El verano de Jemima Sánchez Iborra se llama Saúl, su hijo, un bebé que apenas lleva seis meses en este mundo convulso y en permanente estado crítico. Su trabajo como concejala en el Ayuntamiento de Granada –con solo 27 años, es la benjamina de la Corporación municipal– no le ha permitido estar todo lo que quisiera con el pequeño. Así que va a dedicar la mayor parte del estío a devolverle a la criatura las horas y los días que le robó la política municipal. Su segundo propósito vacacional no es tan dulce y delicado. Jemi, que es como le dice todo el mundo, quiere juntar a Las Perras, un ruidoso grupo femenino de punk que dio bastante guerra en la provincia entre 2008 y 2009, pero que tuvo que disolverse porque las obligaciones personales y profesionales de sus componentes eran incompatibles con el anárquico ‘carretera y manta’ que exige el rock. Ahora están a punto de enchufar de nuevo los ‘amplis’ para volver a las andadas. Dice la edil que, antes incluso de formalizar el renacimiento de Las Perras, ya le han salido cuatro o cinco ‘bolos’. O sea, que expectación hay.
Jemi, la ternura y la furia.
–La primera pregunta tiene poco que ver con la temática de la entrevista, pero la curiosidad es un bicho que pica mucho. ¿De dónde viene Jemima, su nombre?
–Ja, ja, ja... Es un nombre bíblico. Es que a mis padres les gusta poner nombres raros a sus hijos, ja, ja, ja...
–No me diga...
–Sí, me hermana se llama Dámaris, ja, ja, ja....
–Pues sí que es original, sí... Ya su hijo le han puesto Saúl. ¿También lo sacó de la Biblia para seguir la costumbre familiar?
–Es verdad que también es un nombre muy bíblico, pero no se lo pusimos por eso. Mi marido lo escuchó, le gustó y decidimos llamarlo así.
–Otra curiosidad, ¿qué hacía antes de meterse en política?
–Era trabajadora social en la zona Norte de la ciudad.
–Y militante del Partido Socialista, supongo...
–Pues no. Soy independiente y mantengo mi independencia por encima de todo.
–¿Cómo son los veranos en la zona Norte?
–Se hace mucha vida en la calle. Me recuerda mucho a los pueblos. La gente está en las puertas de la casa y los niños jugando alrededor.
–¿Es usted de pueblo?
–No, soy de una ciudad, de Fuengirola.
–Ufff, mucha movida en Fuengirola, ¿no?
–¿Por qué te crees que estoy en Granada? Aquí los veranos son más tranquilos.
–¿Piensa salir fuera de Granada este año?
–No, procuraré disfrutar de mi bebé, porque cuando estoy trabajando no puedo.
–Entonces, todo el tiempo para Saúl...
–Sí, estaré con mi niño. Eso es lo principal. Pero también intentaré retomar el grupo Las Perras. Queremos volver a tocar para echar ratos.
–¿Por qué Las Perras?
–A mí me gusta, ja, ja, ja... Es un buen nombre para un grupo que hace punk.
–¿Cómo nació la banda?
–Fue en 2008, en el Valle de Lecrín. Éramos cuatro chicas a las que nos gustaba mucho la música. Nos conocimos en un concierto de Hora Zulú, intercambiamos teléfonos y empezamos a ensayar. Yo había estudiado en el Conservatorio. Estuve varios años... Hice algo de piano. Luego me enteré de que la Escuela Municipal de Música daba clases de bajo eléctrico y me apunté.
–¿Qué tipo de música escucha?
–De todo. Pero, en general, me gustan el punk, el rock y el metal nacional: desde Leño hasta Extremoduro, pasando por La Polla Récords. Y de aquí de Granada, Hora Zulú y María del Mal. Con el batería y el cantante de estos últimos tuve un proyectillo musical que se llamó Los inexistentes.
–¿Y a qué aspiran Las Perras? ¿Cree que podrían vivir de su arte?
–Ja, ja, ja... Lo único que queremos es pasarlo bien. No tenemos ninguna expectativa de grabar o ser las mejores del mundo. Pero ya nos han salido cuatro o cinco ‘bolos’.
–¿Por qué lo dejaron?
–Porque una se casa, el trabajo, ahora yo con el niño... Asumimos una serie de responsabilidades que mandaban más que nuestros gustos.