Ruido. La dimisión de Carlos Dívar. Ruido. La peleita, que diría José Chamizo. Ruido. La crisis. Ruido. Los recortes. Ruido... A Inmaculada Montalbán, magistrada y vocal del Consejo General del Poder Judicial, no le va el alboroto, pero ha tenido que soportar un primer semestre del año de lo más estruendoso. Quizá lo haya hecho alguna vez, pero cuesta imaginarla pegando gritos. Adora la calma del campo. Lógico: es de pueblo y veranea en el pueblo: Iznalloz, en los Montes Orientales de Granada. Por tanto, es acatucitana -un gentilicio casi musical-. Allí vuelve cada estío, huyendo del estrépito de la gran ciudad y la 'alta política' judicial.
-¿Usted veranea feliz o en familia?
-Ja, ja, ja... Yo quiero veranear en familia, porque me paso el resto del año viajando. Aunque también es verdad que hay veces que llegó y me encuentro sola, porque cada uno está en su trabajo, en sus estudios... Pero, bueno, lo que quiero es recuperar el tiempo que no estoy con ellos.
-¿Sus hijos son ya mayorcitos?
-Pues sí. Tengo tres: la mayor tiene 22 años, el niño, 18 y la pequeña, 16.
-Se lo preguntaba porque, con esas edades, empiezan a tener otras prioridades e imagino que no será fácil atraerlos al nido...
-Es cierto. Casi que tengo que ir detrás de ellos. Resumiendo, que deseo veranear en familia, pero me temo que tendré serias dificultades para conseguirlo. Aunque también es normal que los hijos quieran estar con los amigos.
-Y siempre Iznalloz, ¿no?
-Pues sí. La mayor parte de las vacaciones las paso en el pueblo, en Iznalloz. También bajamos a Motril (su marido es funcionario en el Ayuntamiento de la localidad costera).
-Y aparte de las raíces y los recuerdos, ¿qué le da Iznalloz que no haya en otro sitio?
-Me gusta mucho el campo, sobre todo el silencio del campo. Me gusta saborearlo. Es que el silencio es un bien escaso. Fundamentalmente eso es lo que busco y encuentro en Iznalloz. También me encanta que conoces a la gente y puedes hablar de temas distintos a lo que son las conversaciones diarias. Eso me relaja. Y aprovecho para leer. Me encanta leer novelas...
-¿Con cuál está ahora mismo?
-Con una reedición de 'Ana Karenina', de Tolstoi, que compré en Madrid. La leí cuando era adolescente y seguramente fue una versión incompleta, pero eso he querido releerla.
-¿Y no se ha traído en la maleta alguno de esos sesudos y áridos tochos que suelen manejar ustedes los juristas?
-Siempre hay papeles por el medio...
-No me diga que se lleva trabajo a casa también en vacaciones...
-Pues sí, siempre. El verano se puede aprovechar para actualizar conocimientos y también para preparar el curso siguiente. Por ejemplo, en el Consejo General del Poder Judicial estamos trabajando en el Convenio de Estambul contra la violencia sobre la mujer, que se aprobó en 2011 y, prácticamente, se basa en la normativa española. Ese convenio es vinculante para toda Europa. Así que sí, mezclo la novela y el trabajo. Pero, ya digo, lo fundamental es dedicarme a no viajar y a disfrutar del silencio. Normalidad y silencio.
-Ha dicho que también acostumbra a bajar a Motril durante el verano. ¿Qué le gusta más el campo o la playa?
-Me gusta compaginar ambas cosas.
-Suelen hacerse recomendaciones vacacionales entre los vocales del Consejo General del Poder Judicial. Por ejemplo, ¿les ha hablado usted de Iznalloz?
-Claro que sí. Iznalloz es un pueblo conocido para mis compañeros del consejo. A veces les comento giros del habla granadina y del habla de la zona de Iznalloz y les hace gracia. Alguno incluso me ha dicho: 'He pasado cerca de tu pueblo y hacía un frío de mil demonios', ja, ja...
-Y la viceversa, ¿alguno de sus compañeros le ha invitado a visitar su terruño?
-Pues también. Se establecen relaciones personales y siempre hay invitaciones para pasar un rato más distendido, para poder conocernos más. Pero, vuelvo al principio, lo que yo intento fundamentalmente es que el verano sea familiar.