Ideal

La tradición del 2 de enero

Niños en la campana de la Torre de la Vela.
Niños en la campana de la Torre de la Vela. / T. M.
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  • Tras la cena de Nochevieja, el ritual de la Toma y el repicar de la campana de la Torre de la Vela dan la bienvenida a un nuevo año en Granada

Los granadinos comienzan cada año cumpliendo con un ritual del que hoy se cumplen 525 años. «¡Granada!, ¡Granada!, ¡Granada!: Por los ínclitos Reyes Católicos Fernando V de Aragón e Isabel I de Castilla ¡Viva el Rey! ¡Viva España! ¡Viva Granada!» Con pequeñas variaciones estas son las palabras que se pronuncian antes de las tres tremolaciones del Pendón. Más de cinco siglos de celebración que nunca se ha interrumpido independientemente del régimen político o de las circunstancias que se atravesaran. Una tradición que ha arraigado más en la sociedad al unírsele el toque de campana de la Torre de la Vela tañida por el entusiasmo de las jóvenes que, según la creencia popular, esperan casarse antes de que finalice el año.

La ciudad se despierta al toque alegre de la campana que en 1773 fundió José Lorenzo Corona. Se cuenta que la creencia de que tocar el instrumento ayuda a pasar por la vicaría, arranca de los tiempos en los que proliferaban los talleres de modistillas y sastras. En aquellos días, las dueñas de estos establecimientos donde trabajaban decenas de jovencísimas aprendices, daban descanso vespertino a las mozuelas y las llevaban a la Torre de la Vela a tomar el sol. Poco a poco, los jóvenes se iban dejando caer por el lugar a sabiendas de que allí había chicas. Era uno de los mejores lugares para ligar; de ahí que probablemente fuera cierto que del toque de la campana surgieran muchos matrimonios.

«La que toca el dos de enero,

la campana de la Vela

se casa dentro de un año...

...si no se queda soltera»

Esta campana, se ha empleado para dar toques de riego, de horas, de cambio de guardia, de rebato y como escribió Gómez Montero, «vigila el sueño de los granadinos» a los que ha avisado de los sucesos extraordinarios y de situaciones de peligro, pero cada dos de enero suena loca y en cada repique lleva la tradición de varias generaciones.