Cuatro décadas del Centro Cultural Manuel de Falla, el templo de las artes en Granada

La Duquesa de Alba, Antoni Ros Marbà, Jesús Aguirre, Pío Cabanillas y otros personajes, durante el acto inaugural del 10 de junio de 1978./TORRES MOLINA
La Duquesa de Alba, Antoni Ros Marbà, Jesús Aguirre, Pío Cabanillas y otros personajes, durante el acto inaugural del 10 de junio de 1978. / TORRES MOLINA

Diseñado por José María García de Paredes, ha sido durante este tiempo el escenario de más de 3.000 conciertos

JOSÉ ANTONIO MUÑOZGRANADA

El Centro Cultural Manuel de Falla es el emblema de la historia artística de Granada. Inaugurado el 10 de junio de 1978, cumple en pocos días su 40 aniversario. Han sido cuatro décadas plagadas de acontecimientos relevantes, y el edificio, obra del arquitecto José María García de Paredes, no ha dejado de recibir parabienes de usuarios y artistas. Y ello, a pesar de que apenas una década después de su inauguración, tuvo que hacer frente a un pavoroso incendio, que obligó a replantear su patio de butacas. Aún hay quien echa de menos las antiguas y su extraordinaria comodidad. Pero esa es otra historia.

Construido sobre los cármenes de Matamoros, Santa Rita y Gran Capitán, adquiridos por el Ayuntamiento en 1972 para este fin, su arquitecto –Enrique Franco, histórico crítico musical de El País, le definió como el 'arquitecto-músico'–, llevaba ya una década imaginándolo en decenas de dibujos que hoy conserva su familia. El propio Franco dijo de él que «para ser perfecto, sólo precisaba ruedas». Faroles granadinos en el techo, sencillez de líneas, y su sala, con una de las mejores acústicas de nuestro país, definen un escenario donde se han celebrado más de 3.000 conciertos, desde aquel inaugural dirigido por Antoni Ros Marbà, quien junto a la OCG será el gran protagonista de este 40 aniversario.

La repercusión del Auditorio Manuel de Falla en la ciudad va mucho más allá de su mera existencia como sede física. Fue la plasmación de un acto de justicia, que supuso la recuperación para la memoria colectiva de la figura de Falla, tras la magna exposición organizada en el Monasterio de San Jerónimo por el propio García de Paredes y la familia Falla en 1962. Ahora, dominando la casa donde habitó, se alzaba un inmueble dedicado a la que fuera su única pasión: la música, y donde también se aloja su Archivo, que preserva y amplifica su memoria.

El primer auditorio moderno

Habla el compositor José García Román del Auditorio como «el primer auditorio moderno de España, vinculado a un Falla 'estéticamente puro', en expresión de Carlos Muñiz. España y el mundo miraban y admiraban a Granada, y García de Paredes sabía que precisaba una sala silenciosa como un pintor pueda necesitar un lienzo en blanco. Hoy el Auditorio es más que un recinto de conciertos en la 'sagrada colina arquitectónica', reflejo de una Granada humildemente grande, pues sintetiza cuatro conceptos juanramonianos: 'silencio y tiempo', 'armonía y eternidad'. Dos aspiraciones de Falla y dos regalos de su Granada, de nuestra Granada, de la Granada del mundo».

La pianista granadina Maribel Calvín, quien participó desinteresadamente en el concierto de reinauguración tras el incendio junto al también granadino Miguel Ángel Gómez Martínez, habla del enorme valor emocional que representa el Centro:«Tuve la fortuna de vivir muy de cerca las inquietudes que permitieron consolidar un proyecto granadino tan formidable como este. Era un segundo gran paso para fijar más, en Granada, la inmensa figura de Don Manuel. Con anterioridad, la casa-museo, y más adelante el Archivo, animan a decir que Falla, uno de mis compositores predilectos, está más que presente en la historia cultural de Granada».

Para el italiano Andrea Marcon, director artístico de la Orquesta Ciudad de Granada, «el Auditorio ha sido el marco idóneo para las producciones que hemos desarrollado en los últimos años, como el 'Cosí fan tutte' de Mozart, o la 'Clementina' de Boccherini. Recuerdo con emoción mi primer concierto aquí, cuando dirigí el 'Mesías' participativo; me sentí feliz como un niño. Pero quiero destacar también el papel del Auditorio como creador de públicos fieles para la música, gracias al trabajo de los hombres y mujeres que cada día lo gestionan». Marcon define el Auditorio como «una luz auténtica que se expande desde la colina de la Alhambra y acompaña desde hace 40 años la vida de esta formidable ciudad».

Sobre la programación que durante este tiempo han disfrutado los públicos del Centro, el crítico de IDEALAndrés Molinari opina que «muy pronto llegaron buenas orquestas, grupos de cámara, solistas de prestigio e incluso el auditorio se abrió para teatro, buen teatro, teatro de calidad en cuya programación intervinieron una Universidad creativa y dinámica, una Diputación que lucía más cultura que panfletillo y un Ayuntamiento que vibraba hacia el socialismo entendiendo el punto de vanguardia que tuvo esta opción política». Lamenta el crítico, a renglón seguido, el estado de la oferta actual: «Una programación escasa y mediana entrevera la temporada de la orquesta residente. Quedó muy inutilizado para teatro tras el incendio, por tanto este ni asoma».

Perspectivas

José Antonio Lacárcel, también crítico de este periódico, opina que la inauguración del Falla «supuso un antes y un después en la vida musical granadina, que se enriqueció considerablemente. En el momento de su inauguración bien podía decirse que era un auditorio ejemplar, causante de la admiración de propios y extraños. Estaba concebido como sala de conciertos pero al mismo tiempo tenía una serie de posibles usos, como clases, salas de ensayo. Se abría una perspectiva nueva para la ciudad».

Añade que «el Centro se conectó con la Casa Museo de Falla, convirtiéndose todo el complejo en una sede que, además de dar música en buenas condiciones, debía constituir algo especialmente entrañable por su vinculación con el escenario de la sencilla y austera vida del gran compositor durante los diecinueve años en que fue inquilino del carmen de la Antequeruela».

El periodista y crítico José Luis Castillo tuvo la oportunidad de tratar de cerca al alcalde Manuel Sola, y fue testigo del alumbramiento del Centro:«Recuerdo cómo Sola hablaba de la deuda que Granada tenía con Falla. El estreno de 'Atlántida' en 1961 reavivó en él una larga historia de ilusiones, y fue el gran facilitador de que se construyera el Auditorio. Un proyecto que debía ajustarse a la personalidad del compositor, a su humildad y sencillez, a su espiritualidad manifiesta. En muchas ocasiones, le oí hablar del mismo como una sala austera, casi monacal, en la que prevaleciese el blanco conventual. Incluso hablaba de que, en vez de butacas, debía haber bancos corridos, confortables, sí, pero muy sencillos, similares a los bancos de una iglesia». Con importantes cambios, el Centro mantiene, sin embargo, ese carácter de templo, cultural en este caso, para el que fue concebido originalmente.

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