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Melies en el Humilladero

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El cinematógrafo Pascualini en la Gran Vía de Granada / Archivo de Ideal

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  • De la barraca de feria a las multisalas, así eran los cines donde los granadinos descubrieron el Séptimo Arte

El 28 de diciembre de 1895, los hermanos Lumière realizaron la que se considera primera exhibición comercial de una película. Los espectadores que acudieron al sótano del número 14 de Boulevar des Capucines de París vieron en una pantalla a un grupo de trabajadores saliendo de una fábrica, a un ‘regador regado’ y a un tren que amenazaba con salir de la pantalla y arrollarlos a todos. Había nacido el cine.

Entre aquel asombrado público se encontraba George Méliès, un ilusionista que elevó el nuevo invento a la categoría de espectáculo. En el Paseo del Salón, y hasta el día 21 de febrero de 2017, la Obra Social de La Caixa recuerda su figura en una exposición instalada, precisamente, en uno de los lugares donde, hace poco más de 120 años, comenzó a verse cine en Granada.

El profesor De la Torre Calvín, que era un gran conocedor de la historia de esta ciudad de principios del siglo XX, señaló como la fecha oficial del nacimiento del cine en Granada el mes de mayo de 1903 cuando el Teatro Principal, que más tarde se llamó Cervantes, programó una sesión de ‘bioscope’ (que era «un aparato óptico utilizado para reproducir y proyectar imágenes en movimiento», según la Wikipedia) con las películas ‘Corrida de toros’, ‘El incendio’, ‘Exposición canina’ y ‘Colección de fieras’. José Luis Entrala en un artículo publicado en este periódico (’Historia de una muerte anunciada’ IDEAL, 19 de febrero de 1989) tomo este dato como el de la primera sesión de cine en el «ambiente de una sala acondicionada». Pero los granadinos ya llevaban varios años disfrutando del cinematógrafo que llegó, al igual que en otras ciudades, como si de un espectáculo de circo se tratara.

Con la llegada de las fiestas del Corpus o en los días de verano de los primeros años del pasado siglo, en la plaza del Humilladero, el Embovedado o el Paseo del Salón y, más tarde, en la plaza del Carmen, plaza Nueva, Trinidad, Gracia o Bib Rambla, se instalaban barracas para ver películas. Carpas que al principio eran itinerantes, montándose y desmontándose de barrio en barrio y que, con el paso del tiempo, se establecieron en ubicaciones concretas. Lugares con nombres tan fantásticos como el Cine Luminoso, Palais Royal, el Cinematógrafo Lumiére, el Cinematógrafo Mágico Pascualini, Petit Trianon, Lux Eden, o el primero de todos ellos, el Teatro de Verano instalado en 1896 en el Humilladero, pocos meses despues de aquel pase histórico de los Lumière.

«No se puede negar que Granada tiene una trayectoria increíble a nivel sociológico en cuanto al tema de teatros y cine. El cine llegó como una bocanada de aire fresco y fue muy bien recibido por el público, y por la prensa», explica Mateo Arias, profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación y autor del libro ‘Granada: sociedad, cine y arquitectura’. Estos primeros cines estaban construidos con materiales pobres, con apenas unas sillas y lonas sucias sobre un pavimento de tierra. Era frecuente que contara con un piano o un órgano «que eran un reclamo para el público y amenizaban los entreactos pero que, al estar mal insonorizados, daría muchos quebraderos de cabeza a sus propietarios debido a las continuas quejas del vecindario», añade el profesor, por no hablar de la poca seguridad que presentaban aquellos barracones.

El incendio del Palais Victoria

A las 3 y media de la tarde del 3 de agosto de 1907 las campanas de la Catedral dieron la señal de fuego en la parroquia del Sagrario. Se había declarado un incendio en la carpa del Palais Victoria un día después de que se instalara en la plaza Bib Rambla. Una chispa eléctrica provocó que los lienzos de la cubierta prendieran, las llamas se propagaron con rapidez y, en poco tiempo, se redujo a cenizas.

Los materiales altamente inflamables con los que estaban construidos, tanto las películas como las barracas, hacían que en sus primeros años el cinematógrafo fuera peligroso. En Granada era la Junta de Espectáculos el organismo que velaba por la seguridad de los escenarios y el que, poco a poco, va regulando la exhibición. Las carpas dejaron de ser itinerantes, se construyen con más esmero, se decoran con pinturas y otros materiales incombustibles y el proyector se encierra en una habitación provista de una chimenea de tiro y separada del patio de butacas.

El 13 de mayo de 1905 se inauguró el primer local dedicado casi exclusivamente al cine en Granada, el ‘Salón Iris’ en la Carrera del Genil.

El cine Lux-Eden

Apenas unos días después, el 9 de junio, abre sus puertas el Cinematógrafo Pascualini, uno de los cines más populares de la época «una barraca de madera cubierta de lona» situada en la flamante Gran Vía granadina, todavía a medio construir, en un solar entre las calles Zacatín y Oficios. Por cierto, cuenta José Luis Entrala que cuatro años después, en 1909, cambió su nombre para convertirse en el ‘Lux Eden’. «El local se hizo muy popular pero los granadinos, sin muchos reparos a la hora de pronunciar los nombres exóticos, lo bautizaron como ‘el lueden’». La fotografía de esta carpa situada en plena Gran Vía, justo donde hoy está el edificio del Santander, es una de las pocas imágenes que tenemos de estos primeros cines en nuestra ciudad. Elbarracón del ‘Lux Edén’ desapareció en 1917, cuando comenzaron las obras del Banco Hispano Americano diseñado por Ángel Casas.

De las barracas a las salas

No solo se proyectaban películas en las carpas. Los teatros Principal e Isabel la Católica, el de la Plaza de los Campos, comienzan pronto a programar sesiones del cinematógrafo que, debido a la brevedad de las primeras cintas, alternaban con espectáculos de varietés. «Pero pronto los empresarios se dan cuenta de que la arquitectura de los teatros no era la más idónea para ver cine», continúa Mateo Arias, «y se atreven a construir auténticos ‘palacios para el cine’, salas edificadas ex profeso para ver películas que podrían estar perfectamente a la altura de los cines de grandes ciudades como Nueva York».

El Regio, construido en 1914, «marcará el principio de una nueva etapa constructiva, en la que los espectadores demandan salas de cine lujosas donde la sociedad más refinada podía sentirse cómoda», explica Arias en su tesis doctoral en la que destaca el cine Olimpia de Gran Vía como el máximo exponente de esta arquitectura y del que hoy solo queda en su recuerdo una cafetería con su nombre. Su derribo, como el de la mayoría de las grandes salas ha sido «un auténtico atentado contra el patrimonio porque aquellos cines eran, desde el punto de vista arquitectónico, un orgullo para Granada».

Para saber más

ARIAS ROMERO, Salvador Mateo. 'Granada, el cine y su arquitectura' Universidad de Granada. Facultad de Filosofía y Letras. Año 2009

Historia de una muerte anunciada José Luis Entrala. Ideal 19 de febrero de 1989

Cines de Granada. José Nadal. Asociación Granada Histórica y Cultural, 2002