Vacaciones solidarias en los Balcanes

Víctor -con el cartel de 'No one is illegal'- posa junto a otros cooperantes y refugiados en la zona de Subótica.
Víctor -con el cartel de 'No one is illegal'- posa junto a otros cooperantes y refugiados en la zona de Subótica.

«Debemos formar parte de la solución, no del problema, con una participación de forma activa, no sólo a través de las redes sociales» Víctor González es un granadino que ha dedicado sus días libres del verano a ayudar a los refugiados huidos a la zona de Serbia

ALEJANDRO RUZGRANADA

«Hay que formar parte de la solución, no del problema». Este es el lema de vida de Víctor González García, joven granadino de 33 años que ha dedicado sus vacaciones veraniegas a la ayuda de refugiados europeos. Si el año pasado el destino escogido por Víctor fue Grecia, en esta ocasión ha sido Serbia, concretamente la ciudad de Subótica, en la frontera con Hungría, donde ha dado rienda suelta a su concepto de justicia social. Allí, relata con dolor, cuando la policía 'caza' a los refugiados, los trata como a animales, les atacan con perros y les pegan.

El voluntario -que trabaja en unos grandes almacenes de la capital granadina como responsable de comercio electrónico- pide más cooperación ciudadana. Él estudió ingeniería, pero ha pasado la segunda quincena de agosto en el país balcánico amparando de forma voluntaria a las personas que huyen de sus países debido al yihadismo. Allí Víctor compartió casa junto a un grupo de voluntarios. Dos semanas se le antojaron muy poco tiempo para ayudar a unos 500 refugiados repartidos entre la frontera de Serbia y Hungría. Víctor eligió esta zona de los Balcanes debido al impacto que le produjeron las imágenes que vio en televisión el pasado invierno. Aquellas estampas le parecían más propias de la segunda Guerra Mundial que del siglo XXI.

Día a día

El cooperante cuenta que su día a día se estructuraba en dos mitades diferentes, una para organizar la ropa de las donaciones en un almacén gigante haciendo trabajo de logística y otro que se basaba en el reparto de duchas, agua y comida. Víctor trabajaba con refugiados que provenían en su mayoría de países como Afganistán y Pakistán. Su labor no sólo se quedaba en las tareas básicas con los asilados, cuenta que también realizaban otro tipo de actividades como pintar camisetas para venderlas o jugar partidos de fútbol, pues había que hacerles el día a día lo más liviano posible a los desplazados, dentro de las circunstancias.

El granadino describe conmovido el drama que sufren los exiliados. Viven en bosques en mitad de la maleza bajo unas condiciones infrahumanas y prefieren quedarse ahí a vivir a un campo de refugiados, «porque eso más que campos parecen cárceles».

En su retina aún aparecen imágenes con las condiciones alimenticias e higiénicas tan malas. Esas personas -debe decirlo- carecen de derecho a la sanidad. Ellos emigran de sus países por temas religiosos y políticos con los talibanes, todo se debe al radicalismo religioso», apostilla.

Y aún así, dentro de la crueldad hay espacio para el humor. 'The Game':así denominan los refugiados a cruzar la frontera. El juego. El cooperante cuenta que para llegar a Europa tienen que hacerlo a través de Grecia o Serbia previo pago a la mafia. La reserva es de 200 euros pasen o no y si consiguen atravesar al otro país entregan hasta más de 2.000 euros en tierra europea. Víctor relata que en dos semanas ha visto a gente durmiendo en vagones de trenes abandonados o fábricas viejas, sitios de difícil acceso para la policía. Explica que la Policía abre fuego contra todas sus pertenencias, y que no los detienen ni los echan, ya que consiste en una política de desgaste para que vuelvan a los campos. El granadino asegura que hasta la misma Policía le ha dificultado sus labores de voluntariado pidiendo que dejase de ayudarles o registrando el almacén de ropa.

Justicia

Víctor defiende que su voluntariado no es por solidaridad, sino por justicia social y que prefiere pasar sus vacaciones ayudando. Argumenta que cuando uno tiene ganas de cambio y actúa en base a sus valores, al final las cosas salen. Víctor pretende continuar en Granada con su labor solidaria. Reconoce que duele mucho conocer la situación y que su idea es dar charlas a los jóvenes de los colegios de Granada, ya que a ellos todavía se les puede proporcionar información de lo que está ocurriendo de verdad.

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