¿Qué puede pasar? Por ahora todo son hipótesis, pero la cosa pinta mal. Por si acaso, para ir preparando el terreno, la Confederación Hidrográfica (CHG) hizo público ayer un comunicado en el que decía lo siguiente: «La Comisión de Desembalse ha acordado no realizar desembalses en la cuenca con destinos a las demandas de regadíos hasta su próxima reunión que, a la vista de las condiciones meteorológicas y las aportaciones a los embalses, propondrá la dotación para la próxima campaña de riego».
Es decir, momentáneamente se echa el cerrojo a los pantanos. Desde el punto de vista práctico, la medida no tiene por ahora un gran calado, ya que a estas alturas prácticamente ningún cultivo tiene necesidad de humedad, entre otras razones porque, con estas temperaturas, la evaporación es mínima. Sí necesitarían algo las segundas cosechas, pero en la misma nota informativa la CHG deja bien claro que «se ha aprobado, por unanimidad, la prohibición del riego de segundas cosechas mientras persista la escasez, y se ha acordado, por parte de la Comisaría de Aguas, la necesidad de respetar los caudales ecológicos circulantes en la cuenca». El organismo también informa de que el suministro doméstico sí está garantizado «en la práctica totalidad de la cuenca, gracias a las obras de emergencia realizadas por las administraciones, la aplicación del Plan Especial de Sequía y la concienciación ciudadana en relación al ahorro del recurso».
Sequía durísima
La cuestión es que estamos atravesando una de las sequías más duras y prolongadas de las tres últimas décadas. Es más, ahora mismo hay menos líquido elemento almacenado que en el anterior período seco, vivido hace 12 años. La precipitación media registrada en el Guadalquivir en lo que llevamos de ejercicio hidrológico (de octubre a enero) es de 150 litros por metro cuadrado (en Jaén 142,5), un valor muy inferior a la media que se contabiliza históricamente en estos cuatro primeros meses, que es de 289 litros, y al computado en el mismo lapso de 2007, que fue de 230 litros. En cualquier caso, el problema no es que hayan caído sólo 150 litros, el problema es que los recursos han ido menguando progresivamente desde que se inició esta etapa, y hemos pasado de un 70 por ciento sobre capacidad a un 25,6 por ciento.
El gerente de Asaja-Jaén, Luis Carlos Valero, manifiesta que esta vez su organización agraria «no comulgará con ruedas de molino». Comenta que el pasado estío Asaja ya convocó una tractorada en el centro de la capital jienense para protestar por el canon de 90 euros por hectárea, establecido por la CHG como medida compensatoria para el resto de agricultores del Guadalquivir (los oleicultores jienenses sólo tienen derechos de aprovechamiento de las escorrentías invernales).
«Reivindicamos para Jaén la autonomía provincial del agua», señala Luis Carlos Valero, quien recuerda que los dos acuíferos más importantes de todo el Sur de España se encuentran precisamente en la Sierra de Segura, donde nacen los ríos Segura y el Guadalquivir, y apostilla que «si usted no me trae el agua (en referencia a la anulación del Plan Hidrológico Nacional y los diferentes trasvases contemplados), yo voy a pelear por la mía».
La COAG, por su parte, no comprende que la CHG haya decidido que no haya ningún desembalse en febrero. Comparte que la cuenca está en una situación crítica, y aclara que en este contexto lo ideal es que se retrase el máximo la campaña de riego, «pero sin perjudicar a los cultivos de invierno, que necesitan saber ya si dispondrán o no de agua».





