El Jalifa y el poeta

El Jalifa descubre la lápida que homenajea a Alhamar.
El Jalifa descubre la lápida que homenajea a Alhamar. / Cedida por Roque Hidalgo Álvarez
EFEMÉRIDES DE @LAHEMEROTECA

Durante las fiestas del Corpus de 1932, Granada recibió al príncipe de Marruecos en una visita que contó con la presencia del poeta Francisco Villaespesa

AMANDA MARTÍNEZ

Las relaciones entre España y Marruecos siempre han sido tensas. En 1932, fecha de la efeméride que nos ocupa, hacía casi veinte años que se había establecido el Protectorado en territorio marroquí (1913). La Guerra del Rif había terminado solo seis años antes y el Desastre de Annual (1921), que costó la vida de miles de soldados españoles, desencadenó una crisis institucional que acabó en el golpe de estado de Primero de Rivera. El gobierno español hacía malabarismos para pacificar el país y obsequiaba a sus representantes con visitas para ‘estrechar lazos’. Una de aquellas visitas fue la que realizó a Granada el Jalifa de Marruecos Muley Hassan.

Corpus y República

Cuando el príncipe marroquí llegó a Granada (28 de mayo de 1932), la ciudad estaba inmersa en la celebración de las fiestas del Corpus. Aunque el gobierno laico limitaba los actos religiosos a una procesión dentro en la Catedral, los granadinos lo celebraban con entusiasmo. Las calles se decoraban con colgaduras en los balcones y alumbrado especial: bombillas policromadas para el Paseo del Salón, formando arcos de línea árabe, y un alumbrado, “inspirado en la exposición de Barcelona” en la Carrera del Genil y Bib Rambla. El programa municipal incluía verbenas, conciertos y teatro en el Palacio de Carlos V, en el Paseo del Salón, Bib Rambla y Plaza del Carmen; una exposición de Apperley en el Casino Cultural; globos y fantoches para los niños en plaza Larga o San Nicolás; fútbol, un festival de aviación en el aeródromo de Armilla y toros. No fue de extrañar que el Jalifa decidiera quedarse en la ciudad más días de los previstos “Que me busquen en Granada si alguna vez me pierdo”, comentó.

Cómo recibir a un jalifa

Un artículo publicado en el Defensor explicaba a los granadinos cómo había que preparar la visita de tan distinguido huésped. Aludía a la ascendencia granadina del Jalifa y a la “hospitalidad, la hidalguía natural y la caballerosidad aprendida de los moros granadinos y si a esto se añade algo de parentesco racial, entonces, como a hermano de la propia sangre con alegría y efusión”, lo que hace suponer que la opinión pública, más preocupada por la escasez de harina y la exorbitante subida del precio de pan, esperaba con frialdad al marroquí.

Las autoridades locales, eso sí, le tributaron un generosísimo recibimiento. Mientras el Gobernador aguardaba al séquito en Loja comiendo piononos y tomando té, el jalifa cambió de itinerario y llegó a la ciudad por la carretera de Jaén. Le esperaban el alcalde, Jesús Yoldi y una representación del Ayuntamiento, Diputación y Universidad que recibieron al ilustre huésped en el chalet de las cocheras del Tranvía. Mientras contemplaba las magníficas vistas de Granada desde la terraza del edificio, el primer edil le comentó: “nuestra ciudad ha sabido conservar todo el sabor árabe que sus antepasados dieron a Granada”.

El poeta y el emir

Entre almuerzo y almuerzo, Muley Hassan y su séquito fueron a los toros, visitaron la Alhambra, hicieron una excursión a Sierra Nevada acompañados por el ingeniero Santacruz conocieron la Escuela de Estudios Árabes en la Casa del Chapiz y la exposición de artesanía Hispano Árabe que se instalaba en el Corral de Carbón.

Muley Hassan Ben el Mehdi, designado Jalifa en 1925 con solo diez años de edad, tenía diecisiete en el transcurso de esta visita. Otro de los actos a los que acudió fue la representación, en el Palacio de Carlos V, de la obra ‘El Alcázar.

de las Perlas’ de Francisco Villaespesa, un poeta y dramaturgo almeriense considerado como el cantor por excelencia de Granada. El visir invitó al escritor a su palco y, quedó tan encantado, que decidió prolongar su estancia unos días y descubrir él mismo la lápida en recuerdo al rey Alhamar que, con versos del almeriense, se descubriría junto a la Puerta de las Granadas unos días después. En aquel acto, que tuvo lugar el 1 de junio, Villaespesa recitó pasajes de ‘El Alcazar de las Perlas’ y de ‘Aben Humeya’.

En la placa, que aún hoy está en aquel lugar en el que se colocó hace 85 años se lee:

“A Alhamar, el varón más insigne de la Casa de Nasar, fundador de la Alhambra. Porque sobrepujaste los límites del tiempo y el espacio haciendo palidecer todas las bellezas de la Naturaleza al crear las maravillas de este Alcázar, para ceñir de gloria y de inmortalidad las divinas sienes de la Ciudad inconfundible y única, recibe el homenaje conmovido de Granada y con él la admiración del Mundo, y el llanto de tus hijos desterrados que aún en las soledades del desierto, a luz de las estrellas, sueñan con el Paraíso de tus estancias encantadas.

No temas las injurias del Tiempo ni las veleidades de la Fortuna, porque tu ardor desmesurado se eternizó en el portento de estos recintos.

Podrán quedar aún las sombras de estos muros, pero su recuerdo será siempre imperecedero, como único refugio posible del ensueño y del Arte.

Y entonces el último ruiseñor que aliente sobre el Mundo fabricará su nido y entonará sus cánticos, como una despedida, entre las ruinas gloriosas de la Alhambra.”

En diciembre de 1977 se descubría otro mármol en el jardín de los Adarves que rendía un homenaje al poeta almeriense y se cumplió con su deseo de plantar rosas en el palacio al que tantas veces cantó.

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