Apenas cinco kilómetros antes de llegar al centro de Almuñécar, donde se encuentran las playas más familiares y populosas, al visitante le reciben cuatro playas menos bulliciosas. Son las más desconocidas. La primera es Calabajío, que a diferencia de otras playas sexitanas, tiene la arena más fina, un atractivo que no pasa inadvertido para sus fieles visitantes, como María Molina vecina de Granada. «Para mí esta es la mejor playa de Almuñécar porque como está resguardada y no es muy larga el agua suele estar más calentita». Muchos bañistas piensan que esta playa se llama Playa Cálida, que es el nombre del gran hotel de cuatro estrellas que descansa sobre la colina que protege la cala. Otros la llaman playa del Mediterráneo, por el parque del mismo nombre que tiene una extensión de 38.000 metros cuadrados y que está situado en la franja costera que separa la playa de Calabajío y El Pozuelo. El parque tiene un sendero a pie de playa con una gran variedad de flora, donde abundan los cañaverales y palmeras subtropicales. Otros llaman a esta playa Calabajío, por el restaurante con zona chill out que se ubica aquí y que, con sus farolillos y sombrillas blancas de ala ancha, llevan aires ibicencos a la playa sexitana.
El bañista asiduo de esta playa es el almuñequero. Con o sin crisis, la gente no renuncia a los placeres del sol y el mar, aunque aviva el ingenio para que el día de playa salga económico. Tanto es así que playa Galera está tomada por sombrillas de colores y neveras portátiles. Elena Jiménez, que disfruta de un apetecible bocadillo de filete empanado con tomate y aceite, lo tiene claro: «La playa no es playa si no te traes tu comida preparada de casa, es que aquí todo sabe mejor. Cómo vas a comparar tu pipirrana, tus tortillas de papas y filetes caseros con una paella de un restaurante». Además Jiménez se declara fan de esta zona de playa porque el agua no cubre y permite jugar dentro del mar a la pelota. «Además el agua es cristalina y la arena es mucho más fina y limpia que en otras playas», apunta convencida.
El parque del Mediterráneo tiene además un toque romántico y son muchas las parejas enamoradas que en los últimos tiempos han elegido este escenario para darse el sí quiero. Lo que hace que este paraje sea tan especial es que sobre el parque del Mediterráneo hay una pequeña explanada con una valla de madera con excelentes vistas del mar. La siguiente parada conforme el visitante se aleja de Almuñécar en dirección a Salobreña es Cabria, una playa recortada de 250 metros de longitud y 30 de anchura.
Camino de rocas
«Prefiero esta playa porque viene mucha menos gente que a las playas céntricas y además la arena es mucho más limpia y fina que en el resto de Almuñécar», comenta Alfonso García, un bañista llegado de Granada. Tras el cuarto de kilómetro de longitud de la playa, llegamos a un acceso que conecta Cabria con su cala, es un pequeño paso de apenas cien metros donde hay menos afluencia de bañistas, al estar más alejado de la playa principal.
La ruta por estas tres playas hermanas culmina a dos kilómetros de la playa de Cabria. Allí se encuentra la playa de Barranco de Enmedio, encallada entre cortijos y barrancos. Se trata de una playa muy diferente a las dos anteriores, apenas transitada pero idónea para los que buscan paz y desconectar de los problemas cotidianos así como también para practicar el buceo. Visitar esta playa es como regresar a los años Ochenta. Dos furgonetas hippies aparcadas con ropa tendida de la antena del televisor dejan ver que estos visitantes piensan quedarse una temporada. Esta playa no está catalogada como nudista, aunque gran parte de los bañistas lo practican sin problema por el ambiente íntimo que se respira en la zona. El torbellino de curvas y cuestas que hay desde el desvío de la N-340 hasta llegar a la playa es en parte el motivo de que esta zona no sea muy frecuentada. Además el desvío hacia la playa no está señalizado, por lo que es recomendable ir con alguien que conozca el lugar o con el GPS programado.
Juan Gerónimo es el hermano mayor de esta playa desde hace más de tres décadas, cuando bautizó su chiringuito como Restaurante Barranco de Enmedio. Con su techo de láminas de uralita y cañaveras, este restaurante es un verdadero oasis setentero para aquellos que quieran traer a la memoria aquella época en la que se bebía Sanitex y se enterraba la sandía en la orilla para que estuviese más fresquita. El nombre de esta playa tiene un origen curioso a la par que matemático y le viene de la construcción de la carretera Nacional 340. Antes de las modificaciones que sufrió esta carretera, la playa el Barranco de Enmedio quedaba separada tanto de Almuñécar, como de Salobreña por los mismo kilómetros, siete.