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Un café en el Gran Hotel Victoria

Postal de principios del siglo XX de Puerta Real con el hotel Victoria y la calle Recogidas al fondo
Postal de principios del siglo XX de Puerta Real con el hotel Victoria y la calle Recogidas al fondo / Archivo de Ideal
  • HISTORIAS DE @LAHEMEROTECA

  • Un artículo publicado hace 65 años sobre los trabajadores del emblemático hotel de Puerta Real sirve de guía para recuperar su historia

Granada disfruta de una trilogía de establecimientos hoteleros que vuelven a coincidir abiertos en el tiempo. Son el hotel Alhambra Palace, el Washington Irving y el Hotel Victoria que forman parte del "paisaje y esencia del alma de Granada", como en alguna ocasión se refirió a ellos Enrique Padial.

En el embudo urbano de Puerta Real, se alzaba el Victoria, uno de los grandes hoteles de la ciudad. Se construyó para hospedar a los clientes de clase alta que, cada vez en mayor número, se sentían más atraídos por los encantos turísticos esta ciudad.

En 1901, la fonda de la Victoria se había convertido en el Gran Hotel Victoria. Era propiedad de Federico Iniesta, conocido en la ciudad por su oficio de "alquilador de carruajes". El empresario adquirió la vecina posada de las Imágenes y unió los dos edificios a los que más tarde añadió un inmueble con frentes a la calle San Antón.

Pidió al arquitecto Juan Montserrat y Vergés, muy activo en Granada en el cambio de siglo, un proyecto para su reforma y ampliación y, unos años más tarde, ¿quién podría reconocer lo que fue la antigua posada? Sus huéspedes ya no eran los agricultores que venían a la ciudad a vender sus productos en las alhóndigas sino visitantes extranjeros que buscaban un aposento confortable durante su estancia en Granada.

En los años cuarenta, el flamante Gran Hotel Victoria se anunciaba así: "Magníficas habitaciones, cocina inmejorable, salón de lectura, baños, luz eléctrica, teléfono y cuantas comodidades pueden apetecer los señores viajeros. No se han alterado los precios, a pesar de las grandes mejoras efectuadas en el espléndido edificio". Cuenta Juan Bustos en su "Andar y ver" que, como era norma de los buenos hoteles de entonces, el Gran Hotel Victoria seguía enviando a la Estación de Andaluces, a la hora de llegada de los trenes, hasta media docena de suntuosos coches, modelos landeaus, tirados por dos caballos y conducidos por cocheros de gorra de plato.

Hacia 1940, el negocio del hotel cambió de propietario y pasó a manos de uno de los personajes granadinos más curiosos de este siglo. Se llamaba Juan Fernández y Fernández y era de La Peza. Fernández salió del pueblo para hacer la mili y ya no volvió. Entonces apenas sabía leer ni escribir y con 350 pesetas en el bolsillo recorrió Europa, trabajó en el Royal Palace Hotel de Londres, donde conoció a Alfonso XIII, dirigió el "Trocadero", uno de los más importantes restaurantes españoles en la capital británica, y hasta llegó a intimar con el príncipe de Gales, pero la guerra lo trajo de vuelta a Granada donde volcó su experiencia en hacer del Victoria un hotel que pudiera equipararse con los mejores del mundo.

Singular, emblemático y bullicioso, estaba concurrido a la hora del aperitivo, a primeras horas de la tarde cuando servían su clásica merienda y, por supuesto, eran muy populares las fiestas que tenían lugar en el célebre salón, único en su clase, que nada tenía que envidiar a los más elegantes de las grandes urbes europeas.

Los empleados del Victoria

Una tarde del mes de octubre de 1951, un redactor de IDEAL se tomaba un café en el establecimiento anejo al hotel Victoria en la calle San Antón. Cómodamente sentado en uno de los taburetes ante el mostrador, entre los sorbos del "legítimo moka", da conversación al barman que le va presentando a los trabajadores del emblemático establecimiento. Turatti, así se llamaba el camarero, era un joven de veintiséis años que había hecho célebres los combinados del bar-salón del Victoria. Contaban que entre los extranjeros, especialmente los turistas americanos, triunfaba su mezcla enrevesada de licores y que más de uno había apuntado alguna receta para exportarla a su país.

Hasta él se acerca Justo Están, el conserje, que saluda en francés al periodista. No era el único idioma que conocía, podía utilizar sin dificultad el catalán, italiano, sueco y sabía algo de alemán e inglés, pero, lo que más le gustaba al buen empleado era hablar en esperanto.

Continúan las presentaciones: Eloy Durán Aguado tenía 25 años y era el jefe de recepción más joven de España; Carmen Fernández era una camarera, hija de tramoyistas del Isabel la Católica que ejercía como actriz en el teatro en sus turnos de descanso del hotel. El maitre, José Martín López era un paisajista reputado, alumno de Morcillo.

Para terminar, el redactor pasó a la cocina. Oficiaba José Millán Muñoz, un reputado chef que había preparado los menús para la visita de Franco o de Eva Perón. No pudo el redactor conocer a todos los empleados. En aquel octubre de 1951 eran noventa y tres los que trabajaban para el señor Fernández y Fernández.

Testigo de la historia

Cuartel general de citas y tertulias, es testigo de algunos de los acontecimientos de la historia de Granada. Por ejemplo, cuenta este periódico que la presentación de Andrés Segovia en Granada, allá por 1907, fue en los salones del Hotel Victoria con un recital que ofreció junto al "Quinteto Albéniz". Dicen las crónicas que un señor del público quiso felicitarles personalmente. Este señor resultó ser Isaac Albéniz.

Más anécdotas: ¿sabían que junto a la puerta del Hotel Victoria partió, el 11 de julio de 1904 el primer tranvía de esta ciudad? Cubría el trayecto desde Puerta Real hasta Plaza Nueva y fue tal la expectación que policías a caballo tuvieron que proteger el primer vehículo de la multitud de curiosos que, entusiasmados, querían protagonizar el viaje inaugural. Y nadie olvida aquel día, en 1951, en el que reventó el Darro justo a sus puertas.

El nuevo Victoria

En el año 1997, los propietarios plantearon un proyecto de reconstrucción que no fue aceptado por Cultura. Un año más tarde, el hotel se cerró ante la indignación de los trabajadores que se atrincheraron en la suite real para evitar el desahucio. Tampoco gustó la decisión de su cierre a los granadinos, que recordaban con tristeza el caso del Suizo.

Ese mismo año, NH Hoteles firmó un acuerdo para su explotación y, tras varios años de espera, consiguieron permisos para la reforma. En su restauración se respetó la fachada, pero el edificio se vació. La tradicional cafetería, que permitía desde sus ventanas escudriñar el pulso de la ciudad, desapareció y un restaurante ocupa ahora el espacio del salón de baile. El hotel volvió a abrir sus puertas en octubre de 2005.

Más información

Hotel Victoria. Enrique Padial. Ideal, 28 de marzo de 1996

Hotel Victoria. Juan Bustos, Ideal, 20 de julio de 1998