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La caja china del 'caso Nisman'

Un grupo de manifestantes pide justicia en el funeral de Nisman.
Un grupo de manifestantes pide justicia en el funeral de Nisman. / Efe
  • La investigación avanza de incógnita en incógnita sin aclarar ningún aspecto de la muerte del fiscal argentino

La investigación del ‘caso Nisman’ en Argentina comienza a parecerse a una caja china. Dentro de cada incógnita aparece otra y de esta surge una más y así sucesivamente en una cadena en la que, lejos clarificar lo que sucedió, va aumentado la confusión y las sospechas.

El fiscal Nisman fue encontrado muerto en su domicilio el pasado 18 de enero, un día antes de presentar en la Cámara de Representantes su denuncia contra la presidenta argentina, Cristina Fernández, y otros miembros de su Gobierno por encubrir presuntamente la autoría de Irán en el atentado contra la Asociación Mutual Israelite Argentina (AMIA), que causó 85 muertos. Junto al cadáver fue encontrado una pistola de pequeño calibre y un casquillo.

Aunque los forenses establecieron que “no hubo intervención de terceras personas” y apuntaron la tesis de un posible suicidio, nadie lo creyó, empezando por la propia Cristina Fernández que así lo declaró. El primer detalle que llevó a un camino sin salida fue la pistola. No se hallaron rastros de pólvora en las manos, pero la fiscal encargada de la investigación, Viviana Fein, aseguró que al ser un arma tan pequeña (calibre 22) es posible que no dejara este tipo de marcas. Esta pistola da lugar a otra incógnita, también inexplicable hasta ahora: por qué era prestada cuando el fiscal tenía dos armas registradas a su nombre.

La pistola la facilitó el técnico informático Diego Lagomarsino. Según declaró, Nisman no se fiaba de sus escoltas y se la pidió para “llevarla en la guantera por si viene un loquito” y para proteger a sus hijas. La fiscal descarta que la intervención Lagomarsino fuera más allá de este préstamo, aunque ha sido imputado por estar penado en Argentina con uno a seis años de cárcel facilitar armas a otras personas.

El apartado de la intervención y presencia de funcionarios o responsables del Gobierno en el caso, también da mucho de sí. Resulta extraño que el secretario de seguridad, Sergio Berni, apareciera en la casa de Nisman antes que la juez y la fiscal. Allí se encontró a la madre del fiscal y a dos guardaespaldas de la Policía federal que tardaron casi doce horas en avisar a sus superiores. Estos dos agentes, Armando Niz y Luis Miño, además incurrieron en contradicciones en sus declaraciones a la fiscal Fein. Niz aseguró que al no contestar Nisman al teléfono subieron al apartamento entre las 14:00 y las 14:30 y Miño dijo que lo hicieron a las 17:00. Además, Miño declaró que permanecieron en el coche aparcado bajo el edificio, donde no había cobertura telefónica y Niz en cambio dijo que estuvieron en la superficie, en el llamado “estacionamiento de cortesía”.

Los dos agentes han sido sancionados y retirados del servicio temporalmente junto a un tercer policía, que estuvo en el departamento del fiscal horas antes de de su muerte. Este policía, Rubén Benítez, declaró que Nisman le dijo que quería comprarse una pistola y le pidió consejo para saber qué modelo era más adecuado y donde podría conseguirla.

Otros elementos que alimentan todo tipo de sospechas giran en torno al periodista Damián Pachter, quien fue el primero que informó de la muerte de Nisman a través de su cuenta de Twitter. Pachter tuvo que abandonar el país y huir hacia Israel después de notar que era seguido, según él, por los servicios de inteligencia y tener pinchado el teléfono. De forma extraña, la agencia estatal de noticias argentina Telam publicó una nota que ilustraba con un billete de avión con las fechas y horas del vuelo que el periodista tomó. Nota que fue reproducida y subido a la cuenta de Twitter de la presidencia argentina. Pachter, ya en Tel Aviv, avanzó sus sospechas de que al adelantar la noticia de forma imprevista con su tuit, pudo trastocar algún plan. Si no, no entiende la irritación de las autoridades argentinas y las amenazas de muerte que ha empezado a recibir. En la mente de Pachter debió estar el asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas, que retrató por primera vez al empresario Alfredo Yabrán, implicado en múltiples casos de corrupción vinculados con el gobierno de Carlos Menem.

El escándalo del ‘caso Nisman’ ha conmocionado a la sociedad argentina y ha puesto bajo alta presión un panorama político, ya de por sí bastante convulso, que se prepara para las elecciones presidenciales de octubre. Las revelaciones de la investigación proporcionarán sin duda abundante munición para la campaña. Resulta más incierto que se llegue a saber algún día quién estuvo detrás de la muerte de Nisman.