Detrás de la hija de José Luis Uribarri, de la novia de Darek y de la examiga de Ana Obregón se esconde una niña de los sesenta que creció viendo a su padre en la tele. Susana Uribarri es además propietaria y directora de Alfín Producciones, empresa en la que ejerce de implacable manager de Julio Iglesias Jr, Carolina Cerezuela, Chábeli Iglesias y Tamara Falcó, entre otros. Al cóctel hay que añadirle una buena dosis mediática, pues Susana también es famosa y a veces se asoma a '¡Hola!' para hablar de su relación de cuatro años con el joven modelo polaco. Que si se casan, que si no se casan... «De momento lo hemos dejado un poco aparcado -puntualiza-. Vimos el agobio que suponía juntar trabajo y preparativos y decidimos que la boda puede esperar».
Gran parte de la culpa del éxito profesional de Susana Uribarri la tiene Julio Iglesias. «Hay dos consejeros en mi vida -explica ella- mi madre, a la que adoro, y Julio». A Julio lo conoció de niña. «A veces iba a mi casa, antes de separarse mis padres». Pero fue a sus 19 años, en un viaje a Miami, cuando empezó la amistad. «Se me ocurrió llamarle, convencida de que no se acordaría de mí...». Pero se acordaba. «Coge el bañador y ven a mi piscina», fue lo primero que le dijo el cantante. Lo segundo: «Tú algún día trabajarás para mí». No se equivocaba. A principios de los noventa, Susana ejercía de subdirectora de contratación artística en Antena 3 cuando Julio la telefoneó: «¿Sigues unida sentimentalmente a España?». Y Uribarri, que acababa de romper con su novio, le dijo que no. Entonces Iglesias le hizo una oferta que no pudo rechazar.
«Creo que estaba escrito -concluye Susana-. Al final me convertí en su mano derecha. Durante los seis años que estuve con él hice el máster de mi vida. Sé que mucha gente ha acabado mal con Julio, pero no es mi caso. Él es un hombre exigente y muy poco transigente, pero gracias a eso aprendí muchísimo. Julio es adicto al trabajo y un gran hipocondriaco. Y a mí me contagió las dos cosas. En mi trabajo soy como la funeraria, no cierro nunca. Y luego siempre estoy imaginando enfermedades tremendas».
Pero hay vida más allá del archifamoso cantante y Susana rehízo la suya volviendo a la televisión. De su infancia recuerda a su padre asomado a la tele en el programa 'Aplauso' y aquellas veladas eurovisivas con su hermana y todos los amiguitos «haciendo quinielas». Nunca logró el nivel de aciertos del infalible José Luis. «Mi padre profesionalmente es un 'crack' -admite Susana-. Como padre no puedo decir lo mismo, pero no por nada sino porque cuando tus padres se separan siempre acaba faltándote algo. Tengo buena relación con él aunque le veo muy poco».
Para terror de Uribarri padre, la joven Susana quería ser cantante y actriz. Llegó a hacerle los coros a Bertín Osborne y a Paloma San Basilio, actuó en el teatro, participó en series... Hasta que un día decidió que su futuro estaba detrás de las cámaras. Ahora es su hija, de 11 años, la que quiere ser cantante. «Mi madre y mi hija -afirma Susana- son como mi alma. A la niña no puedo dedicarle las horas que merece, pero ella entiende que soy la que lleva el pan a casa».
El enfado de la Obregón
Recordar el tremendo enfado que tiene con ella Ana Obregón le entristece. «Eramos muy amigas. Pero yo no me siento culpable. Nunca la he traicionado. Ella y Darek terminaron y pasaron muchos meses hasta que yo empecé mi relación con él. Yo no iba detrás de Darek. ¡Para nada! No era el tipo de hombre con el que solía salir». A Obregón no la ha vuelto a ver. «No la iré a buscar -aclara-, pero estoy segura de que algún día tendremos una conversación y se dará cuenta de todo».
Fue enamorarse de Darek y perder los kilos que le sobraban. «Cuando abres un armario y ves que todo te queda bien, amaneces sonriendo», admite Susana. Mujer con fama de dura, por cuyas venas corre sangre vasca, castellana y eslava, Uribarri admite que por sus representados 'mata', pero aclara que su «papel de poli malo» es solo una pose consustancial a su oficio. «Rascas un poquito y tengo un corazón que se sale por las ventanas -advierte-. Voy de dura pero soy hipersensible».