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Proyección en una de las salas de Los Vergeles.:: ramón l. pérez Página de cartelera de IDEAL en el verano del 61.
Proyección en una de las salas de Los Vergeles.:: ramón l. pérez Página de cartelera de IDEAL en el verano del 61.

Cine bajo las estrellas

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  • Con el cierre de Los Vergeles desaparecen los cines de verano de Granada, un formato que vivió su época dorada entre los años cincuenta y sesenta

Formaba parte de la liturgia con la que comenzaba el verano. El solar, abandonado durante el invierno, cobraba vida. Una mañana, el portón, que solía ser de color verde o rojo, amanecía abierto. Un trabajador, encaramado a una escalera, cambiaba los cristales rotos de la cartelera mientras otro se afanaba en encalar las paredes y perfilar con pintura negra el marco de la pantalla. Luego se regaba el suelo y, en pocos días la película se disfrutaba «pisando tierra fresca, recién regada, entre macetas, parterres y flores, dompedros, madreselvas, rosas, que saltaban por encima de las tapias a la calle y cuyo aroma se hacía más y más penetrante a medida que avanzaba la noche» ('Veraneo de los pobres' Juan Bustos, IDEAL 6 de agosto de 2001). No solían programar películas de estreno, pero era un cine familiar, al que estaba permitido llevarse el bocadillo, la sangría y hasta el cojín. Sin duda, que al hacer historia de nuestra cultura popular del siglo XX hay que citar inevitablemente a los cines de verano.

Acaba de cerrar el último que quedaba en esta ciudad. El cine Los Vergeles era un héroe que había apagado luces y encendido el proyector durante treinta y cinco veranos. Cuando abrió al público, en 1980, ya había pasado la época dorada de lo que entonces se conocían como las 'terrazas de verano'. El del Zaidín, tan solo tenía como competencia el cine Alameda y el Tívoli. El Alameda, entre el Camino de Ronda y Martínez de la Rosa, ocupaba el solar de un almacén de hierros. Cerró en 1995 cuando comenzó la reordenación de la zona y la construcción de la plaza de Einstein. El Tívoli, cerca de la plaza Fontiveros, también fue muy popular pero apenas duró seis u ocho temporadas. Su último verano fue el de 1987. El desarrollo urbanístico de la ciudad fue acabando poco a poco con ellos. Lo mismo le pasó a la terraza de Las Flores, cerrada en 1993 (funcionaba desde 1984), cuyo solar ocupó la construcción del Centro Comercial Neptuno. De esos años son también un efímero cine Central y Las Torres, en La Chana.

El universo cultural de toda una generación se gestó en las incómodas sillas de estos cines: 'Los Goonies', 'Regreso al Futuro', 'Cuenta conmigo', 'Tras el corazón verde', las pelis de Indiana Jones, las ochenteras de Almodóvar y hasta aquellas gamberras de 'Porkys'. La última generación que disfrutó realmente de los cines de verano.

Chaplin al fresco

Desde la época del cine mudo ya había en Granada exhibiciones al aire libre. José Nadal, en su libro 'Cines de Granada', recuerda a los pioneros, como el Teatro Gran Capitán, que ocupaba el solar del Palacio de los Córdova en la plaza de las Descalzas donde, en los años veinte del siglo pasado, compartían cartel las pelis de Charlot con los espectáculos de varietés. También se proyectaban películas en las terrazas de cafés como el España, en Plaza Nueva, que instalaba una rudimentaria pantalla o en la plaza de toros del Triunfo que alternaba corridas con películas.

Sin coches para bajar a la playa y sin apenas opciones de diversión, los cines al aire libre se convirtieron en la mejor opción de veraneo. A partir de los años cincuenta su número aumentó. Llegó a haber hasta quince que los espectadores frecuentaban con una asiduidad que hoy extrañaría. Eran tan populares, que hasta se les dedicó una caroca:

«Como el negocio va mal,

el zapatero escolano ha pensado,

colocar en su pequeño local,

un buen cine de verano»

Otro de los más frecuentados fue el cine 'Palermo' de la Acera del Casino. Ocupó el solar que dejó el antiguo teatro Isabel la Católica, destruido por un incendio en 1932. Era un local de espectáculos que, lo mismo anunciaban funciones circenses, como de baile o copla y películas. La terraza cine Palermo desaparecería al poco tiempo para levantar en su solar el teatro municipal que, después de algunas reformas, ha llegado hasta hoy.

De esta época es también el local de verano que se instaló en la calle Darro del Boquerón. Se trataba del cine Goya que funcionó dos temporadas y en el que se alternaban las películas con veladas de boxeo. Más tarde, se construiría en este mismo lugar el Cine Gran Vía.

Hubo más: el Cine Colón, a espaldas del Café Fútbol tenía fama de programas las mejores películas que le reservaba el Palacio del Cine, de los mismos propietarios. Entonces un número, del 1 al 4 acompañaba a cada título de la cartelera. Era la clasificación moral de los espectáculos, que se organizaban de esta manera: s.c, sin censura; 1: autorizada para todos los públicos; 2, para mayores de 14 años; 3, para mayores de 18 años; 3R, mayores de 18 con reparos, solo para «personas de sólida formación», decían; pero, si era un 4 el número que acompañaba al estreno, entonces era «gravemente peligrosa» y prácticamente era un pecado asomarse a la proyección.

Desde el Bellavista, en el Albaicín, se contemplaba la Alhambra. El más fresquito de todos era el Nevada, a la entrada de la Carretera de la Sierra; en la calle Alhamar abrió el 'Albéniz', uno de los más concurridos. Funcionó durante más de veinte años, hasta 1975. Era un local de barrio donde, según cuenta Nadal, era frecuente que «los caballeros fuesen con la chaqueta del pijama y las familias con sus botijos y cojines para aliviar los picores de las sillas de enea».

El Zaidín crecía, y en los veranos de los sesenta aparecieron el 'Azul', el 'Río', el 'Rex'. En los jardines del Triunfo se montaba una pantalla cada verano y, en Cruz de Quirós estaba el que quizás fuera más pequeño de todos.

Ahora quedan iniciativas como la que, desde hace unos años, ofrece el Museo de CajaGranada en la Plaza de las Culturas. También hay buen cine en las Cuevas del Sacromonte y los granadinos han visto excelentes pelis al aire libre en la Huerta de San Vicente.

También están aquellos ciclos de Diputación que llevaban cine de verano a los pueblos de la provincia... Ojalá no sea un adiós definitivo y algún día vuelvan a nuestras vidas las terrazas de verano.

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