El autor del tiroteo de Parkland: «Ahora, con el poder de mi rifle, vais a saber quién soy»

Uno de los padres de las víctimas interviene ante un juzgado. /JIM WATSON (AFP)
Uno de los padres de las víctimas interviene ante un juzgado. / JIM WATSON (AFP)

«Mi objetivo es matar al menos a 20 personas con un AR-15», aseguró en un vídeo

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

«Cuando veáis mi cara en las noticias todos sabréis quien soy». Ese era el único propósito del autor de la masacre de Parkland, dejar de ser un don nadie y ganarse el respeto «con el poder de mi AR-15», un rifle automático de grado militar con el que el Día de San Valentín mató a 17 personas en el instituto Marjory Stoneman Douglas de Parkland (Florida).

Los vídeos que grabó el prisionero 18-1958 antes de cometer la masacre no se han vuelto virales. Tampoco son fáciles de encontrar en las redes sociales. Los periódicos responsables evitan colgarlos en sus páginas web y darle con ello la fama que buscaba. No se publica su nombre ni su foto. Bajo la etiqueta #NoNotoriety, los estudiantes de Parkland presionan para que «no se oiga su voz, no se vea su cara, no se conozca su nombre: dejad que se pudra en la cárcel», tuiteaban. En su lugar, las imágenes de quienes merecen ser recordados han vuelto a ocupar redes y portadas: Jamie Guttemberg, de 14 años, que siempre defendía a los compañeros menos populares, Nicholas Dworet, de 17, que acababa de ganar una beca para estudiar en la Universidad de Indiana por sus méritos con el equipo de natación, Luke Hoyer, de 15, el de la risa contagiosa...

Al joven de 19 años que los mató no le importaba ninguno. «Odio todo y a todo el mundo. Ya estoy harto de que me tengáis por un idiota y me digais lo que tengo que hacer. Ahora, con el poder de mi rifle, vais a saber quién soy», se desahogaba en uno de los vídeos que grabó en el teléfono. Tal vez ni siquiera los conocía ni de vista. Había decidido de antemano empezar el tiroteo en el patio principal, sin más propósito que «matar por los menos a 20 personas». Le faltaron tres para lograrlo. «Voy a ser el próximo pistolero escolar del 2018», se regodeaba.

Si los medios de comunicación hubieran elegido antes el camino de negar la gloria a chicos perdidos como los del Instituto Columbine, con los que empezó la moda de las matanzas escolares hace 19 años, tal vez cientos de niños seguirían vivos. En lugar de lanzarlo a la fama, los vídeos que grabó el de Parkland servirán para demostrar en el juicio que lo suyo fue un asesinato frívolo y premeditado, no un arrebato pasional. El fiscal del condado de Broward planea pedir la pena de muerte, aunque muchos prefieren que sufra en la cárcel para el resto de sus días el aislamiento del que pretendía huir con la masacre. «Todo el mundo tiene que morir, te veré del otro lado», anticipaba hablándole solo a la chica de la que estaba enamorado.

El presidente Donald Trump se reunió ayer con las familias de las víctimas y los supervivientes del Instituto Santa Fe de Texas, donde hace dos semanas otro admirador de la matanza de Columbine quiso sacudirse el anonimato de una personalidad gris matando a diez personas.

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