La Granada de Ángel Casas

Efemérides de La Hemeroteca

El arquitecto Ángel Casas es autor de importantes edificios de la ciudad pero su figura es desconocida

AMANDA MARTÍNEZ

Hace unos días se cumplían cien años de la construcción del edificio de la biblioteca Municipal del Paseo del Salón. La música, el fox trot y el swing, volvió a sonar en el que fue una sala de baile para los socios del Casino. Esta vez, eso sí, todos estábamos invitados.

Para celebrar esta efeméride, los organizadores, con Eloísa Planells, jefa del servicio de Bibliotecas de Granada y Antonio Benavides director de la del Salón a la cabeza, no quisieron olvidar al arquitecto que diseñó el bonito inmueble, Ángel Casas, que también volvió al chalé gracias al recuerdo de su nieta, la historiadora del arte María Paz de la Torre, que impartió una conferencia sobre el legado de su abuelo.

Es curioso que un personaje tan importante en la arquitectura y el urbanismo de la ciudad esté en la actualidad prácticamente olvidado, sin más reconocimiento que una pequeña placita en el barrio de Doctores. Así que, aprovechando el cumpleaños de una de sus obras más reconocidas, esta sección recupera hoy la figura de un ilustre granadino: el arquitecto Ángel Casas Vílchez.

Nació en Granada en 1882 y era el único hijo de Ángel Casas Vílchez (compartía apellidos con su padre). Juan Bustos en el artículo ‘La rica arquitectura de una época’ publicado en IDEAL el 11 de mayo de 1998, apunta que su casa natal está en un edificio que aún se conserva de la placeta de Santo Cristo con entrada por la calle Boteros, pero este es un dato que no está confirmado.

Cursó los estudios en la Escuela de Arquitectura en Madrid que concluyó en 1910. De vuelta a Granada, ocupó el puesto de arquitecto municipal un trabajo que, al principio, compaginó con su estudio particular. Se casó el 1 de mayo de 1913 con María Luisa Horques Villaba con la que tuvo seis hijos. La familia se trasladó al número 40 de Gran Vía, un edificio propiedad del conocido médico Fidel Fernández, y el primero en Granada con ascensor, muy recomendable por la frágil salud de su esposa, que padecía una cardiopatía, enfermedad que acabaría finalmente con su vida pocos días después de la inauguración de otro de los trabajos más importantes de Casas: la Plaza de Toros. Transcurría el año 1928.

«Era muy culto», explica su nieta, «de inquietudes estéticas e intelectuales y poseía una excelente biblioteca». De ideas conservadoras, es muy probable que su salida del Ayuntamiento, en 1931, se debiera a motivos políticos.

Dedicado ya en exclusiva a su estudio, el 8 de febrero de 1937 fue elegido miembro de la Academia de Bellas Artes e ingresó el 4 de diciembre de 1941 junto a Rafael Contreras Pérez de Herrasti, José Navarro Pardo y Francisco Prieto Moreno. También fue vicepresidente de la Asociación de Arquitectos Andaluces en los años en los que Aníbal González, el autor de la Plaza de España de Sevilla, ocupaba la presidencia.

Hay pocos datos más sobre su vida privada. «Era muy friolero (en invierno usaba abrigo forrado de piel) y presumido; cuidaba los trajes y los complementos, que diríamos hoy: calzado (botines), guantes…», apunta María Paz, que junto a sus hermanos intenta unir las piezas del puzzle familiar. Un cáncer de vejiga acabó con su vida en junio de 1943. Es bastante desconocido su trabajo como arquitecto municipal y sería necesario un estudio académico que analice la repercusión de su trabajo en el urbanismo local sobre todo porque en los años en los que Ángel Casas tenía despacho en la plaza del Carmen, la ciudad estaba en pleno debate urbanístico y se sucedieron proyectos parciales de reforma o ensanche, en los que con toda seguridad participó.

Fue responsable, por ejemplo, del proyecto de prolongación de la Avenida de la Estación de Ferrocarriles Andaluces hasta el camino de Alfacar y de alineaciones de las calles y carreteras comprendidas entre aquel camino y la Avenida de Alfonso XIII, que redactó en 1916 y que recoge Carlos Jerez Mir en su tesis doctoral ‘La forma del centro histórico de Granada’ y Juan Bustos le señala como autor de un primer proyecto de ordenación urbana de San Matías y La Manigua, que finalmente no se llevó a cabo.

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Edificios en la Gran Vía

Sus trabajos particulares son mucho más conocidos. Sólo tiene el lector que pasear por Gran Vía. Durante la época más prolífica de la actividad profesional de Casas, esta calle iba tomando forma. Los edificios que se construían eran encargos de la burguesía local, viviendas cómodas, elegantes y cuyas fachadas, como explica Ángel Isac en ‘La transformación urbana de Granada en el s. XX’. Son «ejemplo de la nueva monumentalidad urbana burguesa, aquella que los críticos del diecinueve vislumbraron al definir la calle como un moderno pequeño burgués museo histórico».

Y en este gusto, el trabajo de Ángel Casas encajaba a la perfección. Su acusado historicismo se deja sentir «en el ritmo cuidadosamente estudiado de sus balcones; si puede, agrupa los vanos a pares y juega con esta cadencia, rompiendo en no pocas veces la simetría. Y respeta los órdenes arquitectónicos solo hasta cierto punto, sin olvidar que en los elementos tradicionales están ahí para jugar con ellos y conseguir ritmo y ligereza», describe su nieta.

Riguroso, preciso y perfeccionista, continúa María Paz, en su lenguaje destacan atractivas cornisas, sus elegantes balaustradas, las ventanas mirador en el ángulo de las fachadas o los chaflanes, y su detallismo destaca, por ejemplo, en el tratamiento de la forja, era muy habitual su colaboración con la Fundición Castaños o con el conocido el ebanista Antonio Torres Rada que esculpió el águila que remata la fachada del edificio de la Caja Rural. A los anteriores citados, hay que añadir el palacete los Müller, el Banco Hispano, el edificio de la farmacia Gálvez, en la placeta de Cauchiles, el bloque esquina entre la Avenida de la Constitución y Avenida de Madrid, o el hotel Inglaterra, ejemplos de su talento e imaginación con los que ha acreditado su lugar entre los grandes arquitectos de la ciudad.

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