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El Parlamento da a May la venia para las elecciones del 'Brexit'

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La primera ministra británica, Theresa May. / Reuters I Atlas

  • No sería la primera jefe de Gobierno que llama a las urnas para fortalecerse y se debilita

Theresa May ha logrado el voto de más de dos tercios de los diputados de la Cámara de los Comunes (522 contra 13) en favor de la moción que desencadena los procedimientos para celebrar elecciones el 8 de junio. Ha insistido a lo largo de la jornada que una victoria le dará “más libertad”, “más tiempo”, para dirigir con “mano más fuerte” y con “estabilidad” el itinerario del 'Brexit'.

En entrevistas en los medios y debates en el Parlamento, la primera ministra no ofreció ningún detalle adicional sobre sus posiciones ante la marcha de la UE. En las últimas semanas, ella o sus ministros han hablado de la posibilidad de que la inmigración o las decisiones del Tribunal Europeo de Justicia sigan afectando a Reino Unido en un tiempo de transición. Hoy ha rehusado incluso repetir esas ideas.

¿Serán entonces unas elecciones sobre la mano fuerte en el 'Brexit? No. Sus colaboradores adelantan que quieren cambiar promesas electorales de 2015, diseñadas por David Cameron. Se citan la garantía de mantenimiento del poder adquisitivo de las pensiones, reducir los compromisos presupuestarios con la ayuda al desarrollo, facilitar más escuelas selectivas a los 11 años.

Quizás el electorado conservador abrazará un programa con esas ideas pero es improbable. El riesgo para May es que sin tiempo para elaborar un programa complejo y habiendo tenido que abandonar algunas ideas e iniciativas en los últimos meses, el motivo de la elección sea su único tema. Más libertad y más tiempo son los motivos.

El calendario de la negociación era hasta esta semana delicado. May debe terminar una negociación de gran importancia con la UE en 2019, con votos, agrios debates y posibles escisiones en el Parlamento, y se encaminaba a unas elecciones en mayo de 2020, según la ley de mandatos de cinco años. Sorteando ayer esa ley con el voto del Parlamento, tiene hasta 2022 para gestionar el post-Brexit, o para jubilarse.

La mayoría que le prometen los sondeos- veinte puntos de ventaja sobre el Laborismo- le da también más libertad para negociar, la libera de la dependencia del bloque sustancial en su grupo parlamentario, quizás cincuenta diputados, que quiere marcharse de la UE sin más y no ve necesidad de negociar nada. Puede también disgustar a los menos numerosos rebeldes del 'in' sin consecuencias.

Destinos trágicos

Jeremy Corbyn también quiere una campaña centrada en políticas económicas y sociales.En su programa: enorme inversión en infraestructuras, la expansión de la alimentación gratuita a los niños en las escuelas, el aumento del salario mínimo y de la paga de los empleados en asistencia social, donde precariedad y baja compensación sostienen un sector con graves problemas y creciente repercusión en la sociedad.

Pero Corbyn tiene una biografía política que gusta a los 'tories' como diana de sus dardos y una reputación de incompetencia. Durante meses se ha declarado dispuesto para unas elecciones y ha permitido hoy el pasaje gratuito de la moción. Otros laboristas querían abstenerse, forzar a May a la otra vía, una moción de confianza, castigarla en más debates por su oportunismo en el inicio de la campaña.

Otros primeros ministros convocaron elecciones para tener más fuerza y libertad y les salió el tiro por la culata. ¿Ocurrirá lo mismo a May? ¿Tendrá que dimitir Corbyn tras una aplastante derrota? Ahí tienen el ejemplo de George Osborne, rico, listo y avieso, que estaba destinado a sustituir a su amigo, David Cameron, a quien intentó persuadir de que no convocase el referéndum europeo.

Ha acumulado cinco o seis empleos bien pagados. Uno de ellos, director del vespertino 'Evening Standard'. Ha anunciado a sus votantes de Taunton que no se presentará a la reelección. “Seguiré luchando por la 'Britain' que amo desde la silla de director de un gran diario”, les escribe con pundonor. Pero El 'Standard' ha dado la noticia solo en la edición digital, porque Osborne no llegó con su dimisión al cierre de la impresa.