha música de todo tipo y en este momento ya no es la prioridad en mi vida. Cuando tenía 19 años me refugiaba en ella porque no me gustaba el mundo exterior. Ahora estoy más a gusto con mi existencia y disfruto más de otras cosas, como llevar a mis hijas al colegio, ver los delfines por la bahía de Palma o navegar con mis barcos. Me fascina el mar... a lo mejor los océanos me podrían servir de inspiración en el futuro.
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