Cantarriján, perteneciente a Almuñécar, es la última playa de la provincia granadina en el lado oeste y una costa única por muchas razones. La primera es que forma parte de un parque natural, el de Maro-Cerro Gordo, declarado tal en 1989, que se puede admirar ya en el camino de llegada. De hecho, mucha gente se detiene en la zona para asomarse a los diferentes miradores y, por ejemplo, tomar el bocadillo entre las montañas, con vistas al mar. La segunda, su difícil acceso. Para remojarse allí es necesario dejar el coche en un aparcamiento que la Junta de Andalucía habilitó en 2008 y usar el autobús lanzadera que transporta bañistas por un camino de curvas, vegetación, tierra y emoción, por lo sinuoso de la carretera. Llegar es difícil pero un simple vistazo convence al bañista de que la visita merece la pena. Y tercera, su carácter naturista en un ambiente de tranquilidad y respeto. Todos los motivos unidos crean un paraje recóndito y paradisíaco que hace sentir al visitante como si fuese una de las últimas personas de la Tierra. Cada uno es libre de elegir si utilizará bañador o no, pero los pudorosos pueden resguardarse en la primera bahía, donde es más habitual que haya gente vestida, porque una vez pasadas las rocas del acantilado los nudistas son mayoría. Para Mati, que la ha visitado durante más de veinte años, esto no es un problema. «No le digáis a mucha gente lo bonito que es esto para que siga siendo igual de íntimo», bromea mientras cuenta que, en realidad, la playa ha sufrido una colonización de los textiles, que en argot nudista es cómo denominan a los que llevan bañador. « Aún así, lo más importante de todo esto es que cada uno es libre de ir como quiera y disfrutar de la intimidad del lugar. Aquí desnudarse es voluntario». Aún así, no es necesario llegar y pegar para ser admitido. Eso sí, lo más importante es el respeto hacia los demás y evitar la actitud de mirón, porque todos vienen a pasar un buen rato. De hecho, el tipo de gente que acude se contagia de la serenidad reinante y forman una pequeña familia cómplice. De todos ellos, los hombres suelen ser más atrevidos que las mujeres, así como las personas de más edad que son las que muestran menos tapujos a la hora de desvestirse. Y para los que buscan un ambiente gay, la bahía que se esconde tras el peñón es la favorita de este colectivo. Además, hay numerosas opciones, como explorar la zona, alquilar un hidropedal, disfrutar de un masaje o practicar el buceo.
Sin embargo, esta playa no estuvo exenta de polémica, pues su condición de paraje natural acarreó discusiones para su conservación y la Junta de Andalucía tomó la resolución de establecer un parking gratuito para evitar que los coches recorriesen la carretera y llevar a los bañistas en el autobús. Muchos pasaron a llamar entonces a Cantarriján 'la playa de los dos euros', por el precio de la lanzadera y muchos asiduos decidieron buscarse otra playa donde no hubiera que pagar. Esto provocó controversia entre los chiringuitos, que vieron menguados en un 30% sus ingresos, y los ecologistas, a favor de las medidas de conservación.
A día de hoy la situación está aceptada y tanto 'Bola marina' como la 'La Barraca' se centran en ofrecer lo mejor a sus clientes.