
Eso sí, con el nuevo método la gran perjudicada es la polilla, que cuando toma la toxina le cambia la permeabilidad intestinal, por lo que deja de comer y muere por deshidratación severa.
El concejal indicó que es un primer paso para reducir la utilización de insecticidas químicos, que pueden alterar el sistema nervioso y ocasionar arritmias, náuseas y diarreas. Entre las personas.





