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La calle Recogidas, una calle con 60 primaveras

La calle Recogidas, una calle con 60 primaveras
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  • Se cumplen sesenta años del inicio de las obras de ensanche de la calle Recogidas, uno de los ejes de la transformación urbana de Granada

El 23 de enero de 1943, ante un abarrotado Paraninfo de la Universidad, el alcalde Antonio Gallego Burín (Granada 1895-1961), expuso las ideas fundamentales de su proyecto de ciudad. ‘La reforma de Granada’, título de la conferencia, recogía el espíritu de Ganivet en forma de declaración programática: «Fijadas las dimensiones de la ciudad futura, –explicó el alcalde que había tomado posesión de su cargo en 1938– había que cuidar, en primer término de sus enlaces con la antigua, para no romper la unidad entre una y otra y no aislar a ésta como pieza de museo...» Pero que no se alarme nadie, parecía advertir el ilustre conferenciante, «ya que, como este Ayuntamiento ha adquirido fama de derribar cuanto mira, puede pensarse que en esa afirmación se envuelve el propósito de echar abajo media Granada. Desgraciadamente, el siglo XIX cumplió bien su obra destructora en nuestra ciudad y lo que, en el XX se hizo en ella, que ha sido bien poco, se hizo a costa de lamentables sacrificios».

La reforma de la calle Recogidas, efemérides que recuerda este artículo, materializó la filosofía urbanística que describió Gallego Burín en aquella reveladora disertación. El 27 de marzo de 1956, el ayuntamiento ordenó el derribo de varios edificios de la acera de la izquierda de la calle Recogidas. Había que ensancharla (la nueva calle iba a tener 15 metros de ancho), abrirla al tráfico rodado y, de paso, unir el centro con la nueva zona de expansión que suponía el Camino de Ronda, la primera vía de circunvalación de la ciudad construida en los años treinta. La iglesia de Santa María Egipciaca y la posada de Patazas, fueron los edificios sacrificados en pro de la modernidad.

Beaterio y prisión

El beaterio de Santa María Egipciaca, popularmenta conocido como Recogidas y que daría el nombre actual a la antigua calle de la Verónica, era el lugar en el que las religiosas trataban de enderezar la conducta de las mujeres de vida torcida o licenciosa. En los años cincuenta del pasado siglo, fecha de su derribo, era un colegio de niñas internas y externas regido por monjas Terciarias Carmelitas.

Fundado en 1594 por el arzobispo Pedro de Castro, el Beaterio de Recogidas era una construcción austera en el que lo más destacado, describe Juan Manuel Barrios Rozúa en su ‘Guía de la Granada desaparecida’, era la portada de la iglesia que seguía el modelo de Ambrosio de Vico. Marino Antequera describe en un artículo publicado en IDEAL el 28 de marzo de 1956, un patio con cenadores adintelados y una iglesia «con portada de mala traza y torpe ejecución, de principios del siglo XVII, y primorosa cúpula que cubre la capilla mayor y que representa la glorificación de la Inmaculada».

En 1747, continúa Barrios Rozúa, se estableció la congregación de María Santísima de la Esperanza y en 1753 el Hospicio y el Beaterio se unieron a iniciativa del Marqués de la Ensenada. Con la invasión francesa, el edificio fue subastado a unos particulares que convirtieron la residencia y el jardín en casa de vecinos, vivienda, granero y baños públicos mientras la iglesia la destinaron a cochera. Las religiosas volvieron al beaterio en 1813. En 1860 la iglesia fue rehabilitada bajo la dirección de José Contreras, obras que continuaron con la remodelación de la residencia por Jiménez Lacal. En 1949 pasó a ser un colegio.

Cuando se autorizó el derribo, en el antiguo Beaterio aún se conservaba la celda donde permaneció recluida la heroína Mariana Pineda cuando fue detenida con una bandera morada a medio bordar para la causa liberal. La habitación fue destruida junto con el edificio parece ser que en 1958, aunque es muy difícil precisar la fecha exacta de esta demolición.

Posada Patazas

El segundo inmueble sacrificado fue la popular posada de Patazas, un importante punto de encuentro de viajeros, diligencias, arrieros y corsarios en el siglo XIX que en 1956 «solo conserva el prestigio de su antigüedad». Se había construido en el siglo XVIII y era la más antigua de las cinco posadas que quedaban en Granada. Tras su derribo, permanecían en pie los edificios de la fonda del Sol, la de la Espada en la calle Alhóndiga, el Pilar del Toro de la calle Elvira y las Angustias, en el Humilladero.

Una vez que comenzó el ensanche de Recogidas, el siguiente obstáculo a salvar fue el Palacio de los Patos, un precioso palacete ‘fin de siglo’ construido en 1890 por el arquitecto Giménez Arévalo para el matrimonio Moreno Agrela. El ayuntamiento expropió la parte del jardín que más sobresalía y demolió la vivienda de los porteros que se encontraba en la trayectoria de la nueva calle.

En 1960, Recogidas se convirtió en el enlace directo entre el centro comercial y administrativo (formado por el eje de Puerta Real, Reyes Católicos y Ganivet) y el Camino de Ronda. «Se convierte en la zona de viviendas de mayor atractivo para la más acomodada burguesía local, a la vez que una importante zona comercial que se verá complementada con la ejecución de otro importante eje residencial y comercial, Pedro Antonio de Alarcón», escribe el historiado Ángel Isac en el capítulo ‘La transformación urbana de Granada’ del coleccionable Historia de Granada publicado por IDEAL.

Un paseo por Recogidas

Hoy día esta calle es una de las más importantes arterias comerciales de Granada y apenas cuenta con edificios antiguos.

En 1942 se construyó el cine Aliatar, ahora ocupado por una discoteca y una franquicia de ropa. En la esquina con Solarillo de Gracia estaba el colegio Calderón, fundado por el general carlista del mismo apellido y donde estudió Francisco Ayala. Sus propietarios lo vendieron en 1969 a una empresa constructora para levantar en su lugar el edificio Castro, que se terminó en 1979.

A finales de los sesenta abrió el Garaje Rex.

El Palacio de los Patos acoge, desde 2005, uno de los hoteles más lujosos de la ciudad; la ONCE trasladó su sede a la Plaza del Carmen, al antiguo edificio de Paños Ramos que, por cierto, se mudó a Recogidas en los ochenta. Onda Cero se instaló en el inmueble de la Organización de Ciegos y, durante un tiempo, compartió edificio con la Confederación de Empresarios. Lo demás son viviendas, oficinas bancarias y comercios.

Con este nuevo ‘ensanche interior’, como diría Ángel Ganivet, la ciudad ganó un nuevo acceso, pero construyó una entrada sin vistas porque los nuevos edificios, los primeros de esta altura en Granada, impidieron para siempre contemplar desde aquí la Alhambra y Sierra Nevada.