La vida de este hombre ha estado llena de sustos a consecuencia de las explosiones. Tenía cuatro años cuando oyó al estruendo de una detonación en la fábrica de pólvora de Santa Bárbara en la que murieron tres personas. Unos pocos años después, estaba jugueteando en un cerro cuando escuchó el poderoso silbido de 10.000 cohetes que se dispararon todos al unísono. La columna de humo que provocaron los 2.000 kilos de pólvora quemados sobrepasó los 150 metros. También se acuerda de cuando una explosión en la fábrica de El Fargue mató a un hombre y otro resultó con graves quemaduras. Este hombre, que se llama Francisco González Arroyo, ha vivido casi toda su vida al lado de la fábrica de Santa Bárbara y ahora es el que más sabe de ella porque su tesis doctoral la ha dedicado a la historia de esta empresa que, según él, es de las más antiguas del mundo, «si no la más antigua», remacha. Una fábrica que, si nadie lo remedia, está tirando los últimos cartuchos de su existencia. La crisis y el que se haya globalizado tanto la fabricación de pólvora como la falta de guerras, permiten que esta empresa tenga mucho más pasado que futuro. El año 2014 es clave ya que, si no consigue un nuevo contrato, sólo queda la alternativa del cierre.
Francisco González sitúa los orígenes de la fábrica de pólvora y explosivos de Granada a finales del siglo XII o a comienzos del siguiente. Fueron los almohades los que trajeron al Reino de Granada y a la península ibérica el 'polvo de fuego'. En el alfoz de Granada montaron un artilugio a base de molinos que, con el agua de la acequia de Aynadamar, dedicaron a la trituración de tres elementos fundamentales para la elaboración de la pólvora: carbón, salitre y azufre, así como a las demás tareas de mezclas, cernido y clasificación. Estos molinos fueron a parar al patrimonio de los Reyes Católicos y los administrará el gobernador de la Alhambra, Íñigo López de Mendoza. Durante el reinado de Carlos III pasaron al Ministerio de Hacienda y en la Guerra de la Independencia fueron claves en el desarrollo del conflicto. Los mariscales invasores Shult y Sebastiani supieron calibrar y valorar aquellos viejos molinos de pólvora como garantes de un suministro tan necesario para sus objetivos que aumentaron la producción de 60.000 kilos anuales a 200.000. Pero si valorados fueron los molinos a la llegada de los franceses, dice Francisco González, mucho más lo fueron a su retirada, toda vez que entendieron que aquellas instalaciones puestas al servicio de los patriotas españoles podrían contribuir a su derrota en el territorio español. Por eso los molinos fueron arrasados y quemados. Pero ese mismo año de la retirada de los franceses, estaban otra vez funcionando.
Pasa a Artillería
Desde 1814 a 1850 la fábrica pasa a gestión privada y es explotada -en el sentido pacifista del término- por la empresa Cárdenas y Compañía. En el año 1850 el Cuerpo de Artillería se hace cargo de la fábrica y comienza una gran transformación que la llevará a ser una de las empresas punteras a nivel europeo y de reconocida fama en al ámbito de la pirotecnia mundial. Hay reformas importantes bajo la batuta de su primer director militar, Antonio Jacome y Villena, consistente en el desdoblamiento de algunas tareas de fabricación para evitar los accidentes y explosiones inesperadas entre los diferentes procesos de triturado, mezcla, prensado, secado y graneado. A finales del siglo XIX un polvorista destacado como el teniente Ricardo Aranaz e Izaguirre pone la fábrica de pólvora de Granada entre una de las más importantes del mundo en el sector de los adelantos pirotécnicos.
Entra el siglo XX y entra el futuro en la empresa granadina. Se fabrica la moderna pólvora de nitrocelulosa y sin humo. Si hasta ahora se fabricaban tres tipos de pólvora (la de salvas, la de caza y la de minas), a partir de entonces se comenzará a producir un amplio catálogo de productos orientados a las armas de fuego que los ejércitos de ese tiempo demandaban. Se marcaron unos ritmos de producción realmente importantes. La llamada pólvora negra pasa a ser una reliquia del pasado.
En estos tiempos llegó a elaborarse la llamada pólvora real, en homenaje a la visita que hizo Alfonso XIII a la fábrica en el año 1904. En esos años se amplía la fábrica y se pone en marcha una sección de explosivos en la que se fabrica trilita, tetralita y pentrita.
«Ni qué decir tiene que durante la Guerra Civil esta factoría representó un papel importante, tal vez definitivo en el desarrollo de la guerra, especialmente en la mitad del sur de España porque de esta planta salieron grandes cantidades de productos que tuvieron abastecidos al Ejército sublevado. Esta fábrica fue 'la niña bonita' de los que se levantaron contra el poder republicano», señala Francisco.
Durante el periodo de la guerra, casi 2.500 personas encontraron empleo directo en esta fábrica, personas que huían de la miseria y de la falta de trabajo. «También es cierto que casi 400 trabajadores que eran de izquierdas y que consideraban legítimo el gobierno republicano, fueron pasados por las armas cuando en Granada se hicieron poderosos los sublevados», dice Francisco González.
Finalizada la guerra, la producción bajó, como es lógico, y los esfuerzos se encaminaron a la reparación de talleres y maquinaria, que había sufrido un grave deterioro durante la contienda. Durante la II Guerra Mundial los ejércitos participantes hacían sus correspondientes pedidos a la fábrica granadina, que vivió uno de sus mejores momentos económicos.
En el año 1961 se crea la Empresa Nacional Santa Bárbara de Industrias Militares, dependiente del Instituto Nacional de Industria, con lo que la gestión pasa a un organismo de la Administración Civil del Estado y, consecuentemente, el estamento militar cesa en sus responsabilidades en la empresa.
Cabezas de guerra
Desde entonces la fábrica pasa por diversos avatares en los que tiene que ver la caída de la producción y el número de trabajadores. Los resultados negativos cuestionan su futuro. La pólvora y los explosivos tienen su decadencia en los periodos de paz, aún así se anuncia en 1998 a bombo y platillo la fabricación de 'cabezas de guerra' para misiles, lo que tuvo su correspondiente respuesta social. «Es una idea detestable. No es de recibo crear empleo a cualquier precio», dijo el portavoz de Izquierda Unida en Granada, Baltasar Garzón. Pero aquellos misiles no llega a fabricarse y en el año 2001 se hace cargo de la empresa la multinacional americana General Dynamics. Será en los años 2006 y 2007 cuando el Ministerio de Defensa español y Santa Bárbara firmen sendos contratos para suministrar 200 misiles 'spike', capaces de cambiar de objetivo en pleno vuelo para alcanzar un objetivo determinado.
En el año 2008 la empresa Santa Bárbara anuncia un amplio plan de reajuste que conlleva el despido de 43 trabajadores en Granada. Desde entonces los sindicatos temen que Santa Bárbara cierre en Granada por baja rentabilidad de su producción, sobre todo desde que se ha clausurado la planta de Santa Bárbara. Los recortes anunciados por el Ministerio de Defensa incluyen, al parecer, el presupuesto destinado a la fabricación de 300 vehículos y carros de combate (con una inversión de 1.300 millones), siendo la empresa General Dynamic Santa Bárbara un de los grupos interesados en su fabricación. Aunque no es la única ya que varias empresas internacionales aspiran a ese mismo contrato.
Los representantes de los trabajadores esperan con cierto entusiasmo la posible y próxima visita a Granada del actual ministro de Defensa, Pedro Morenés, para que pueda aclarar el futuro de este proyecto. El programa de fabricación de los 'spikes' finaliza en 2014, si Santa Bárbara no consigue el contrato para la fabricación de esos carros de combate, habrá quemado sus últimos cartuchos.