El Corpus que no se olvidó

Procesión del Corpus en una imagen de los años cuarenta /Torres Molina/Archivo de Ideal
Procesión del Corpus en una imagen de los años cuarenta / Torres Molina/Archivo de Ideal
Efemérides de @LaHemeroteca

Se cumplen 100 años de la muerte de Miguel Garrido Atienza, el hombre que devolvió el esplendor a las fiestas del Corpus

AMANDA MARTÍNEZGRANADA

El 5 de junio de 1918 Granada estaba inmersa en la celebración de las fiestas del Corpus. La Retreta salió del Paseo del Salón al son de alegres marchas camino de Reyes Católicos, Plaza Nueva hasta ahogar sus acordes en la Plaza del Carmen. El Bachiller Cantaclaro firmaba la crónica de 'El Defensor' de la novillada a beneficio de La Gota de Leche. Se celebró «con bastante animación» el concurso hípico en el hipódromo de Los Llanos de Armilla y en las instalaciones del Tiro de Pichón se disputó la Copa Rodríguez Acosta en una tarde animada y concurrida.

Un castillo de fuegos artificiales iluminó la noche sobre el Embovedado.

A Miguel Garrido Atienza lo enterraron aquel día de Corpus. Qué curioso, el día grande de la fiesta que sus investigaciones y su trabajo ayudaron a recuperar.

Abogado, político e historiador

Miguel Garrido Atienza había nacido en Granada en 1854. Hijo de un notario de Huéscar fue abogado, concejal, historiador y una figura indiscutible en el ambiente intelectual y político de la Granada de su época. Sin embargo, son pocas las referencias biográficas que hay de este personaje y escasos, por decir algo, los reconocimientos a su figura a pesar de que su obra ha merecido, y lo sigue haciendo, respeto y admiración.

El catedrático de Antropología de la Universidad de Granada, José Antonio González Alcantud, se acercó a la figura de Miguel Garrido Atienza en los estudios preliminares de dos de sus trabajos sobre las fiestas del Corpus y la Toma de Granada reeditadas por la UGR: «Luis Seco de Lucena dijo de él que fue un hombre de gran cultura, histórica y literaria que perdió la mayor parte de su tiempo sirviendo a los intereses del partido al que pertenecía». «Las ideas políticas y revolucionarias de este personaje no estaban bien vistas en la Granada de su tiempo», escribe María Dolores Fernández Fígares en el artículo 'Con él volvió el Corpus' publicado en Ideal (6 de junio de 1998), aunque la necrológica de 'El Defensor de Granada' se reconcilia con su figura para destacar que fue «Consecuente político, amigo leal e intachable caballero, no se negó nunca a favorecer y auxiliar en cuanto le era dable hasta a los adversarios políticos».

Atienza fue un republicano convencido desde su juventud. Fue concejal en el Ayuntamiento de Granada y un «intelectual comprometido», como lo define González Alcantud que dejó la política desencantado y la historia local ganó a un estudioso para su causa. La fiesta del Corpus, tal y como hoy las conocemos, le debe mucho a las investigaciones de Miguel Garrido Atienza.

«En esa época hay un intento de crear una sociedad que se llamaba 'El Folklore Andaluz' –continúa el catedrático de la UGR – un grupo sevillano fundado por Antonio Machado Álvarez para el estudio de las costumbres andaluzas populares con un método científico de fondo. En Granada se produjeron contactos con intelectuales de la ciudad y aunque finalmente se frustró la idea, nombres como Paula Valladar, Afán de Ribera y Garrido Atienza se unieron en el interés por potenciar uno de los aspectos tradicionales y propios de la ciudad: sus fiestas».

El resurgir de una fiesta

Tras años desempolvando manuscritos, documentos y cuantas viejas notas caían en sus manos, en el archivo municipal, en la Chancillería, la Catedral o en archivos particulares, Garrido Atienza publicó por entregas en la revista 'La Alhambra' su estudio sobre el Corpus que después recopiló en un libro editado en 1889 en la imprenta de José López Guevara de la calle San Jerónimo bajo el título de 'Antiguallas granadinas. Las fiestas del Corpus'.

Ilustración aparecida en la revista 'La Alhambra'
Ilustración aparecida en la revista 'La Alhambra'

El libro se remonta a los siglos XVII y XVIII, cuando las fiestas gozaban de más esplendor y nos adentra en la tradición festiva del Corpus, en el cortejo de la Tarasca, en el decorado de las calles, en la tradición de los altares, «coloristas y magníficas páginas que sirven de pórtico a las que fueron escritas hace un siglo. En las que el granadino podrá descubrir una ciudad perdida para nosotros, pero viva en la historia y en la tradición. Una ciudad convertida por unas horas en lugar de magia, donde la luz y el color, el brillo y la alegría se convertían en protagonistas por antonomasia» escribe Cristina Viñes Millet en su artículo 'Un siglo de Corpus', una reflexión sobre el libro de Atienza.

El trabajo Miguel Garrido Atienza recuperó la brillantez de una celebración que no decaería hasta el estallido de la Guerra Civil.

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