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De los campos a los campus

Fuentenueva. Con la ejecución del proyecto de Facultad de Ciencias, en 1963, se iniciaba su construcción.
Fuentenueva. Con la ejecución del proyecto de Facultad de Ciencias, en 1963, se iniciaba su construcción. / IDEAL
  • nuestros horrores urbanísticos | la universidad y el urbanismo utilitarista

  • La Universidad de Granada también contribuyó al modelo especulativo del urbanismo desde una postura utilitarista. En momentos decisivos se subió de modo irreflexivo y egoísta al caballo desbocado del desarrollismo con actuaciones que vinieron a colaborar en el proceso de degradación urbana de la ciudad. Cierto que su fin no fue el económico, pero a una institución académica de su género y talla le era exigible otro comportamiento y otra visión

Con su expansión contemporánea, la UGR favoreció como cualquier otro especulador el urbanismo indeseable que azotó la ciudad en las fatídicas décadas de los cincuenta a setenta del pasado siglo, aunque algunas de las intervenciones más perjudiciales vendrían después. Algunas, ejecutadas en momentos muy recientes, solo tienen explicación desde la permisibilidad que se arrogó la institución en aplicación de esa doctrina de búsqueda exagerada de la utilidad, que le llevó a anteponer la solución de sus particulares problemas a cualquier razón. Ejemplos no faltan: el polideportivo y pabellón cubierto de Cartuja, que conmovió el prístino entorno del monasterio de Nuestra Señora de la Asunción, el Aulario de Derecho junto al monasterio de San Jerónimo, o la edificación de la Escuela Superior de Ingeniería en el Campus de Fuentenueva. Todos vinieron a aumentar la percepción de compactación de Granada en zonas en la que en una ciudad universitaria y patrimonial como la nuestra, jamás debió permitirse.

Decisiones estratégicas

Granada merecía un mejor trato por la Universidad que nunca debió acometer la solución a sus problemas de espacio con una expansión desconsiderada, primando el utilitarismo sobre los intereses de una ciudad en la que la tutela de las panorámicas y lugares históricos, así como la preservación de su inmenso patrimonio, debía ser el primer presupuesto de cualquier actuación. Lejos de contribuir ejemplar y científicamente favoreciendo la conservación de sus propios edificios y rehabilitando otros que no habrían desaparecido de haber sido seleccionados para resolver sus problemas de crecimiento como institución, la UGR sucumbió al efectismo de lo más fácil. Tomando decisiones estratégicas que con el tiempo se han revelado erróneas.

La UGR realizó también intervenciones meritorias, como la restauración del Hospital Real para sede del Rectorado que mereció el reconocimiento internacional, o la construcción de nuevos edificios que vinieron a aportar notablemente al discurso arquitectónico de la ciudad contemporánea, como el destinado a nueva Facultad de Ciencias, de Cruz López Müller; algo menos con la Facultad de Filosofía y Letras, de Francisco Prieto-Moreno, inspirado en el proyecto de nuevas facultades de la Universidad Autónoma de Madrid, con tímidas aportaciones singulares, y por supuesto, con la rehabilitación de bienes de interés patrimonial decisivo como el antiguo palacio del Almirante de Aragón para ETS de Arquitectura, como ejemplo más reciente.

De campos a Campus (1936)

En el verano de 1936, poco antes comenzar la Guerra Civil, la UGR anunciaba su propósito de trasladarse a las inmediaciones de la Cartuja, por razones de espacio. De hecho causas diversas, en especial, que los claustros de las distintas facultades no querían «apartarse del núcleo urbano», hicieron que la iniciativa se demorara bastantes años. Se buscaron espacios alternativos pero a la postre junto al Campus de Fuentenueva, que fue el primero, nacería casi simultáneamente el de Cartuja. Con ambos se acabaría con lugares singulares y bucólicos, necesarios para la preservación de la ciudad.

El primer edificio en construirse en el nuevo campus fue el de Filosofía. Proyectado en 1971, tras varios años de obras y algunos ajustes llevados a cabo por Francisco Jiménez Robles, sería inaugurado para el curso 1976-77. El edificio de hormigón visto sobre pilotes con grandes superficies acristaladas, quedó conformado con una arquitectura interesante en sus formas, tanto en el interior como en el exterior, donde dio acogida a elementos evocadores de espacios genuinamente locales, como jardines y patios empedrados.

Sin embargo, el interés constructivo del diseño de Prieto-Moreno no fue continuado por los edificios que se implantaron seguidamente. Con excepciones como el destinado a Facultad de Teología, de Ricardo Lahoz, los destinados a otras facultades o a edificios auxiliares de la actividad universitaria (exclusión hecha de los colegios mayores de los jesuitas, especialmente el Loyola, acogido en un original diseño de Carlos Pfeiffer) vinieron a usurpar uno de los mejores espacios de Granada. Junto a otras construcciones permitidas como la EASP o el 112, el urbanismo utilitarista practicado por la UGR en Cartuja determinó como efecto un macizamiento del espacio, quedando asfixiadas edificaciones de notable importancia como el observatorio astronómico de 1903, o la propia Cartuja.

Fuentenueva (1962)

Con la ejecución del proyecto de Facultad de Ciencias, de Cruz López Müller, situado junto al antiguo pago del Puente del Cristiano, se iniciaba el Campus de Fuentenueva. Un edificio emblemático, original, interesantísimo desde el punto de vista de la Arquitectura de vanguardia, que sin embargo a lo largo de los treinta años siguientes fue sufriendo adiciones y reformas no tan valiosas. Las obras comenzaron en 1963 y en octubre de 1969 se inició el traslado de las secciones de la facultad a los primeros pabellones concluidos. En su entorno se había previsto la creación de un gran parque urbano que daría prestancia al Campus en el que el edificio de la Facultad de Ciencias era el primer edificio que se insertaba en esta idea de conjunto. De ahí que Cruz López Müller se planteara el edificio ocupando sólo un 17 por ciento de la superficie total disponible, dejando numerosos y amplios espacios para jardines. La planta, con una serie de brazos en peine que conformaban patios de carácter intimista, obedecía a un esquema tipológico que para aquellos años ya se había impuesto en muchos centros universitarios de todo el mundo, con lo que se trataba de implantar un diseño sosegado que debería extenderse a todo el Campus, sin embargo, la realidad iría por otro lado y la idea inicial quedó mutilada. La vulneración se inició con edificios todavía interesantes como el de Arquitectura Técnica, pero después se favorecería la aparición de edificios innobles, imprecisos, innecesarios, como el pabellón deportivo universitario o el resto de construcciones potenciadas por la UGR tanto en el propio Campus como en sus inmediaciones que al final arrojaron un pobre balance. Es el caso de la antigua Facultad de Farmacia y de los colegios mayores Isabel la Católica y antiguo San Jerónimo, junto a otros privados como el Albaicín.

Las actuaciones continuaron hasta nuestros días por esta senda de permisibilidad generando un urbanismo utilitarista de resultados similares a los derivados del desarrollismo especulativo, que hizo del proyectado Campus de Fuentenueva, una quimera.