Pastorcillos para la Divina

El ambiente entorno a la Divina Pastora fue aumentado desde que en la jornada del viernes la imagen fuese receptora de miles de flores de sus vecinos y fieles

FERMÍN ANGUITA |MOTRIL

Señora y corazón espiritual del barrio de Capuchinos y de miles de motrileños. Lo acaecido en la tarde-noche de ayer en las calles de la ciudad, solo tiene explicación si rebuscamos en el sentir más hondo de la gente y en la tradición más secular de Motril.

El ambiente entorno a la Divina Pastora fue aumentado desde que en la jornada del viernes la imagen fuese receptora de miles de flores de sus vecinos y fieles. Fue a más con la soberbia y sorprendente actuación, el sábado, de la coral Armiz en el templo, y se palpaba ya como algo tremendamente popular durante la función religiosa que a mediodía de ayer ya evidenciaba los nervios de la Real Hermandad, de costaleros y de enfervorizados devotos de la Pastora.

Tal es así que a pesar de su sencilla y divina advocación mariana es quizá de las más hermosas imágenes existentes en Andalucía, cuando sale a la calle se pasea más con aspecto de emperatriz o reina, de innegable corte dieciochesco y que en un sublime alarde de buen gusto estético se nos presentara ayer envuelta en paños y telas diversas, con profusión de adamascados, pliegues, encajes y numerosos elementos pastoriles que no desentonaban, en absoluto, en tan ampulosa vestimenta que se coronaba con la espectacular ráfaga dorada estrenada el pasado año.

No faltaron en la misma detalles que evidenciaban el esmero de sus vestidores, como el tocado y sombrero de la imagen o la exquisita compostura de la misma cuando se la veía desde la trasera del paso. De ahí, al cielo... como gritaron más de un centenar de veces sus costaleros, capataz y contraguía.

Al mando del paso el propio hermano mayor, José A. Santiago Martín, auxiliado por José Antonio Rodríguez y Sergio Segura para dirigir a una cuadrilla, cercana a la treintena de jóvenes, que echó arrojo y mucha ilusión desde dentro afuera de los respiraderos, envolviendo de emociones cofrades la última gran noche de gloria del otoño motrileño.

Aunque las cosas no comenzaron con muy buen pie, pues la banda municipal de música llegó media hora tarde y la procesión tuvo que arrancar con las voces del coro rociero Al compás del camino, esta desafortunada anécdota se olvidó pronto.

Lluvia de pétalos

La trabajadera interior permite, desde hace algunos años, que el paso se señoree y recree bien por las calles más estrechas del sur y el norte de este enorme barrio que linda casi con la calle Ancha y que ayer disfrutó de su patrona por calles conocidas y señeras como la Rambla de Capuchinos, Santísimo, Era, San Miguel , Carretas, Parra (con una fabulosa lluvia de pétalos) y otras tantas en las que el cariño del vecindario parecía traducirse en las ruedas, bengalas y pequeños castillos de fuegos artificiales que engalanaron el cielo de Motril durante cinco horas.

Un auténtico delirio para los sentidos porque junto al ruido, la música y los vivas no faltó lo más entrañable de la noche: los niños. Y es que la hermandad volvió a recuperar la costumbre de que los pastorcillos y pastorcillas acompañasen a la Divina Pastora, una imagen que secularmente ha atraído a los pequeños por su candidez y por estar rodeada en su paso por un trío de borreguitos que, con sus cencerros anudados con lazos, despiertan la curiosidad y hasta la risa de los niños.

Y junto a la espontaneidad y frescura de la participación infantil; anoche se volvía a repetir, prácticamente cada pocos metros, una escena que muchos pudieron vivir el pasado domingo en el barrio de las Angustias: Casas abiertas de par en par y la emoción mostrada por muchos abuelos y abuelas que repetían el ritual de recibir a su Virgen con los brazos abiertos desde la puerta de su casa. No faltaron las lágrimas en tantos pequeños y a la vez grandes encuentros.

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