May nombra a Sajid Javid ministro británico de Interior tras la dimisión de Amber Rudd

Sajid Javid, ministro de Interior británico./Andy Rain (Efe)
Sajid Javid, ministro de Interior británico. / Andy Rain (Efe)

La crisis sobre la política inmigratoria debilita a la líder británica en el avance hacia sus decisiones europeas

IÑIGO GURRUCHAGACorresponsal. Londres

Theresa May aceptó la dimisión de una ministra de Interior nacida en una familia de ricos 'brokers' de la Bolsa, que se casó y tuvo dos hijos con un brillante y dislocado literato y gestionó mediocremente un fondo de inversión. Ha nombrado al hijo de un pobre inmigrante pakistaní, que se encaramó a la vicepresidencia de Chase Manhattan y a la dirección general de Deutsche Bank.

Si los puestos en el Gabinete se decidiesen por los méritos profesionales de los candidatos, Sajid Javid habría ocupado puestos más importantes que Amber Rudd. Pero era un protegido del exprimer ministro, David Cameron, y de su segundo, George Osborne. Javid, ministro con ellos de Industria y Comercio, fue relegado por la victoriosa May, en 2016, a la Administración Local y la Vivienda.

En las carreras ministeriales por lo general breves que depara el Partido Conservador en su inicio tumultuoso del siglo XXI, Rudd había dirigido el de Energía y Cambio Climático en el Gabinete tonto de 2015-16, que no hizo nada más notable que preparar al país para el referéndum europeo. ¿Por qué May ascendió a Rudd a Interior, una de las grandes carteras de Estado, y aparcó a Javid?

La actual jefe de Gobierno fue la ministra de más larga duración, seis años, en la forma actual de un departamento gigantesco, el 'Home Office', que tiene a su cargo las policías regionales y agencias de seguridad del país, la inmigración y los controles fronterizos, servicios contra incendios, legislación de datos,… Es una de las grandes oficinas del Estado: Tesoro, Exteriores, Defensa e Interior.

May transfirió un Ministerio marcado por su huella a una colega sin experiencia. A una mujer, porque la primera ministra, a diferencia de Margaret Thatcher, está comprometida desde hace años con la promoción de mujeres en su partido. A una persona de trato agradable: Rudd reclutó a los aristócratas que participaron en la película 'Cuatro bodas y un funeral'.

La ministra dimitió en una intempestiva noche de domingo porque ya no podía sostener que no conocía la existencia de una política ministerial de aumentar el número de deportaciones de inmigrantes ilegales, desvelada tras la recepción por caribeños que llegaron hace décadas y residen legalmente de órdenes de marcharse del país, porque no tenían todos los papeles necesarios para demostrarlo.

Herencia y futuro

La deportación de inmigrantes ilegales es apoyada por la población, ha dicho May. Pero lo que se investiga es, si para cumplir ese objetivo, el «ambiente hostil' que acuñó como ministra generó injusticias, si otros ministros la alertaron de la expulsión de caribeños legales y, como anécdota humana, si Rudd ha caído por proteger a May del escándalo sobre una política a la que no prestó atención porque no creía en ella.

Un exministro de Interior, Kenneth Clarke, ha recordado que conservadores de su hornada sostuvieron que la inmigración ilegal podría controlarse mejor con documentos nacionales de identidad. Los laboristas crearon un embrión. Cuando llegó May a Interior el proyecto fue abolido, con apoyo de los liberal-demócratas. Promete ahora documentos de identidad para residentes europeos tras el 'Brexit'.

La ambición de Javid es lógica y evidente. Se presentó con otro diputado para liderar el partido tras la dimisión de Cameron. Se había mostrado euroescéptico pero apoyó la permanencia, en sintonía con Cameron y Osborne. Es hábil y fino. «No se trata de crear un 'ambiente hostil' sino un 'ambiente de cumplimiento' de las reglas», ha dicho hoy como nuevo ministro de Interior. Es ya el mejor situado para sustituir a la líder.

Rudd era militante de la permanencia en la UE. Javid es más ambiguo. Los equilibrios en el Gabinete se alteran. La crisis sobre la política de inmigración debilita a May, que tiene dificultad creciente para aplazar decisiones europeas que dividirán a su partido. Llegarán al Parlamento antes del verano votos sobre enmiendas y mociones promovidos por la oposición al 'Brexit'; y Bruselas no se mueve.

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