El centenario del Chalé del Salón

Hace 100 años se inauguró el edificio que alberga la popular biblioteca

Postal del Chalé del Casino en los Jardines del Genil
Postal del Chalé del Casino en los Jardines del Genil / Cedida por María Paz de la Torre Casas
AMANDA MARTÍNEZGranada

Antes de que los libros ocuparan la sala del coqueto edificio que hay en los jardines del Paseo del Salón, lo hicieron los acordes del charlestón y del fox trot. Lo que es ahora una biblioteca, se construyó como pabellón de baile para los socios más jóvenes del Casino Principal: sería un lugar de diversión, reservado para el ocio y las fiestas de la alta sociedad, pero realizado en una época de grandes desigualdades sociales, en la que el día a día de la mayor parte de la población de esta ciudad era una auténtica lucha por la superviviencia.

Un lugar para bailar

A los socios del Casino Principal, que estaba ubicado en la Alameda o Carrera del Genil (donde hoy está el teatro Isabel la Católica), les molestaban sus ruidosos jóvenes que alteraban la tranquilidad de las tertulias y las partidas de dominó con estridentes veladas. Los miembros del Casino eran también los más destacados de la sociedad, política y economía granadina y no les resultó difícil convencer a JuanRamón la Chica, alcalde de Granada, para que cediera un espacio público, fuera de la ciudad, en los jardines del Genil, para construir su pabellón de baile. Una frivolidad para la opinión pública que consideró aquello una cacicada más. Hubo debate municipal, pero finalmente el ayuntamiento complació al Casino con condiciones: ellos debían hacerse cargo del traslado de la fuente de la Bomba, que estaba justo ahí, y el edificio podría expropiarse cuando el municipio lo considerara oportuno.

El arquitecto Ángel Casas construyó un bonito edificio de estilo ecléctico con sótano, una planta en alto para la sala de baile, dos torreones, uno de ellos circular rematado con una cúpula de estilo pseudo árabe, hoy desaparecida, y rodeado por una terraza con barandas de piedra.

Se inauguró el domingo 24 de junio de 1917: «A las once, hora anunciada para la celebración de la fiesta, comenzaron a llegar carruajes y automóviles que conducían los invitados», dice la crónica del Defensor de Granada. «El elemento joven se hizo dueño del salón desde el primer momento y a los acordes de un sexteto discretamente oculto, se dedicó a bailar hasta altas horas de la madrugada».

El pabellón, dice, «no responde a ninguna utilidad, por ello urge derribarlo o justificar su servicio a los granadinos» Eduardo Navarro senderos

Durante varios años la clase privilegiada de esta ciudad siguió bailando, indiferente, en el bonito salón del chalé del Casino, o practicando esgrima, otra de las utilidades que se daban a su sótano, como apunta María Paz de la Torre Casas, historiadora del Arte y nieta del arquitecto responsable del edificio.

Sin embargo eran constantes las voces críticas que denunciaban tanta ostentación en un pueblo con una tasa de paro cada vez más elevada, tanto como los precios de los productos más básicos. El estudioso de la tradición local de Granada Pepe González Martínez, en el artículo ‘De pabellón de baile a biblioteca’, recupera una carta publicada en El Defensor de Granada de Eduardo Navarro Senderos, que, en 1923, fue alcalde de la ciudad. El pabellón, dice, «no responde a ninguna utilidad, por ello urge derribarlo o justificar su servicio a los granadinos», y ya plantea que su uso más apropiado podría ser el de albergar una biblioteca «Lo que es del pueblo, al pueblo es justo que torne», concluye.

La primera sala de lectura

En los años veinte el gobierno concede a Granada una partida para la creación de una biblioteca, pero el ayuntamiento no encuentra un lugar dónde instalarla. Se habla de la casa natal de Mariana Pineda o la de los Girones, incluso el alcalde, Joaquín Ramírez Antrás, planteó que, si no se encontraba local, el mismo salón de sesiones del municipio acogería la colección de libros.

Mientras, la Sociedad del Casino desatendía sus obligaciones con la hacienda municipal, e iba acumulando recibos por ocupación de la vía pública. En 1931, el ayuntamiento salda por fin esta deuda quedándose con el chalé en el que instala la ansiada biblioteca, la primera con la que contó Granada.

Alfredo Rodríguez Orgaz fue el arquitecto encargado de su remodelación. Decoró el amplio salón de luz natural con un mobiliario «del mejor gusto, estantería capaz para muchos miles de volúmenes, ‘water-closed’, lavabos para caballeros y señoras y tocador para estas, reloj, calefacción central…», describe Ideal.

La biblioteca se abrió al público el 16 de enero de 1933, y la inauguró el día 18, Fernando de los Ríos, ministro de Instrucción Pública. «Estudiantes, obreros, muchachos. Han desaparecido la ‘niña bien’ y el ‘pollo pera’. El señorito no toma su cerveza en el jardín ni se reclina elegantemente en la butaca. Ya no suspiran los violines ni alborota el ‘jazz band’. Allí no hay más que libros, centenares de libros que abren sus páginas a los lectores silenciosos», escribe Constancio en El Defensor el 18 de enero de 1933.

Se abrió con 2.400 volúmenes con un horario de martes a sábado de 3 a 8 de la tarde y los domingos de 10 a 1, aunque la dirección tenía intención de solicitar a Madrid el cierre de la biblioteca los domingos «teniendo en cuenta que por el paseo del público y los conciertos de música en el Salón se distraerán los lectores». En verano se dejaba a los lectores asiduos que sacaran los libros a los jardines. José Fiestas Rodríguez, que era funcionario del Cuerpo de Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, fue su primer director, nombrado en comisión de servicios, pues su puesto hasta entonces había sido el de Jefe titular de la Biblioteca Universitaria de Granada; Quintín Tavera Baz, obtuvo la plaza en las primeras oposiciones que hubo a nivel nacional del Cuerpo Auxiliar de Archivos, Bibliotecas y Museos y fue destinado a la Biblioteca Popular de Granada para prestar sus servicios en ella. Tomó posesión del cargo el mismo día de la inauguración, explica su director actual Antonio Benavides.

Biblioteca municipal

Uno de estos lectores era Villar Yebra, que, a su muerte, cedió su legado a la biblioteca. En un artículo publicado en este periódico recordaba las horas que pasaba allí leyendo a Verne, Dumas o Zane Grey. Y al viejo conserje, dueño de unas cuantas gallinas que por la mañana echaba al río y, por la tarde, volvía con una cesta atada a una cuerda que lanzaba desde los alto del pretil para que las gallinas volvieran, subidas en su ascensor de mimbres, a su corral en el sótano del edificio.

En 1994, sus fondos se trasladan al nuevo edificio de la calle Profesor Sáiz Cantero, y, poco después, el 16 de marzo de 1995, reabre sus puertas como biblioteca municipal. Contaba con 20.000 volúmenes entre los fondos del Centro Artístico y bibliotecas particulares de Antonio Carvajal, Carlos Villarreal y Antonio Dalmases.

En su reinauguración Luis García Montero leyó el poema 'Como cada mañana':

Ahora sé/que estas calles nos han hecho solitarios/y nuestro corazón/

tiene el pulso amarillo/de las maderas lentas de un tranvía.

Con motivo de su centenario, el swing, el fox trot volvieron a sonar en su espacioso salón. Esta vez, todos estaban invitados

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