La antorcha olímpica en Granada

Manuel Robles, que conseguiría el bronce en los Paralímpicos de Barcelona, en la Av. de Dílar / G. Molero
Efemérides de La Hemeroteca

Hace 25 años la llama que encendió los Juegos de Barcelona prendió el corazón de los granadinos

AMANDA MARTÍNEZ

¡Qué bonito es el recuerdo que dejó el paso de la antorcha olímpica por Granada! Ha pasado veinticinco años desde aquel 16 de julio de 1992 cuando, de camino hasta Barcelona, la única ciudad española en celebrar unos Juegos Olímpicos, la provincia se volcó en el recibimiento del fuego ‘sagrado’.

El recorrido había suscitado muchas expectativas que se vieron cumplidas con creces. La provincia sintió el espíritu olímpico, se volcó con el evento y los relevistas recuerdan emocionados los gestos de los espectadores que acompañaron con aplausos y vítores a la llama olímpica.

El espíritu olímpico en Granada

La antorcha entró en suelo granadino por Almuñécar. El recibimiento fue caluroso, no solo por la masiva afluencia de gente que se agolpó en los arcenes de la carretera para presenciar el paso de los relevistas, sino por el intenso calor aliviado por la leve brisa costera. Un poco después, en las inmediaciones de Granada, una tromba de agua amenazó con deslucir el desfile. Afortunadamente la lluvia cesó en el momento justo en que el fuego olímpico se acercó a Armilla.

La climatología fue benévola cuando José Olea Varón, entonces presidente de la Diputación de Granada, efectuó el primer relevo en tierras granadinas. Esperó la antorcha a la altura de Cantarriján, 100 metros más atrás de los previsto, a las 11,20 de la mañana, con diez minutos de retraso. «No fue complicado llevarla, recuerda Olea, el recorrido era corto y en apenas unos 500 metros me esperaba otro relevista. Además estábamos más jóvenes y en forma», bromea. Recuerda lo bonito que era su diseño, obra del barcelonés André Ricard, construida en aluminio de 1,2 kilogramos de peso y 68 centímetros de alto y 16, 5 de diámetro. «Fue una bonita experiencia y además tengo fresco el recuerdo porque he ayudado a mi nieta con un trabajo para su colegio, el Sagrado Corazón, y les lleve a los niños fotos de ese día y la antorcha, que guardo en casa».

El presidente de la Diputación, José Olea, primer relevo en suelo granadino / Ideal

La Costa celebraba la festividad de la Virgen del Carmen y numerosos sexitanos acudieron al túnel de Cerrajudo o al cruce de la Paloma para vivir aquel histórico momento. Los atletas Paco Vargas, Carmen Mingorance y Yolanda Mira, subcameona de España de lanzamiento de peso, fueron tres de los relevistas que trazaron el recorrido costero.

En la capital

Cuentan las crónicas que el recibimiento en Granada fue espectacular. Desde Armilla el ambiente en la calzada iba aumentando progresivamente. Uno de los afortunados portadores de la antorcha fue el entonces jefe de Deportes de Ideal Fernando Velasco que recibió el fuego olímpico en la Carretera de Armilla: «no había tanta gente, como en el tramo urbano, claro, pero había amigos animando y la verdad es que me hizo mucha ilusión», recuerda. También sintió nervios, «por el temor a que se apagara», algo imposible gracias al sistema de combustión por gas, aunque a la antorcha le acompañaba en todo momento una lámpara de seguridad de latón que funcionaba con petróleo líquido. «Mi antorcha todavía tiene gas y funciona, y de vez en cuando, cuando viene algún amigo, la encendemos. Está en el salón de casa». Los relevistas podían quedarse con la suya por el precio de 15.000 pesetas.

Uno de los momentos más emotivos fue sin duda cuando tomó el relevo Manuel Robles, campeón de España de tenis de mesa, que participó en los Juegos Paralímpicos de Barcelona de donde se trajo una medalla de bronce. Cuando Robles cogió el relevo en la Avenida de Dílar con su silla de ruedas, los aplausos y las ovaciones de los allí reunidos hicieron que, a más de uno, se le escapara una lágrima: «Siempre digo que hay tres momentos que han marcado mi carrera deportiva, esa tarde en la que llevé la antorcha, la medalla de bronce de Barcelona ‘92 y el campeonato de Andalucía absoluto en Priego de Córdoba», una hazaña insólita ya que, con su discapacidad, batió a los jugadores físicamente normales. Y recuerda que, aquella tarde en el Zaidín, vivió una experiencia inolvidable: «fui el único representante paralímpico que portó la antorcha por Granada y fue un orgullo representar al colectivo». Por cierto, a la organización se le olvidó llevar una silla de ruedas especial, preparada con un soporte para la antorcha, y tuvo que hacer el recorrido con la silla con la que jugaba al baloncesto (Robles caminaba con muletas). Su escolta le ayudó, así él podía sostener la antorcha y saludar.

Fueron muchos los ciudadanos que acompañaron al fuego olímpico hasta el Palacio de los Deportes. Salvador Jiménez, gerente del Patronato de Deportes dio el último relevo a Esteban Montiel. 4.000 personas aguardaban en el recinto que apagó sus luces unos minutos antes de que el maratoniano, que también participó en los Juegos del 92, entrara. Un cañón de luz buscaba sin cesar al atleta que se hizo esperar cuatro minutos. Los granadinos rompieron en un aplauso mientras Montiel daba una vuelta completa al anillo interior del recinto deportivo. Luego descendió en un elevador a la pista para pasar, escoltado entre 200 linternas, hasta el lugar destinado al pebetero. Allí entregó la antorcha al alcalde Jesús Quero y ambos encendieron el fuego que presidió los actos oficiales del recibimiento, unos discursos protocolarios que precedieron a un desfile en el que se representaron los 28 deportes olímpicos. El fuego ‘durmió’ en una lámpara de seguridad en el Ayuntamiento y, al día siguiente, inició el recorrido hasta Almería.

El olímpico José Esteban Montiel camino del pebetero en el Palacio de los Deportes / González Molero

Aquel fuego llegó al Estadio Olímpico de Monjuit el 25 de julio de 1992 y encendió la flecha que lanzó el arquero Antonio Rebollo, una forma sorprendente y excitante de culminar el recorrido de la llama olímpica.

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