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Viaje sin retorno de la Dama de Baza

En la madrugada del 15 de septiembre de 1971, la Dama de Baza es trasladada al Museo Arqueológico Nacional.
En la madrugada del 15 de septiembre de 1971, la Dama de Baza es trasladada al Museo Arqueológico Nacional. / Torres Molina/Archivo de Ideal
  • efemérides

  • Se cumplen 45 años de la salida de la escultura íbera hacia el Museo Arqueológico de Madrid

La Dama de Baza se descubrió a las once de la mañana del día 21 de julio de 1971, cuando unos obreros limpiaban la tumba numero 155 de la necrópolis del cerro del Santuario, que se pensaba estaba vacía. Manuel Martínez Valdivieso, alias "El Manitas", que entonces tenía 17 años de edad, picó algo duro y saltó una piedra pequeña y coloreada. Se lo comunicó a Baldomero Álvarez Morenate, que era el encargado. Baldomero fue al lugar donde estaba trabajando "El Manitas", metió el palustre «y en un instante la tierra que cubría la cara se cayó y dejo al descubierto un rostro de mujer, que parecía que estaba viva; yo me sorprendí y me eché hacia atrás del susto, pero reaccioné y vi una imagen con unos colores perfectos, con las mejillas coloreadas, como recién maquillada». Contó Baldomero Álvarez al periodista José Utrera en un reportaje en 2001. Álvarez fue la primera persona que vio la cara de la Dama de Baza en 23 siglos.

Al contrario de lo que sucedió en Elche, con su Dama, la de Baza apareció contextualizada y aportó mucha información desconocida hasta ese momento, gracias a una excavación dirigida por el profesor Francisco Presedo Velo y financiada por el magnate catalán Pere Durán Farell.

Los arqueólogos y los obreros tardaron dos días en descubrir y limpiar completamente la escultura, que fue cubierta por unos plásticos. La tumba donde apareció también fue protegida por una lona, lo que no impidió que la Dama de Baza, bautizada así por los bastetanos, frente a quienes defendían

Descubrimiento de la escultura

Descubrimiento de la escultura / ANVALRA/Archivo de Ideal

que se tratada de una diosa, perdiese gran parte de su rico colorido. Francisco Presedo Velo empleó su experiencia en Egipto, en las excavaciones de Heracleópolis Magna, para intentar mantener intacta la policromía de la escultura y en su limpieza se utilizaron palillos de madera, porque los cepillos arrastraban el color con suma facilidad. Una vez limpia intentó fijar la pintura mediante la pulverización de laca, «lo cual, y a pesar de todos los riesgos, fue lo único que pudo lograr algo de éxito en la empresa por mantener el colorido de la escultura», relató en su día el propio Presedo Velo. La gran diferencia de temperatura y humedad que había cuando la escultura estaba enterrada y protegida por una tierra muy fina, que además mantenía la humedad, frente al calor seco del verano bastetano de 1971 propició la pérdida de gran parte de su colorido.

Secreto a voces

Muchas personas que vivieron el hallazgo de cerca, aseguran que el descubrimiento se intentó mantener en secreto y poder trasladarla a Madrid de forma clandestina, de igual manera que habían salido muchas piezas arqueológicas y que aun hoy se encuentran expuestas en museos particulares de determinado mecenas que corría con los gastos de las excavaciones.

Entre la confusión y la curiosidad, miles de bastetanos de todas las edades comenzaron una peregrinación hacia el campo de tiro al plato, que era la referencia vecinal, para determinar el lugar donde había aparecido la escultura. El equipo de Presedo Velo intentó proteger el hallazgo de la avalancha humana, pero cada cual se las ingeniaba para verla. Las mejores ocasiones se presentaban cada vez que acudía al lugar alguna autoridad local o provincial y una de esas oportunidades se produjo cuando visitó la excavación el gobernador civil. Los medios de comunicación tardaron varios días en dar la noticia del hallazgo y lo de hacer fotos fue una auténtica aventura y casi misión imposible.

El fotógrafo bastetano Marcos Caparrós recuerda como se las tuvo que ingeniar para simular una avería en su coche y desde el suelo poder hacer las primeras fotos. El ebanista local Antonio Sola Encinas fue el encargado de hacer el cajón en el que se introdujo la escultura para iniciar su exilio, primero se trasladó al Museo Arqueológico Provincial, a donde llego el 28 de julio, para permanecer guardada en el mismo embalaje hasta que en la madrugada del día 15 de septiembre, por sorpresa, fue cargada en un camión para su traslado a Madrid. Este instante lo inmortalizó Torres Molina en IDEAL.

Tanto el desaparecido Diario Patria como IDEAL publicaron antes y después del traslado numerosas opiniones que decantaban por que la escultura del siglo IV antes de Cristo se quedara en Granada, por aquel entonces no había museo en Baza, hoy si.