Claro, que enseguida se les ve el plumero. Porque también se advierte en estas ocasiones, que los otros, los 'de la oposición' que antaño hacían gala de acrisolado fervor, ahora dan la 'revirá', hacen mutis y como 'Júas' reniegan de lo que ayer exaltaron. De donde se infiere y se deduce, que los interesados fervores cofrades de nuestros mandamases van siempre de costero a costero, o séase que están en función de la rentabilidad electoral del momento. Algo que es archisabido y que ya pusieron de manifiesto antropólogos tan nombrados como Isidoro Moreno Navarro en su luminoso estudio 'Semana Santa y Política', el exegeta de la Semana Santa sevillana Manuel Sánchez del Arco (1896-1957), o el también sevillano pregonero hogaño, el periodista Antonio Burgos, que ha subrayado esos tejemanejes políticos orillados de cera e incienso con que algunos asocian estas vísperas «...ejerciendo oficialmente de cofrade sin antifaz, sin más antifaz que el fingimiento de unos fervores que son muy rentables...».
Y es que hay poca memoria histórica. Nos quejamos, razonablemente, de que desde 'los felices años veinte' hasta los años primeros del post-franquismo, el mundo cofrade estuvo mediatizado por el poder político y que eso desvirtuaba las esencias de las cofradías y las procesiones. Sánchez del Arco ya arremetía contra «quienes van buscando la sombra sagrada del paso para tienda de mercader o para apoyo de fuerzas temporales». Y Moreno Navarro advierte de la oportunista proliferación de figurantes y figurones, «aunque en este caso, no siempre se busque provecho personal, sino, sobre todo, provecho político para la institución, partido, etc., al que se está representando. Pues eso. A ver sí la clase política tiene coherencia y cae en la cuenta de que la Semana Santa andaluza no es «la explosión de la Primavera», sino una tradición de siglos, sí, pero esencialmente religiosa.





