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«Mis vecinos me ayudan a alimentar a mi hijo, ni la Junta ni el Ayuntamiento»

GRANADA

«Mis vecinos me ayudan a alimentar a mi hijo, ni la Junta ni el Ayuntamiento»

Mickael es un 'nuevo pobre', que vive 'en precario' desde 2008, cuando la empresa de construcción para la que trabajaba le dejó a deber 5.000 euros

16.09.12 - 01:13 -
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El jueves Cruz Roja de Granada hizo público que necesitaba ayuda urgente para atender a 6.000 'nuevos pobres', gente que antes integraba las clases medidas. Esos individuos han acudido en los últimos tiempos a la institución solidaria a pedir ayuda porque son víctimas de la depresión económica y social que padece España. Mickael Raymond Le Lievre -nacido en Bélgica, pero residente en la península ibérica desde hace tres décadas- es uno de ellos y se atreve a hablar a cara descubierta; al contrario que la mayoría de los ciudadanos en su situación, que se «mueren de vergüenza» al reconocer que no tienen qué darle de comer a sus hijos, según narran los técnicos de Cruz Roja. El testimonio de este padre soltero de 37 años hace que se anude la garganta.
Desde que su pequeño nació hace una década, él lo cuida concienzudamente. La madre se marchó y, aunque existe una orden judicial para que pague una pensión alimenticia y cumpla un régimen de visitas, ella hace caso omiso. «Es insolvente, no hay más que hacer. Reside en Marbella», narra nuestro protagonista, que no se lamenta de ello.
Hasta 2008, Mickael era un hombre feliz y «contentísimo». «Trabajaba en la construcción mientras mi crío estaba en el colegio. Cobraba 1.200 euros. Tenía coche y casa. Y podía alimentar a mi criatura con dignidad y comprarle algunos juguetes».
Pero en ese fatídico año le dejaron a deber 5.000 euros en la empresa donde curraba. A él y a cuatro cuadrillas más de albañiles. Está de juicios, pero cree que lo máximo que va a conseguir son 300 euros por daño moral. Desde entonces, ha buscado empleo a la desesperada, ha realizado infinidad de cursos de inserción laboral... «Me han llegado a echar de la oficina del INEM dos veces por pesado», apostilla. Pero no termina de recoger los frutos. Con el paro agotado e intentando tramitar una mínima ayuda familiar que no sabe si le llegará, hace cinco días que se quedó de nuevo sin trabajo -esta vez como camarero- cuando la suplencia de verano que estaba realizando en un bar de tapas de la capital llegó a su fin.
«Así llevo cuatro años, he hecho de todo, chapuzas, pintura... Y, qué quieres que te diga, he tenido que trabajar en negro, porque mucha gente lo quiere así y tengo que darle de comer a mi hijo. He cobrado cantidades mínimas por dejar una casa arreglada...», apostilla.
Él habla de su retoño -saca notable de media en el colegio y los miembros de la Cruz Roja aseguran que está siendo criado con mucha responsabilidad-, pero se olvida casi de decir que a él le diagnosticaron anemia hace dos meses porque no se alimenta lo suficiente. «Los comedores sociales están atiborrados de gente. Eso no se dice. Ni la Junta de Andalucía ni el Ayuntamiento te resuelven estas situaciones. Son mis vecinos quienes me dan comida, unas lentejas, unas galletas, leche...». Narra su caso y a uno se le vienen a la mente las imágenes de una economía de guerra, pero él es vecino de la Chana, uno de los barrios más populares de Granada, una ciudad europea del siglo XXI.
Precisamente en ese distrito, el 20 de septiembre, se abrirá un comedor social gracias a una iniciativa vecinal. «Como llevo unos días parado, estoy echando una mano en la puesta en marcha del proyecto», abunda.
Mickael es solo un ejemplo. «Tenemos muchos otros usuarios viviendo en casa de los abuelos y negándose a aceptar lo que les está ocurriendo. No están acostumbrados a pedir una ayuda social y nos llegan por la puerta de detrás. Incluso personas que antes hacían donativos a Cruz Roja y ahora necesitan que nosotros les ayudemos. Impensable. Ingenieros de Caminos, por ejemplo», narra Francisco Escribano, presidente provincial de la oenegé.
Al límite
En mayo, los servicios sociales municipales decidieron que este joven padre de origen belga y su hijo, que pagan unos 290 euros de alquiler, tenían que acudir inmediatamente a la Cruz Roja para beneficiarse de programas que cubren aspectos de la vida diaria donde las administraciones públicas no llegan. «Proporcionamos material escolar al niño, preparamos laboralmente al padre, les damos algunos alimentos, alguna mínima ayuda al alquiler...», explica una de las técnicas de la entidad, que ha abierto dos cuentas para hacer donaciones: en Caja Granada, 2301-0000-06-0115059806 y en Caja Rural, 3023-0099-17-0990010001.
«Una de las cosas que más me duele es que no puedo cumplir con mi hijo las promesas que le hago, por ejemplo, si saca buenas notas. No pude llegar a comprarle la Play Station 3, que tanta ilusión le hacía y que se la había ganado porque es muy bueno. Yo creo en la educación por objetivos y no puedo realizarla», explica indignado.
Ahora se enfrenta a uno de los periodos más duros, porque por primera vez se ha quedado en paro sin derecho a prestación por desempleo. «Me faltan meses por cotizar», abunda. «Es crudísimo no saber qué va a pasar con tu casa y con tu hijo, pero parece que empieza a convertirse en algo normal en este país», remata.
Su familia tampoco puede ayudarle. «Mi padre, separado, está viviendo en Estepona, en una habitación solo. Y mi hermano duerme en casa de un amigo. Están peor que yo. Además, no tengo mucha conexión con ellos», ilustra.
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«Mis vecinos me ayudan a alimentar a mi hijo, ni la Junta ni el Ayuntamiento»

Mickael Raymond Le Lievre, padre soltero, cobraba 1.200 euros en la construcción antes de la crisis, ahora sobrevive a duras penas. :: G. MOLERO

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