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La vertiginosa desaparición del Coliseo Olympia

Fachada del cine Coliseo Olympia con el cartel de la última película que se proyectó, 'Víctima de la Ley'.
Fachada del cine Coliseo Olympia con el cartel de la última película que se proyectó, 'Víctima de la Ley'. / IDEAL
  • nuestros horrores urbanísticos

  • La vorágine especuladora se cebó con tan emblemático edificio

El 15 de marzo de 1968 se proyectaba la última película en el majestuoso Coliseo Olympia. Su título: "Víctima de la Ley", una producción norteamericana de 1964 dirigida por Larry Peerce que fue nominada al Oscar al mejor guión original. Su título era un presagio, porque el emblemático edificio de Matías Fernández Fígares sucumbiría precisamente víctima de una modificación de la normativa municipal, buscada de propósito, para dar vía libre a la especulación más voraz que registra la historia de Granada.

El Coliseo Olympia

No hubo ninguna justificación para tirar el mejor edificio de su género en Granada. No era una construcción ruinosa o inservible. Ni siquiera era vieja. Tenía solo 48 años. El Coliseo había sido inaugurado el 20 de noviembre de 1920. Su aparición fue toda una fortuna porque la empresa que lo erigió, la Sociedad Olimpia, tuvo intención de construir la gran sala de cine que «exigía una ciudad como Granada», en el antiguo caravansar del Corral del Carbón. Explicaron hasta la saciedad que respetarían la portada nazarí que sería restaurada. Sin embargo, la protesta ciudadana e intelectual dio al traste con la intención de la promotora capitaneada por José Gómez Tortosa y otros principales 'prohombres' de Granada, siendo finalmente abandonada. Fuera como fuere, de tal conflicto resultó por una vez un beneficio para nuestra ciudad y la idea de construir un edificio de categoría donde proyectar las incipientes producciones cinematográficas que tanto demandaba la ciudadanía, hizo posible la aparición del Coliseo Olympia. Para ello se eligió el mejor solar en la más importante calle de Granada; un inmueble exento, propiedad de Manuel López Sáez, ubicado en el número 17 de la Gran Vía. El buen propósito de dotar a Granada de un coliseo modélico comenzaba a materializarse.

El gran Coliseo

El proyecto se encargó a Matías Fernández Fígares, acaso el arquitecto más afamado y relevante que ha dado Granada en el último siglo y medio. La construcción al maestro Antonio González Pastrana. La decoración al virtuoso creador Manuel Garnelo Alda, al que como director artístico se le debe la magistral impronta del edificio y del relieve escultórico situado en el friso que representaba el Olimpo. El nombre 'Olympia' que estallaba en el centro del frontón, como sinopsis clásica que evocaba la antigua Grecia, se reflejaba en la concepción integral del edificio, cuyas severas líneas helénicas guardaban entre sí una proporcionada armonía. La fachada constaba de un cuerpo central, rematada por el frontón triangular que descansaba sobre vigorosas columnas sobre las que lucía el amplio friso donde Garnelo Alda representó el Olimpo presidido por la todopoderosa figura de Apolo, en el centro, esparciendo laureles sobre las musas. La bella composición se desarrollaba de uno a otro lado entre las representaciones alegóricas del Tiempo y la Historia. Los cuerpos laterales de la fachada, con puertas y columnas avanzadas de menor tamaño, dotaban al conjunto de una excepcional prestancia grecorromana. El resto del edificio, exterior e interiormente, era de un logro estético ejemplar; impensable para Granada del momento y no digamos ya de la posterior.

La auténtica razón

La razón genérica de la desaparición del Coliseo Olympia, como de otros edificios emblemáticos de la Gran Vía la abordaré en el capítulo siguiente al tratar sobre la debacle constructiva que se cernió sobre la esta parte de la ciudad en los años sesenta del pasado siglo. Pero la razón particular de su desaparición no fue otra nada más que la especulación urbanística pura y dura. La más desalmada, intransigente y desvergonzada búsqueda del beneficio fácil a costa de la estética y la dignidad de la ciudad. No hubo otra. Lo más lamentable es que fue propiciada desde las instancias municipales.

Se dijo en el momento que la explotación del cine, el negocio, no era rentable; que el edificio estaba obsoleto y ruinoso. Estas fueron las razones espurias esgrimidas para justificar su demolición de manera vertiginosa, «como del rayo» -parafraseando la elegía de Miguel Hernández-. Seguidamente el Coliseo Olympia, murió aplastado por un impersonal bloque de pisos, tal vez el ejemplo exponencialmente más vergonzante de la arquitectura provocada por la especulación feroz y desalmada que rompió la armonía modernista conseguida para la ciudad entre 1895 y1933.

Tras la demolición, las columnas corintias, los relieves de Apolo, las musas del frontón, la majestuosa escalinata, las entradas porticadas laterales, las fachadas de las calles Lecheros y San Agustín, los vistosos lucernarios, la claraboya central del patio de butacas, las escenas de los juegos Olímpicos que pintara Garnelo Alda y las quimeras que tallara, de las que pendían globos luminosos, la imponente lámpara central, las cresterías de palmeras, el amplísimo patio de butacas, los elegantes palcos con pasamanería de terciopelo rojo, la magnífica platea, la gran caja escénica, el foso, el amplio vestíbulo y escalinata de mármol y sobretodo la historia acumulada por el Coliseo, hicieron sucumbir el mejor edificio de su género en Granada, del que hoy día nos encontraríamos ufanos y orgullosos, por tener un equipamiento cultural y de ocio de primerísimo orden en pleno centro de la ciudad. En su lugar quedó un incalificable edificio de pisos y oficinas.